¿Cómo
le respondería al padre que le asegura que su hijo es guapo y que usted se
equivocó al llamarlo feo? Y para eso le muestra fotos de todas sus edades, los
premios ganados y las cartas de familiares, amigos y hasta de desconocidos que adulan
su belleza. A contrapelo, le dice por qué el hijo de usted sí es feo. Con datos,
pues.
A
la sazón, cómo haría usted para refutarlo y al mismo tiempo sostener su opinión.
¿Se atrevería acaso a hacer comparaciones para desmentirlo, aceptaría
humildemente su error o lo confrontaría con ocurrencias, aun así se traten nada
más de injurias?
Por
desgracia fue eso último lo que hizo Javier Jiménez Espriú, secretario de
Comunicaciones y Transportes, cuando José Antonio Meade Kuribreña hizo pública
cierta información para decirle al gobierno federal que fue una malísima
decisión cancelar el aeropuerto de Texcoco. Muy al estilo de su jefe, el
presidente López Obrador, el funcionario respondió con insultos.
Seguramente
muchos de los que vieron el intercambio de mensajes en redes sociales dirán
quién es José Antonio Meade para defender el NAIM, proyecto impulsado por su ex
jefe, el ex presidente Enrique Peña Nieto. Y es muy respetable la opinión que
tengan al respecto.
Sin
embargo, nadie hasta el momento ha podido comprobar su complicidad en algún
desfalco. Incluso no hay sobre él ni un solo señalamiento de enriquecimiento
ilícito o peculado. Y tal vez sea el único de esa gestión que no se manchó las
manos. O no tanto.
Su
fracaso en la carrera a la Presidencia de la República no se debió al
descrédito e incapacidad personales, sino más bien a la mala aura que le dio ser
integrante del gobierno más rapaz y corrupto del que se tenga memoria (el de
Peña Nieto) y haber sido el abanderado del execrable Partido Revolucionario Institucional.
Estoy
de acuerdo en que Meade no tiene madera de político, es tieso y sus discursos
no conmueven a nadie, pero si algo sabe es de números. Es un experto en
estrategias financieras. No por nada su larga y exitosa trayectoria en la
administración pública, y que haya ocupado en dos ocasiones y en dos
administraciones diferentes la Secretaría de Hacienda. En el ámbito
internacional coordinó la agenda económica del Grupo de los 20 (G-20). En 2013
la revista Foreign Policy lo reconoció como una de las 500 personas más
influyentes del mundo.
Por
otra parte, lo que sabemos del secretario Jiménez Espriú es que se tituló como
ingeniero mecánico electricista, que tiene una larga carrera pero académica y
que se desempeñó como secretario de Comunicaciones y Transportes durante el
sexenio de Miguel de la Madrid, ese gobierno desprestigiado por su inoperancia
ante el terremoto de 1985 y por la polémica sucesión presidencial de le dio el
triunfo a Carlos Salinas de Gortari mediante un pretexto eléctrico: la caída
del sistema.
De
ahí en adelante su currículum es insustancial. Su éxito no proviene de su
profesión, sino de sus empresas, pues es un empresario ligado al PRI que tuvo
importantes negocios con los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón, Salinas
de Gortari y Zedillo. Es alguien mucho más apto para cuestiones empresariales
que de administración pública.
LOS
NÚMEROS DE MEADE
Los
mensajes de José Antonio Meade comenzaron el 24 de diciembre, cuando escribió
que su deseo de navidad y año nuevo era que se “reflexione, rectifique, y la
obra se rescate”.
Luego,
el 27 de diciembre, Meade aseguró que el costo de cancelar el NAIM no se
compensaría con las dos pistas que se tienen planeadas construir en Santa
Lucía. Dice: “Expertos señalan que la pérdida de valor para México beneficia a
aeropuertos de Estados Unidos y de América del Sur. ¿No se prefieren que se
generen empleos y actividad económica en México?”.
Para
fundamentar su argumento proporcionó una serie de datos de por qué el aeropuerto
de Texcoco no sólo es viable, sino que también su operación aportaría el 6.0
por ciento del PIB.
El
viernes pasado, en un nuevo mensaje vía Twitter, el ex secretario de Hacienda
aseguró que la cancelación del NAIM le costará a los mexicanos 145 mil millones
de dólares. E igual que en sus pasados mensajes, facilitó información para
saber de dónde sacó dicha cantidad. (La explicación completa del cálculo puede
leerse en la siguiente liga: https://www.facebook.com/560965564045087/posts/1395828317225470?sfns=cl).
Ahí
fue cuando respondió Javier Jiménez Espriú. Reproduzco textual el mensaje: La
“enorme pérdida” -145 mMde USD- que el ex Candidato presidencial y Ex
secretario de HyCP, José Antonio Meade le asigna a la cancelación del NAIM, son
“las cuentas alegres de un hombre triste”. En lugar de aportar información para
contradecir a Meade, lo insultó.
Meade
le contestó: “Como millones (de mexicanos) quiero que le vaya bien al
presidente López Obrador. Por eso insisto. Lo hago con mesura, sin adjetivos ni
estridencias. El Colegio de Ingenieros Civiles de México coincide. Te
recomiendo leas el documento que te enviaron. Con el respeto y alegría de
siempre te deseo feliz año”.
El
documento al que hace referencia Pepe Meade dice en el primer párrafo de los
comentarios finales: Del análisis realizado por el Colegio de Ingenieros
Civiles de México se concluye que con la información disponible, la única
solución factible, viable y confiable, con todos sus retos por atender, es
continuar con la construcción del NAIM.
Y
NO ES EL PEOR DE LOS MALES…
Si
cree que la pérdida de 145 millones de dólares es lo peor, está equivocado. Pues
la estrategia de recompra de bonos ha sido un fracaso.
Los
tenedores nacionales e internacionales de dichos bonos, quienes además están
representados por bufetes neoyorkinos, saben que el gobierno mexicano está
contra las cuerdas y que cada día que pase podrían exigir todavía más por su
inversión inicial.
Algunos
hablan de multiplicar hasta por tres los seis mil millones de dólares, lo que
nos llevaría a una monstruosa cantidad de 18 mil millones, es decir, cinco mil
millones más que el costo total del aeropuerto de Texcoco, que ronda los 13 mil
millones de pesos. ¡Ridículo verdad!
Suponiendo
que se llega a un arreglo razonable con los tenedores de bonos, como un pago
total de 7 mil millones, a esa cantidad se tendría que sumar el costo de
demolición de la obra, que según especialistas estiman en por lo menos otros 3
mil millones de dólares. Eso nos acercaría nuevamente al monto original de 13
mil millones. Otra vez ridículo. Se estaría pagando por un aeropuerto que no se
construirá.
No
es todo. Hay un costo adicional tan gigantesco como incuantificable, por el
derribe de las actuales torres y edificios, que será un gran espectáculo
internacional que nos exhibirá como los grandes idiotas de la globalización:
será el show de la incapacidad, la improvisación y la incongruencia.
Por
otro lado, hay que agregar que las obras en Texcoco continúan porque detenerlas
significaría un “evento de incumplimiento” con efectos catastróficos para las
finanzas nacionales. Si no se encuentra una salida a ese enredo financiero, en
seis meses la obra estaría rebasando el 50 por ciento, pero destinada a ser el
más grande basurero de la historia.
Eso
mientras en el presupuesto de 2019 el gobierno de López Obrador ejercerá tres
mil millones de pesos más en mejoras para el actual aeropuerto de la Ciudad de
México, el de Toluca y en el diseño de Santa Lucía, que todavía no cuenta con
un proyecto integral.
EL
COSTO POLÍTICO
Meade
puso el dedo en la llaga y le dio al gobierno federal la gran oportunidad para
defender el proyecto de Santa Lucía y decir públicamente, con información y
números reales, por qué cancelar la obra de Texcoco fue una decisión acertada. Pero prefirió responder con el estómago y no
con el cerebro.
Algo
está claro: de acuerdo a los números, la administración de López Obrador lleva
todas las de perder en lo que se refiere al NAIM. Si cancela, pierde; si paga
los bonos a un sobreprecio, pierde; si sigue adelante con sus propios proyectos,
también pierde.
Pero
si decide continuar la construcción en Texcoco el único costo que tendría que
pagar es el costo político: el de los fanáticos que exigirán la promesa de
campaña de cancelar a cualquier precio. No obstante, una rectificación oportuna
será un signo de grandeza que millones de mexicanos le agradeceremos al
presidente. De lo contrario, todo acabará con las cuentas tristes de un hombre
necio. ¡Chao!
@_MarioCaballero
Lo que pada que es que no quieren aceptar su derrota,ya no saben comi atacar a la cuarta y si es cuarta transformación, les molests y les dá dolor de cabeza esta nueva forma d gobierno!
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