Qué
Juan Sabines Guerrero quiera volver a gobernar a Chiapas a través de su hijo
es, en cualquier circunstancia y en cualquier momento, una mentada de madre. Me
disculpo por la frase. Pero ¿cómo se atreve a intentar redefinir su legado
político después de haber encabezado el gobierno más corrupto y autoritario que
haya tenido el estado en toda la historia?
En
esta entrega trataré de describir quién es Juan Sabines, de dónde vino, cómo
ascendió al poder, cuál es la herencia de su mandato y, con ello, concluir que es
un político desacreditado, inmoral, infame, que el único patrimonio político que
puede legar a su descendencia es el más oscuro y solitario de los olvidos.
Hasta
el día de hoy se desconoce el verdadero lugar de su nacimiento y hay dudas de
peso sobre la legitimidad de su paternidad. Se dice que nació el 20 de agosto
de 1968 en la Ciudad de México, pero sin el reconocimiento de quien dice ser su
padre: Juan Sabines Gutiérrez, exgobernador de Chiapas de noviembre de 1979 a
diciembre de 1982.
Sabines
Gutiérrez decía que no era su hijo. Sin embargo, siendo en ese entonces un
político en ascenso que necesitaba del respaldo de priistas de primer nivel, terminó
reconociéndolo debido a la insistencia de la señora Patricia Clark, esposa del influyente
gobernador de Chihuahua Óscar Flores Sánchez (1968-1974), pero con la condición
de que él escogería el lugar de nacimiento.
Ese
fue el municipio Tepetlaoxtoc. Ahí recibió la paternidad Juan José Sabines
Guerrero. En el acta aparecen como sus padres Juan Sabines Gutiérrez y María de
los Ángeles Guerrero, quienes nunca vivieron en ese pueblo perdido del Estado
de México.
No
es todo. La madre del recién reconocido firmó como María de los Ángeles Guerrero
“de Sabines”, cuando nunca hubo tal, pues años antes el ex mandatario había
contraído matrimonio con la señora Natalia Venegas, una mujer mucho mayor que
él con quien tuvo dos hijos, uno adoptado al que llamó Carlos y le dio su
apellido, y Josefina Sabines Venegas.
La
estafa no acaba ahí. Hay rumores de que Sabines Guerrero tiene otra acta de
nacimiento que lo hace originario de Pijijiapan, municipio de la costa de
Chiapas. Y él mismo dijo en una entrevista que había nacido en Tuxtla
Gutiérrez.
Por
lo tanto, caemos en la cuenta de que el exgobernador tiene cuatro lugares de
nacimiento y una paternidad que nunca fue aclarada.
ASCENSO
AL PODER
Cuando
Juan Sabines Guerrero y su familia llegaron a Chiapas en 1998 no tenían amigos
en el estado, ni dinero, mucho menos respaldo político. El hijo del querido y
respetado exgobernador Juan Sabines Gutiérrez, era un completo desconocido que
vino invitado por el priista Sami David David, supuestamente para ocupar el
puesto de subdelegado estatal del Instituto de Seguridad Social al Servicio de
los Trabajadores del Estado (Issste).
Pero
al no lograr el cargo, su madre le pidió ayuda al profesor Manuel de la Torre,
quien en primera instancia accedió a darle alojamiento y comida a Sabines, a la
esposa de éste y a sus tres hijos.
De
la Torre fue presentando a Sabines Guerrero con la clase política y pudiente
del estado, quienes se cooperaban para pagarle las cuentas y los gastos de su
familia. Incluso fue él quien le pidió el favor a José Antonio Aguilar Bodegas,
entonces presidente del PRI estatal, para que le diera un trabajo en el
partido. De esta manera, el júnior Sabines fue nombrado líder municipal de la
Fundación Luis Donaldo Colosio.
En
2001, Juan Sabines intentó ser candidato a la presidencia municipal de Tuxtla
Gutiérrez, pero sin nada qué ofrecer el priismo optó por Julio García Cáceres,
exalcalde con arraigo y muy popular que terminó perdiendo ante la panista
Victoria Rincón Carrillo.
La
candidatura a la diputación local del PRI la obtuvo con el apoyo de Pablo
Salazar Mendiguchía, en ese momento gobernador del estado, quien fue muy
espléndido con Sabines en agradecimiento por los favores que recibió de su
padre Sabines Gutiérrez cuando el ex mandatario fue un fuerte promotor de
equipos de fútbol y basquetbol a nivel profesional en Chiapas.
También
la candidatura a la alcaldía tuxtleca la obtuvo por el respaldo de Salazar
Mendiguchía, quien en la noche de la elección de julio de 2004, en Casa de
Gobierno, mostró gran regocijo ante sus colaboradores por el triunfo de
Sabines. Muchos de los presentes se sorprendieron porque pensaban que el apoyo
sería para Juan Carlos Cal y Mayor Franco, del PAN, ya que éste había sido un
operador político muy útil en su campaña a la gubernatura. Pablo dijo: “Ese
triunfo es mío y para mí”.
LA
GUBERNATURA
Por
supuesto que Juan Sabines Guerrero debía buena parte de su súbito éxito a su
famoso apellido, pero sin duda una parte importante se lo debía a quien puede
considerarse su padre político: Pablo Salazar.
Sabines
fue un pésimo y desastroso alcalde en el corto tiempo que desempeñó el cargo. Sin
tampoco haber concluido su periodo como diputado local, asumió la presidencia
municipal sin tener el mínimo conocimiento sobre las necesidades más sentidas
de la población, sin experiencia en la administración pública y carente de un plan
y de acciones de gobierno. Tan sólo se dedicó a hacer amarres políticos,
dilapidar recursos, traficar influencias y, finalmente, utilizó el puesto como
trampolín para llegar a la gubernatura.
El
proyecto “Agua para todos, todos los días”, fue una tapadera de corrupción.
Durante el año y tres meses que dirigió al Ayuntamiento, se la pasó lanzándole
alabanzas y loas a Salazar. Incluso no nombró a ninguno de sus colaboradores hasta
recibir la aprobación de Pablo.
Antes
de abandonar la alcaldía para buscar la candidatura al gobierno del estado,
colocó a su gente de confianza para tapar sus actos de corrupción y nepotismo,
por ejemplo, Rosario Pariente Gavito, quien lo sustituyó en la presidencia y
que supuestamente le ayudó a desviar recursos del erario tuxtleco para
financiar su campaña política de 2006.
Aunque
ahora lo niegue, Sabines también le debe la gubernatura a Pablo Salazar. Porque
cuando fue desechado del PRI, Salazar fue quien negoció su postulación por el
PRD con Jesús Ortega, Jesús Zambrano y Carlos Navarrete. Inclusive contaron con
el voto más importante del perredismo en ese momento, el de Andrés Manuel López
Obrador.
Pablo
favoreció toda la campaña de Sabines con recursos, vehículos y personal del
Gobierno del Estado. Se dice que hasta le prestaba el helicóptero oficial. Su coordinador
de campaña y principal operador político fue Amador Rodríguez Lozano, el priista
tijuanense enviado por Salazar que es conocido por ser un mapache electoral y exalumno
del mapache más grande el PRI: César Augusto Santiago.
El
fraude electoral fue mayúsculo. Durante la campaña no sólo hubo compra de votos
y un uso desmedido de recursos financieros. Pues el día de la elección, algunas
personas vieron a Mariano Herrán Salvatti en las instalaciones del IEPC
cambiando urnas repletas con votos a favor de Juan Sabines.
LAS
TRAICIONES
En
el marco de su último informe de gobierno, Pablo Salazar pidió al pueblo
chiapaneco apoyar a su sucesor: “¡Ayúdenle! Denle fuerza sin regateos. Háganlo
su líder hasta que logren, al final de la jornada, que Juan Sabines Guerrero se
convierta en el mejor gobernador de Chiapas”.
El
8 de diciembre de 2006, Sabines Guerrero tomó protesta como gobernador. Y lo
primero que hizo fue traicionar a todos los que antes le tendieron la mano.
A
Manuel de la Torre, quien le dio de comer y lo impulsó cuando apenas llegó a
Chiapas, lo envió a prisión a los ocho días de haber asumido el poder
acusándolo de atentados contra la paz y la integridad corporal y patrimonial de
la colectividad y del estado. En realidad, el delito de De la Torre era haber
sido operador político de su contrincante José Antonio Aguilar Bodegas.
A
Aguilar Bodegas, quien le dio su primer empleo en Chiapas, lo acusó de asociación
delictuosa y operaciones con recursos de procedencia ilícita, y hasta de
intento de homicidio de uno de sus comunicadores a sueldo, pero sin tener
ningún fundamento. Terminó esa persecución política girando contra el ex
priista una ficha roja de la Interpol.
A
su mayor benefactor, Pablo Salazar, también lo encarceló junto con siete de sus
más cercanos ex colaboradores, como Mariano Herrán y Alfredo Palacios, éste
último fungió como secretario de Educación. Al menos cincuenta funcionarios del
pabliato huyeron del estado.
Mañana
hablaré de lo que fue su gobierno. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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