Entendamos esto: que el gobernador intervenga en los asuntos públicos que ocurren en el estado no sólo es lo más propicio

 Sino es su responsabilidad; en cambio, que un exgobernador aparezca en la escena pública colgándose de los temas cruciales de Chiapas, es vil oportunismo: reflejo de su hambre por obtener la atención.


Los exgobernadores Patrocinio González Garrido, Roberto Albores Guillén y Juan Sabines Guerrero, si en verdad dicen que quieren lo mejor para Chiapas, entonces deberían mantenerse al margen de los asuntos.



Esto no es ninguna censura a sus libertades y derechos, sino una exigencia a que sean congruentes. Deberían entender aquella regla no escrita que establece que una vez que concluyeron su ciclo no son más que piezas de museo.


Porque para la buena salud de Chiapas, lo deseable sería que Patrocinio dejara de exhibir en los periódicos su vida matrimonial o de aparecer públicamente recibiendo galardones por su supuesta contribución a la sociedad, ¿a quién podría interesarle? Menos todavía cuando lo único que se quiere saber de él es que le haga frente a la justicia por las muchas muertes que hubo durante su gobierno.


También sería deseable que Albores Guillén dejara de tomar de pretexto lo que pasa en el estado para hacerse notar. Pues en primera y última instancia sus opiniones en la prensa sobre el tema de Los Chimalapas se entienden como una manera desesperada por allanarle el camino a su hijo.


¿Y qué decir de Juan Sabines Guerrero, que en días recientes utilizó las redes sociales para emitir una especie de comunicado tratando de exculparse por la tragedia de Los Chimalapas? A todos nos queda claro que si él no hubiera cometido la arbitrariedad de crear un municipio violando las leyes e invadiendo terrenos oaxaqueños, los habitantes de esa región hoy vivirían en paz y tranquilidad.


Pero si son tantas las ganas que tienen estos exgobernadores por hacer algo por el estado, mejor que rindan cuentas por lo que hicieron o no hicieron cuando tuvieron el poder, en lugar de hacerse los aparecidos recibiendo reconocimientos o dando opiniones que nadie les pidió.





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