Surge la necesidad de hablar sobre la seguridad de los niños en las escuelas y no precisamente por el contagio. Es sabido que tanto en las escuelas públicas como privadas han ocurrido casos de violación de menores por parte de los maestros.
En 2016, se contabilizaban nueve denuncias por violación en promedio cada año. Posiblemente eran más, ya que los sindicatos magisteriales, contando con la complicidad de una que otra autoridad, han hecho de todo por ocultar los delitos y proteger a los maestros violadores.
Este fenómeno es muy similar al de los sacerdotes pederastas, a los que la propia Iglesia protege cambiándolos de parroquia. Tal fue el caso del profesor Luis Olivares, quien durante su estancia en la escuela Héroes de Nacozari, en San Cristóbal de las Casas, fue acusado por la violación de una niña de siete años, y en lugar de ir a la cárcel simplemente fue removido a otra institución en el mismo municipio.
Incluso ahora, en tiempos de pandemia, los casos de acoso sexual en contra de alumnas de secundaria y preparatoria han sido frecuentes a través de las clases virtuales.
¿Qué están haciendo en la Secretaría de Educación en el estado para evitar que esto siga sucediendo? Mejor aún, ¿dejarán los sindicatos de proteger a los docentes violadores?
Esta es la hora propicia para que gobierno, maestros y padres de familia trabajen en conjunto para crear las condiciones de seguridad, protección y de respeto al derecho de la niñez y adolescencia a tener una vida plena.
Porque un niño merece lo mejor de nosotros. Son el presente y el futuro de nuestro país.

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