A cada cosa, su nombre. La candidatura de Felipe Granda Pastrana por Morena es incongruente y oportunista. Incongruente porque se trata de la postulación de un personaje que contradice los ideales del partido y que desde hace años se consideró enemigo del movimiento y del propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Oportunista porque el ahora candidato a diputado local no busca darle continuidad a la Cuarta Transformación, sino solamente alimentar sus intereses personales.
Por otra parte, no cumple con el pensamiento de “no mentir, no robar, no traicionar”, mucho menos con las expectativas. Para el colmo, no trabajó en la construcción de la institución que se ganó a base de propuestas y buenas razones la confianza de los ciudadanos.
Granda se dice político, pero es ante todo un empresario. Su padre inició el negocio vendiendo telas en los mercados públicos de la capital y ahora él es propietario de todo un emporio empresarial, con distintos giros comerciales. Cabe mencionar que es dueño de la plaza Galerías Boulevard, uno de los centros comerciales más grandes de todo el estado. Aparte tiene otra muy similar en la ciudad de Tapachula.
Así como es clara su ambición en los negocios, en la política ha sido manifiesta su falta de congruencia e ideología. Estuvo un largo tiempo en el PAN, pero al ver frustradas sus ambiciones simplemente cambió de partido. En el Partido Verde tampoco logró imponer sus caprichos, y se salió. También probó fortuna en Mover a Chiapas, en donde los cuadros se negaron a apoyarlo dada su fama de arribista.
Pero a pesar de ser un político antipático y nada confiable ha logrado sacar buenas ganancias durante los muchos años de participar en la política. Nadie podrá negar que su mayor éxito lo obtuvo a través de su relación con el exgobernador Juan Sabines Guerrero, con quien se rumora hizo todo tipo de negocios, como la adjudicación de terrenos -según propiedad del Gobierno del Estado- y hasta puestos en la administración pública.
En 2012, Granda fue alcalde interino de Tuxtla Gutiérrez tras la solicitud de licencia de Yassir Vázquez Hernández, quien se vio obligado a abandonar el cargo por la puerta trasera.
En marzo de 2013, el Órgano Superior de Fiscalización del Congreso del Estado informó de diversas irregularidades en el proyecto “Qué viva el centro”, proyecto estelar de Vázquez Hernández. La instancia fiscalizadora descubrió que había recursos improcedentes por arriba de los 250 millones de pesos, que eran fondos prestados por Banobras. Entre las principales anomalías figuraban la alteración de comprobantes, falta de facturación y contratos pagados, pero inconclusos.
La gestión de Granda Pastrana, que duró pocos meses, fue duramente cuestionada por su desinterés hacia las necesidades de la población y por la evidente complicidad con Roque Morales Santiago, líder del sindicato de trabajadores del ayuntamiento. Se dijo que le había entregado al dirigente sindical un cheque por un monto de 360 mil pesos a cambio de que éste promoviera plazas para sus allegados y más cercanos colaboradores.
Además, les dio la espalda a los empresarios. Se dijo que les pidió el diez por ciento para pagarles las deudas contraídas con el gobierno de Yassir.
En 2015, logró colarse como regidor de Tuxtla Gutiérrez por la alianza de partidos PRI-PVEM. Pero, de nueva cuenta, en lugar de priorizar los intereses colectivos antepuso los propios.
Hemos de recordar que en diciembre de
2015 el Congreso del Estado realizó una serie de modificaciones a la Ley de
Obra Pública en la que se contemplaba el no cobro de estacionamiento en las
plazas comerciales. Esas mismas reformas fueron aprobadas por unanimidad del
Cabildo de Tuxtla el 13 de mayo del año siguiente, y para el 17 del mismo mes todas
las plazas ya estaban avisadas de la gratuidad en los estacionamientos.
¿Qué hizo Felipe Granda? A pesar de que él había aprobado la beneficiosa medida, se amparó para que en sus plazas comerciales siguiera cobrándose el uso del estacionamiento. ¡Vaya congruencia del señor!
ANTIAMLO
Y ANTIMORENA
En la elección pasada, por ejemplo, fue aliado de los candidatos del PRI. Y de eso hay constancia por una publicación que colgó en su cuenta de Facebook el 31 de enero de 2018, en la que dijo: “Acompañé a mi amigo Roberto Albores Gleason, precandidato a la gubernatura del estado de Chiapas, a un encuentro con delegados municipales del Partido Revolucionario Institucional del Comité de Tuxtla Gutiérrez, convencido estoy de que este es el mejor proyecto para el estado de Chiapas”.
El desprecio hacia López Obrador viene desde el 2016. Ese año, compartió una nota del escritor Francisco Martín Moreno en la que señalaba a AMLO de ser un peligro, un inadaptado, un pendenciero, un ladrón y mentiroso. Lo mismo hizo con las acusaciones del exgobernador de Veracruz Miguel Ángel Yunes, quien decía que el tabasqueño recibía dinero de Javier Duarte.
También su esposa, Patricia Corzo, le hizo segunda voz en las difamaciones. Apenas en 2020 apoyó las convocatorias del Frente Nacional AntiAMLO (Frena) en Tuxtla Gutiérrez. Dijo en sus redes sociales: “Ojalá que se vaya AMLO y Morena también, no nos vayan a querer dejar a Monreal. La ineptitud de primero y la voracidad del segundo son preocupantes”.
En fin, Morena y sus líderes todavía están a tiempo de rectificar. Bajar de la candidatura a Felipe Granda no será visto como debilidad, sino como un acto de congruencia, de respeto a los postulados del partido, de lealtad a la militancia y por supuesto eso abonaría a su credibilidad.
¿Rectificarán o seguirán empeñados
en privilegiar a un consumado antimorenista?

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