No
podemos soslayar la decisión del gobernador Rutilio Escandón de adherirse al
acuerdo nacional propuesto por el presidente Andrés Manuel López Obrador en el
que pide a los gobernadores comprometerse en no intervenir en las elecciones de
junio.
Hay muchos factores que analizar en este acuerdo, pero comencemos por lo más importante: es un pacto que pretende proteger la democracia y la voluntad del pueblo. Aquí no puede haber medias tintas. Los actores democráticos deben demostrar, en las palabras y en los hechos, un deber inquebrantable con las reglas democráticas.
No
se debe permitir que participen en las elecciones aquellos que no respetan la
democracia y sus principios. Como muchas veces ha sucedido en que los
gobernadores, abusando del poder, alteran las elecciones con dinero sucio,
manipulando las instituciones y metiendo recursos del estado para favorecer las
campañas de sus candidatos afines, o bien, dirigiendo campañas de desprestigio contra
los candidatos de la oposición.
Que
el gobernador Escandón Cadenas se haya sumado al acuerdo para garantizar
elecciones legítimas y transparentes importa mucho porque la democracia tiene
muchos problemas. Ahora mismo, aquí en Tuxtla Gutiérrez, podemos ver que no
pocos aspirantes a la presidencia municipal se están brincando las leyes para
hacer proselitismo antes del arranque oficial del periodo de campañas. Como un
empresario escuelero que le ha ordenado a una legión de muchachas y muchachos repartir
de casa en casa gel antibacterial y cubrebocas con su nombre impreso.
Situaciones
como esa ha provocado que muchos ciudadanos se sientan excluidos y enojados,
pero bien lo dijo Churchill: la democracia es el peor sistema de gobierno con
la excepción de todos los demás. Así que, hay que defenderla.
En
el Acuerdo por la Democracia, que al momento de redactar este texto son ya 25
los gobernadores que lo han firmado, los mandatarios se comprometieron a no
apoyar a ningún candidato de ningún partido político, a no permitir que el
dinero público sea utilizado con fines electorales y a denunciar la entrega de
dinero del crimen organizado o de criminales de cuello blanco para financiar
campañas políticas.
También
se han obligado a impedir la compra de votos y que los políticos lucren con la
pobreza de la gente, a denunciar a los “mapaches” electorales, a evitar el
acarreo, el relleno de urnas, la falsificación de actas y todas las demás
trampas de las que por años se han valido muchos gobernantes para llegar, retener
o heredar el poder.
EPISODIOS
EXECRABLES
Como
me hubiera gustado que los anteriores gobernadores hubieran hecho un compromiso
de esta magnitud en defensa de la democracia. Quizá hoy las instituciones y
autoridades electorales gozarían de una mayor credibilidad; quizá muchos más
representantes del pueblo pudieron ser nombrados de manera legítima; quizá el
abstencionismo pudo haber sido menor; quizá miles de millones de pesos hubieran
sido utilizados para lo que fueron destinados y no convertidos en basura
electoral; quizá –y sólo quizá- los fraudes electorales hubieran recibido el
castigo que merecían.
Digámoslo
con todas sus palabras: la falta de un pacto que (en donde estuviera incluido desde
el gobernador del estado hasta el funcionario de más bajo rango) buscara garantizar
la legalidad de las elecciones provocó fraudes y la constitución de malos
gobiernos.
Pablo
Salazar fue denunciado por ser el principal desestabilizador del proceso
electoral de 2006. Lo acusaron de haber utilizado a las instancias electorales
como el entonces Instituto Estatal Electoral y la Contraloría de la Legalidad
Electoral, por las que a través de sus titulares dirigió la operación fraudulenta
con la que logró favorecer a Juan Sabines Guerrero.
Recordemos
que ese año Sabines se presentaba como el candidato oficial. No fueron pocos
los rumores de que Salazar Mendiguchía había dispuesto de dinero, personal,
vehículos y hasta del helicóptero del gobierno para que Sabines hiciera
campaña.
Memorable
será la imagen del desaparecido Mariano Herrán Salvatti que fue captado en una
bodega rellenando y cambiando urnas con votos a favor de Juan Sabines. Lo que
resultó de ese fraude fue un gobernador corrupto, vicioso, que endeudó al
estado, que agravó la crisis gubernamental y que terminó por meter a la cárcel
a su mayor benefactor: Pablo Salazar.
Sabines
Guerrero también utilizó las instituciones electorales para imponer a
presidentes municipales y conformar un Congreso a modo, del que se valió para
que le autorizaran todo tipo de iniciativas de ley y los préstamos que le dio
la gana.
En
2010, intentó promover una reforma electoral con la que pretendía cancelar las
elecciones de ese año, pero que también le daba la posibilidad de dejar que los
diputados siguieran en sus puestos y que él se encargara de designar a todos los
alcaldes. Se quería convertir en un monarca. Pero gracias a las impugnaciones
de diversos personajes dicha reforma se malogró.
Antes,
en 2007, uno de los excandidatos a la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez denunció
fraude en la elección y señaló directamente a Amador Rodríguez Lozano, entonces
asesor político de Sabines Guerrero y la persona que operó bajo las órdenes de
Pablo Salazar la “estrategia” que llevó a éste a ganar la gubernatura en 2006.
Ese
excandidato era Bayardo Robles Riqué, quien dijo que Rodríguez Lozano también
había obligado a los miembros de las cámaras empresariales a firmar un
documento en el que le pedían al PRI y a su candidato a reconocer el triunfo
del candidato sabinista. Sin duda, esa elección fue una burla en contra de los
ciudadanos, de la democracia y de las instituciones.
En
el proceso electoral de 2015, en el que se eligieron 41 diputados locales y 122
presidencias municipales, se cometió uno de los atropellos más dolosos a la
voluntad popular, pues tres de los entonces consejeros electorales, en presunta
complicidad con funcionarios del gobierno de Manuel Velasco Coello, excluyeron
a miles de chiapanecos del listado nominal y los hicieron aparecer como
residentes de Uganda, Croacia, Eslovaquia, Cabo Verde, Suiza, entre otros, con
tal de que sus votos fueran a favor del candidato migrante, que era del PVEM.
En
los mismos comicios se presume la utilización del aparato gubernamental sin el
cual el candidato de la alianza del PVEM, Fernando Castellanos Cal y Mayor, no
hubiera ganado la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez.
POR
LO FUNDAMENTAL
Hay
que reconocer la convocatoria del presidente López Obrador por defender la
democracia. Espero que todos los gobernantes aprendan de la historia y condenen
a los que son desleales con la democracia, de la que no tengo la menor duda que
es el mejor sistema de gobierno de todos.
También
se aplaude la entereza del gobernador Rutilio Escandón que al hacer un pacto
con el presidente también está acordando con la sociedad chiapaneca de poner
todo su esfuerzo por que en las próximas elecciones el pueblo pueda elegir con
libertad y su voluntad sea respetada.
Insisto:
debemos defender la democracia porque a través de ella logramos lo fundamental:
haber podido cambiar los gobiernos durante 20 años, permitiendo una serie de
alternancias en todos los niveles, comenzando por la Presidencia de la
República.
yomariocaballero@gmail.com

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