Sucedió hace unos días. Un pequeño grupo de pvemistas, al parecer encabezados por Víctor Ortiz del Carpio, se presentó en las instalaciones estatales del PVEM para exigir respeto a sus derechos partidistas, que –según ellos- han sido vulnerados deliberadamente.
Hicieron oficial su reclamo mediante un documento que dirigieron a Valeria Santiago, dirigente estatal del partido. En éste manifiestan su rechazo a la presunta imposición de Omar Molina Zenteno, diputado local por el partido Mover a Chiapas, a quien acusan de haber obtenido la candidatura del PVEM a la diputación federal por el Distrito 2, con cabecera en Bochil, a través de un conflicto de interés.
Aseguran
que Carlos Molina Velasco, delegado nacional de Morena, está detrás de la
nominación de Molina Zenteno, ya que resulta que éste es su tío.
Por
tanto, censuran la decisión de haber entregado la candidatura a un político
ajeno a la militancia. Palabras más, palabras menos, piden que esa candidatura
sea entregada a un verdadero cuadro, leal al Partido Verde. Y proponen que sea Roberto
Jordán Aguilar Pavón, actual alcalde de Ixtapa, el que asuma dicha postulación.
Este
grupo describe a Aguilar Pavón como un político sin dobleces, íntegro, de
buenos resultados, que al contar con el respaldo absoluto de las bases se
convierte en el que más posibilidades tiene de ganar los votos para el PVEM por
ese distrito electoral.
Por
último, sentencian que en el caso de no ofrecerle la candidatura a Roberto
Aguilar Pavón, se irán del partido. Provocando una huida en desbandada que pondrá
en aprietos al Partido Verde en los próximos comicios.
Esta
historia sería interesante, sino fuera una falacia. Los elementos que la
componen la convierten en un excelente drama político, pero no es más que un
vil chantaje. Además, ridículo. Los argumentos de este puñado de pvemistas dan
risa no sólo por increíbles, sino también porque exigen respeto siendo
autoritarios.
EL
FONDO DE LA FALACIA
En
épocas electorales este tipo de situaciones son normales. Incluso, enriquecen
el debate público. En lo personal, me encanta que estos episodios aparezcan porque
permiten a los votantes ver cómo sale a la superficie todo el estiércol de la
política. Aclaro, desde luego, que este suceso, como el caso antes visto, me
asquea, pero prefiero enterarme de la verdad que vivir en la ignorancia.
El
asunto de los “verdes” es una extorción a todas luces. Para empezar, amenazan a
la dirigencia estatal del partido con entorpecer el proceso. La advertencia de
abandonar la militancia si no les conceden la candidatura para Aguilar Pavón,
es precisamente eso.
Para
terminar, buscan hacer presión a sus demandas a través de la descalificación y
la infamia hacia personajes de renombre.
Este
grupo está aplicando aquello de que si quieres obtener grandes ganancias,
apunta bien alto. Por eso están difamando a Carlos Molina Velasco, quien es en
este momento uno de los actores sobre el cual pesa una enorme carga de
responsabilidad política en el partido Morena. A la verdad, no existe nada más
patético que colgarse de la reputación de otros para ganar puestos políticos.
Carlos
Molina es un joven al que le costó mucho esfuerzo llegar a la posición que
actualmente ocupa. Como suele decirse en la política, es de esos que arrastró
el caite y sudó la camiseta.
Tiene
una profunda convicción democrática. Respeta la legalidad y posee una genuina vocación
por el servicio a los demás. Y entre los propios morenistas es uno de los que
está más convencido de que la lucha que hace su partido por la transformación
del país es legítima y necesaria. En estos tiempos en los que existe en la
sociedad un sentimiento bastante generalizado de desconfianza hacia los
políticos, Molina Velasco goza de una carrera política intachable.
Por
todo ello, y por los años de fructífero trabajo político, recibió la encomienda
de fortalecer las acciones de movilización, defensa del voto, organización y unidad
de la militancia.
Por
eso mismo es ridículo que ese grupo de pvemistas lo acuse de utilizar sus
influencias para beneficiar a sus familiares. Sobre todo, cuando él ha buscado poner
el piso parejo para todos los aspirantes de su partido, en un marco de equidad,
honestidad, concordia y transparencia. En el que se respete la decisión del
pueblo. Y las acciones de su parte son incontrovertibles.
Por
otro lado, ¿quiénes son los que están detrás de las acusaciones y los que demandan
la candidatura para Roberto Jordán? Vaya, ¿de qué méritos goza Roberto Jordán
para que sea designado candidato a esa diputación?
Víctor Ortiz del Carpio, quien se ha mostrado hasta ahora como el vocero de este grupillo, es un viejo expriista que ha vivido de la política desde la década de los setenta. Bajo las siglas del PRI fue dos veces diputado local, una vez diputado federal y presidente municipal de su natal Huitiupán. Disfruta de una vida llena de lujos, bastante cómoda para él que apenas tiene estudios de secundaria.
Nada
más para ilustrar su historial de corruptelas, tiene en su haber la
averiguación previa número 253/09, en la que es acusado de fraude, asociación
delictuosa y otros cargos. Pues en 2008, a través de la organización denominada
Coordinadora Estatal Campesina, estafó a alrededor de una docena de personas a
las que les ofreció la gestión de viviendas a cambio de que le entregaran 6 mil
pesos cada una. Pero nunca gestionó nada.
Por
otra parte, Roberto Aguilar Pavón, quien desempeña por segunda ocasión la
presidencia municipal de Ixtapa, ha sido acusado de malversación de recursos,
peculado, abuso de autoridad y enriquecimiento ilícito.
En
los primeros meses de su segunda gestión municipal, enfrentó una marcha de
miles de pobladores que le exigían el pago de más de 105 millones de pesos de
diferentes fondos estatales y federales, los que supuestamente utilizaba para
controlar a autoridades ejidales, pagar aviadores y en la adquisición de nuevas
propiedades para su familia.
Le
apodan “El Júnior” por ser hijo de un prominente cacique de la zona, quien
movió sus influencias para que él ganara la alcaldía en 2015 y se reeligiera en
2018. A todo esto, durante su primer periodo fue señalado de dejar obras
inconclusas, permitir que grupos armados infundieran el terror en las
comunidades, desviar el presupuesto de 140 millones de pesos de obras de
infraestructura y gobernar desde Tuxtla Gutiérrez, donde realmente vivía y
gastaba infames sumas de dinero en antros y centros de vicio con amigos y
familiares.
No
es todo. Aparte de ser intolerante a la crítica, como lo demostró el 31 de mayo
de 2019 cuando ordenó la detención arbitraria y violenta de Oquil Palé, una
persona que vende periódicos para ganarse la vida, Roberto Jordán Aguilar ha
sido acusado de tomar decisiones al margen de la ley y realizar a escondidas las
sesiones de Cabildo en una quinta de su propiedad llamada “El Cielito”.
Por
ello, si alguien merece ser candidato a la diputación federal por el Distrito 2
de Bochil, no es él.
NO
QUEDA DUDA…
Por
lo antes descrito, no queda duda que es un chantaje. Una simulación. Lo más
triste es que los dizque leales pvemistas buscan ganar por medio de la
intimidación y la injuria, lo que no pueden con propuestas y proyectos en el
terreno político.
yomariocaballero@gmail.com

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