Son patéticos los cuestionamientos, más bien el chantaje, de Roberto Albores Guillén y su hijo a la dirigencia nacional del PRI. Los motivos de su crítica denota el nivel que han alcanzado en su arrogancia. Parecería que no hay en ellos oficio político, sino puro y vil interés.
Pues sus detracciones al dirigente Alejandro Moreno por la asignación de las candidaturas plurinominales no son reflejo de integridad y de verdaderos principios democráticos, porque no los tienen: es doble moral.
El que no conozca la conducta sempiterna de los Albores podría creer el cuento que ellos cuentan. Incluso, podrían considerar sus alegatos como auténticas demostraciones de convicción ideológica y de defensa de la democracia partidista.
Sin embargo, si hoy han puesto el grito en el cielo es porque Roberto Albores Gleason, excandidato a la gubernatura de Chiapas, no salió en la lista de las plurinominales. Tan sólo eso.
¿LO MERECÍAN?
Por alguna extraña razón al exgobernador Roberto Albores Guillén le gusta que lo llamen satanás. Tanto él y su hijo creían que por tratarse de ellos merecían un espacio entre las candidaturas plurinominales. Pero al no ser tomados en cuenta comenzaron con las pataletas. ¿Cuál hubiera sido su actitud en caso de salir beneficiados? El silencio.
El primer cuestionamiento es: ¿qué compromiso tenía Alejandro Moreno con ambos? Ninguno. El líder nacional de los priistas concedió las “pluris” a aquellos que arrastraron el caite, que caminaron con él en la campaña interna, que recorrieron el país buscando el apoyo de las bases, que trabajaron pues.
Albores Gleason, en cambio, se alejó del proyecto del hoy presidente nacional del PRI. Justificó su distanciamiento con estar estudiando una maestría en Harvard. Sí, en una de las universidades más prestigiosas y a la vez más caras del mundo. A la sazón, ¿merecía una plurinominal? Claro que no.
Además, el alegato del padre de que por su estructura política Alejandro Moreno ganó en Chiapas, es ridículo y falso.
En primer lugar, esa estructura se acabó. Los “alboristas” desaparecieron. A penas Albores Gleason perdió la elección de 2018, huyeron a otros partidos políticos.
Por ejemplo, Hugo Pérez Anzueto, al que el júnior quiso imponer en la dirigencia estatal del PRI en su sustitución, salió corriendo al partido Chiapas Unido. Y Jorge Constantino kanter renunció al tricolor en 2018 y ahora mismo busca ser candidato de MORENA a la presidencia municipal de Comitán. Por mencionar dos de los casos más reconocibles.
En pocas palabras, los Albores y su “estructura” le fallaron a Alito. Después de que lo abandonaron, ahora resulta que le reclaman prebendas políticas. Eso, en buen español, se llama incongruencia.
MORALINA
Los Albores, padre e hijo, deberían saber que entre la integridad ética y la doble moral hay un abismo.
Lo que hoy consideran una incongruencia política, es lo que ellos hicieron durante varios años.
¿A poco ya no se acuerdan que el partido estuvo literalmente secuestrado durante el periodo que Roberto Albores Gleason ostentó la dirigencia estatal del PRI en Chiapas? ¿Ya no recuerdan que en 2018, con la aquiescencia de Enrique Ochoa Reza y Aurelio Nuño, repartieron las candidaturas plurinominales a su antojo y a beneficio personal?
Ellos, los Albores, y nadie más, privilegiaron a todos sus allegados con candidaturas legislativas, por regidurías, presidencias municipales, cargos partidistas, etcétera. Como a José Antonio Albores Trujillo, mejor conocido como Pepe Albores, quien fue brazo derecho de Gleason e incluso su coordinador de campaña al Senado, le dieron una diputación local plurinominal, lo hicieron Secretario General del PRI y presidente estatal de la Asociación Nacional Unidad Revolucionaria. Al padre de éste, Julio Albores, lo nombraron Secretario de Finanzas.
A Alfredo Araujo Esquinca lo impulsaron como delegado de Sedatu, delegado del Inifed y en 2015 le entregaron la candidatura por la diputación local por el Distrito 1 con sede en Tuxtla Gutiérrez.
Paulina Mota Conde, entre otros cargos partidistas, fue nombrada por Albores Jr. Consejera Política Nacional, diputada suplente del distrito XIII (2012-2015) y, por último, regidora por Tuxtla Gutiérrez. A su hermana también la hizo regidora de Tecpatán, quien renunció al PRI hace dos años.
Hiber Gordillo, bajo el padrinazgo de los Albores fue delegado de Liconsa y su padre, regidor de Tecpatán. A la hija de Germán Jiménez, Aida Guadalupe Jiménez Sesma, le dieron una diputación plurinominal en 2018, pero renunció al PRI hace algunas semanas. Caso similar al de Robert Escobar Marroquín, del que RAG impuso a su esposa como candidata a la alcaldía de Bellavista, pero perdió. Ambos se fueron al PVEM desde hace más de dos años.
En el asunto particular de María de Jesús Olvera, líder de la CTM en Chiapas, por ser amiguísima del exgobernador Albores Guillén, le dieron una diputación plurinominal para su hija Haydeé Ocampo Olvera en el Congreso del Estado.
Al hijo de Arely Madrid Tovilla, Mario Escobedo Madrid, lo premiaron con una regiduría en el Ayuntamiento de la capital. Y la lista sigue.
Madai López Montejo, quien fue secretaria privada de Albores Gleason en el Comité Directivo Estatal, fue postulada como diputada local suplente y rindió protesta en el congreso en septiembre de 2015. La pareja de ésta fue candidato a síndico en el municipio de Jitotol. Hoy son militantes del partido Mover a Chiapas.
Reynol Ozuna fue nombrado delegado de Sagarpa por las influencias de Albores hijo en el gobierno de Peña Nieto. Y la madre de éste fue regidora en Villaflores.
Hugo Pérez Anzueto fue diputado local y federal por la vía plurinominal. A él se le atribuye parte del fracaso de la campaña reciente de Albores a la gubernatura.
A todo esto, no podemos dejar de enumerar la imposición de Roberto Albores Gleason al Gobierno del Estado. No hay mejor ejemplo de antidemocracia y falta de ética y moral que ese.
En fin, todos los antes mencionados fueron parte de la estructura política de los Albores, y como hemos visto se beneficiaron de la incongruencia política que éstos ahora dicen criticar. Obtuvieron puestos no por el mérito o la experiencia, sino por asociaciones de camarilla. Dando paso a una improvisación costosísima para el PRI.
SE LAMEN LAS HERIDAS
No hay forma de desmentir que estos dos viejos priistas están lamiéndose las heridas. Por eso cuestionan y descalifican. No superan el fracaso. No quieren trabajar por el partido. Quieren los privilegios así nomás, sin demostrar que son capaces.
Deberían entender que el PRI de hoy no es el PRI de Nuño, ni de Peña, ni de Ochoa Reza. Hoy, el priismo es de puertas abiertas, participativo, plural, por eso muchos cuadros que se fueron durante la dirigencia que ellos ejercieron están regresando al partido.
Incluso, el actual dirigente del PRI en Chiapas, Rubén Zuarth, fue gente que estuvo de cerca con ellos, pero hoy reafirma su compromiso con el partido, con la militancia y con Alejandro Moreno.
Es una vergüenza que a estas alturas, donde se necesita unidad, propuesta, voces y actores inteligentes que fortalezcan al partido y a la oposición, Albores Guillén y Albores Gleason encarnen lo que el PRI menos necesita en estos tiempos: carroña política. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com

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