Por tanto, los errores y pésimas decisiones del gobierno morenista han terminado por abrirle la puerta a la oposición para que tome un lugar en la mesa. Sin duda, el descontento se verá reflejado en las elecciones del 6 de junio.
Pero lo primero que deben entender los partidos antagónicos es que una cosa es la oposición política y otra muy distinta el descontento ciudadano. Mientras lo primero es partidista, constante y profesional, lo segundo es apartidista, cambiante y amateur. Si la alianza PRI-PAN-PRD pretende ganar el mayor número de cargos en los próximos comicios, deberá saber distinguir entre uno y otro.
Me explico. A la hora de votar, siempre será más decisivo el descontento ciudadano que los votos que logren reunir los partidos. Es la diferencia que existe entre el voto real y el voto duro que cada partido obtiene en una elección.
En las dos décadas anteriores, la gente no ha votado por los partidos, sino por las personas. Por descontento, aquel ciudadano que votó por el candidato priista en 2012, pudo haber votado por el de Morena en 2018, y su decisión de cambio no fue determinada por la adhesión al partido, en ninguna manera. Votó por el que consideró era la mejor opción del momento.
Lo que todos los partidos deben tener en cuenta, especialmente los de oposición, es que aunque la elección esté lejos todavía, los electores que serán decisivos en ella, es decir, los indecisos, no tienen que resolver desde ahora a quién le darán el voto de su descontento. Y es en éstos, en los indecisos, en los que tienen que pensar y preocuparse.
Desde luego, el descontento ciudadano se alimenta de la crítica al gobierno que haga la oposición partidista, pero no sólo de eso. También se nutre de las movilizaciones de protesta, de la frustración por el aumento de la pobreza y el desempleo, del miedo que le provoca la inseguridad en sus ciudades, de la desinformación y, ahora mismo, del luto y los malos resultados de la gestión gubernamental de la pandemia.
Todas esas razones pueden influir en el voto de una persona, o de una familia, de un distrito, municipio o estado. En otras palabras, la suma de todo será el resultado de la elección de junio, que se presume favorecerá en buena medida a la oposición.
Para que quede claro: la gente saldrá a votar para manifestar la suma de sus agravios, no la suma de sus convicciones partidistas. Los inconformes saldrán el domingo 6 de junio a elegir la opción que mejor represente su rechazo al gobierno que no ha sabido defenderlo ni protegerlo, más que por los partidos.
La pregunta es: ¿qué piensa hacer la alianza “Va por México” para ganarse la confianza de los millones de mexicanos que están descontentos?
UN FAVOR MÁS DE MORENA
La elección de 2018 es prueba de lo antes descrito. La gente salió a votar no a favor de López Obrador, no a favor de Morena, sino en contra de la corrupción, de la complicidad y de la incompetencia.
Los que estaban inconformes con el gobierno de Peña Nieto encontraron en AMLO al político que representaba la suma de todas sus afrentas. Así de simple.
Sin embargo, López Obrador y su partido están cometiendo los mismos errores. Más allá de los consabidos yerros gubernamentales, pretenden obtener el voto de los ciudadanos con políticos impresentables y de eminente desprestigio. Pues están respaldando a candidatos o posibles candidatos a diputado, presidente municipal o gobernador que son gentes que han sido señalados de corrupción, narcotráfico, peculado y hasta de violación sexual.
Ahí tenemos, por ejemplo, a Félix Salgado Macedonio, candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero. Hasta el momento, tiene cinco acusaciones y tres denuncias directas por abuso sexual. Una de esas mujeres, Basilia Castañeda, asegura que él, siendo senador de la República, la violó cuando era menor de edad.
Otros cargos que pesan sobre Salgado es haber tenido nexos con el crimen organizado durante el periodo que fungió como alcalde de Acapulco. Fue dócil al Cártel de los Beltrán Leyva y al narcotraficante Edgar Valdez Villareal, alias “La Barbie”. Además, durante su gobierno la ciudad se convirtió en punto de arribo de toneladas de cocaína y bodega de drogas.
Con todo ello, Morena sigue sosteniéndolo con candidato a gobernador y el propio presidente Andrés Manuel López Obrador lo ha defendido públicamente.
Casos como el de Félix Salgado hay muchos, quizá no acusados de violación sexual o nexos con capos de la droga, pero sí de corrupción. Como José Ulises Cedillo Rangel, ex director de Medio Ambiente que ya se registró como aspirante a la candidatura de Morena por la alcaldía de Xochimilco. O Alfonso Durazo que ya es candidato al gobierno de Sonora, pero que como secretario de Seguridad del gobierno federal no pudo frenar la violencia y el creciente número de homicidios en el país.
Esta designación de candidaturas a políticos inútiles y presuntos criminales, sin duda alguna, agiganta las oportunidades de Va por México. La cuestión es con qué –mejor dicho con quiénes- competirá el PRI-PAN-PRD contra Morena, que a pesar de todo sigue arriba en las encuestas.
¿APRENDIERON
LA LECCIÓN?
El descontento ciudadano y la mala asignación de candidaturas del partido en el poder, son dos circunstancias muy favorables para la alianza opositora, pero no basta.
El PRI es el partido que más se ha fortalecido tras la derrota del 2018. Y mostró su fuerza al arrasar sin alianzas en las elecciones del año pasado en Coahuila e Hidalgo. Se impuso ante la popularidad del presidente y de Morena. Por lo mismo, se pronostica que en junio pueda alzarse como el partido opositor que obtenga el mayor número de cargos de elección popular.
No obstante, para conseguirlo no debe cometer los mismos errores.
Ningún pueblo y sus habitantes podrán evolucionar y construir un mejor futuro si antes no asimilan los errores del pasado. Es lo que nos quiere decir la frase “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.
Si los partidos aliados quieren que la gente vuelva a darles una oportunidad, tienen que pensar bien en los perfiles que van a presentarles a los electores, que sean nuevos, que sepan entenderse con la gente y que logren construir un buen proyecto político.
Que provengan de entre los ciudadanos sería una propuesta ideal, pues eso lograría darle la frescura que tanto anhela y necesita la política actual. No hay que olvidar que el voto opositor, más que opciones partidarias, escogerá banderas de descontento: a aquel o aquella que sepa representar su enojo y sus intereses al mismo tiempo.
Imponer a los políticos de siempre, sería apostarle al fracaso. En la elección más grande de la historia de México, no pueden darse esos lujos.
yomariocaballero@gmail.com

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