Cuando
un político pierde el sentido del ridículo es porque también ha perdido el
contacto con la realidad. Ridículo me parece la palabra correcta para describir
la más reciente aparición pública de Patrocinio González Garrido a través de un
relato histórico que un medio local tuvo el valor de publicar. Para estos
tiempos de crisis, una ridiculez. Un destello de memoria que provoca risa,
burla. Una voluntaria pantomima a las patrañas del afán y el oportunismo.
Ante
la contingencia sanitaria que ha paralizado al mundo entero y que ha cobrado
miles de vidas, el exgobernador de Chiapas sale a la luz para dar lecciones de
historia. En la hora de mayor riesgo en la salud pública de nuestro país,
receta un cuento viejo y choteado. Nos comparte una “verdad crucial” que cree
que es solo suya. Frente a la crisis económica más severa en la historia
moderna, nos recuerda un pasaje sin fundamentos. Se desconectó de la realidad.
“Echeverría
culpable; ordenó la matanza: Patrocinio”, fue el título de ese texto. Es un
texto a manera de entrevista que a Patrocinio González le pareció que todos
deberíamos leer hasta con cierta veneración. La confianza con que describe el
reprobable episodio, el tono solemne de su relato, incluso las afirmaciones que
le parecen especialmente profundas revelan que, en efecto, piensa que nos está declarando
una verdad para nadie conocida.
Tal
como cuando meses antes del cambio de gobierno invitó a varios periodistas a
realizarle una entrevista en su residencia ubicada en el Fraccionamiento Los
Laureles, incluido este servidor, para dar la versión propia de su gobierno, así
se apresuró a culpar al expresidente Luis Echeverría de la matanza de al menos
120 estudiantes el 10 de junio de 1971, suceso que se conoce como “El
Halconazo”.
“Murieron
alrededor de 120 jóvenes estudiantes, más bien dicho, los asesinaron y los
cadáveres -por órdenes presidenciales- fueron trasladados al Campo Militar
Número Uno de la Secretaría de la Defensa Nacional. Aunque no se pudo probar,
se rumoró que varios cadáveres fueron desaparecidos.
“Los
Halcones, que era un grupo paramilitar ubicado presupuestalmente en la
Dirección de Mercados del Departamento del Distrito Federal, pero operado por
el Estado Mayor Presidencial que los utilizaba como cuerpo de seguridad del
presidente cuando asistía a giras o eventos públicos, para proteger
instalaciones estratégicas cuando era recomendable, o para inducir, encauzar o
dispersar manifestaciones en contra del gobierno.
“El
propósito de Echeverría era culpar a (Alfonso) Martínez Domínguez (en ese
entonces jefe del Departamento del Distrito Federal) de esos acontecimientos,
destituirlo y procesarlo. Esa actitud obedecía al resentimiento que Luis
Echeverría tenía contra Don Alfonso por haber sido simpatizante del general
Alfonso Corona del Rosal, cuando Echeverría alcanzó la nominación del PRI a la
presidencia de la República”, son algunas de las afirmaciones que hace el
exgobernador González Garrido sacadas de su memoria.
Sobre
esos hechos, de los más sangrientos de la historia contemporánea de México, se
han escrito varios libros y un número incontable de artículos en periódicos y
revistas. Uno de los libros más recientes, “Libertad de manifestación:
Conquista del movimiento del 10 de junio de 1971. Testimonio de un hecho
histórico”, el escritor Joel Ortega, quien además encabezó la marcha del Jueves
de Corpus, hace un recuento minucioso sobre cómo se organizó el movimiento
estudiantil, quiénes formaron parte de él, cómo fue combatido, quiénes lo
combatieron y por órdenes de quién.
Esa
publicación es de 2013, y contiene mucho de lo que Patrocinio González reveló en
esa entrevista y todavía más información de lo ocurrido ese día fatal. Incluso
el cineasta Alfonso Cuarón hizo una recreación de El Halconazo en su película
Roma.
Por
eso es ridículo el entusiasmo con que el exmandatario quiso tener sus cinco
minutos de fama contando una masacre orquestada por el Estado y que por muchos
es conocida, con mayor detalle y desde hace mucho tiempo. Es como si Juan
Sabines Guerrero publicara un libro tratando de convencernos de que su riqueza,
sus residencias lujosas en Cancún, Acapulco y Miami son producto de su sueldo
ganado honestamente como gobernador de Chiapas o que Yassir Vázquez Hernández
se proclamara en un texto periodístico como el presidente municipal que
convirtió a Tuxtla Gutiérrez en una ciudad moderna. Así de ridículas las
intenciones de don Patrocinio.
Igualmente
ridículo, aunque mucho más dañino, fue la afirmación que le hizo a una
periodista local en mayo del año pasado. Sin mostrar evidencias de su
testimonio, dijo que el desaparecido político Manuel Camacho Solís estuvo
detrás del levantamiento zapatista de 1994. “La realidad es que la guerrilla
fue una reacción en contra del TLC (Tratado de Libre Comercio), fue un evento
auspiciado por Manuel Camacho, los apoyó con uniformes, armamento y todo con la
idea de poder propiciar su candidatura a la Presidencia de la República”, dijo.
¿Me
está diciendo que Manuel Camacho metió las manos? -preguntó la periodista.
“Definitivamente”, contestó Patrocinio.
Ambas
declaraciones son francamente ominosas. No sabemos a ciencia cierta si lo que
busca el exmandatario priista es un poco de atención, hacer polémica o
simplemente hacer uso de su derecho de libertad de expresión. Pero no puede
haber confianza en sus afirmaciones porque, en primer lugar, no muestra pruebas
de lo que denuncia y, sobre todo, porque sale con esas fanfarronadas cuando
Camacho Solís ya no está para defenderse y después de cuarenta y nueve años de haber
ocurrido dicha matanza de estudiantes. ¿Por qué no culpó a Echeverría en su
momento, cuando él fungía como secretario general de gobierno en el Distrito
Federal?
¿Qué
pretende Patrocino González? ¿Qué lo motiva a hacer tremendas declaraciones?
¿Protagonismo o cinismo? ¿Oportunismo o decrepitud?
CONSEJOS QUE DEBERÍA TOMAR
No
vale detenerse en el contenido del texto. Lo que cuenta es que el exsecretario
de gobernación de Carlos Salinas ejercite su derecho a expresarse sólo para
lanzar acusaciones vagas, para insinuar que sus declaraciones son valiosas
porque “ayudarán a forjar mejores gobiernos y más adecuadas tomas de decisiones
(sic)”. Ahora resulta que quien todavía tiene cuentas con la historia y con la
justicia se cree un líder moral, luz en la oscuridad gubernamental.
El
secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad,
escribió García Márquez. Patrocinio bien haría en seguir el consejo del Nobel
de literatura. O mejor aún, la invitación que el Diario de Chiapas le hizo en
el editorial del 15 de junio para aclarar los sucesos de su gobierno. Por
ejemplo, quién o quiénes fueron los asesinos de los periodistas Roberto
Mancilla, Humberto Gallegos y Alfredo Córdova; quién o quiénes se quedaron con
el video de la fiesta en la que sus funcionarios departieron con trasvestis y
que eso originó la matanza de al menos 15 homosexuales; aclarar si fue su
compadre Ignacio Flores Montiel, jefe de las policías del estado, el autor de
las ejecuciones.
Un
mal sabor de boca deja los saltos y actos de oportunismo de los políticos. Don
Patrocino debería preguntarse cómo quiere ser recordado, ¿cómo el político que
gobernó con mano dura o como el viejo ridículo de las historias de vaqueros? ¡Chao!
@_MarioCaballero

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