La
destrucción que maestros de la Asamblea Estatal Democrática hicieron en el
edificio de la Sección 40 del SNTE de ninguna manera merece llamarse protesta
política, como lo menciona su líder Armando Falconi. Es, más precisamente,
primitivismo. Porque saquear, robar, quemar, romper, son conductas propias de personas
limitadas mentalmente que apelan a la violencia lo que no pueden resolver con
ideas.
La
protesta política es una herramienta de la democracia que busca por medios
legales luchar por causas justas, por reestablecer el orden, la equidad, el
derecho, y se basa en el debate de razonamientos, en la exigencia de demandas
pero con argumentos fiables, en el respeto a los derechos de los demás, en la
tolerancia y la justicia. Y lo que los “profesores” de la AED protagonizaron el
martes reciente no fue más que un vil chantaje. Fue la más clara exhibición de salvajismo.
Sólo los seres del mundo zoológico resuelven sus problemas a golpes.
Definitivamente,
se equivocan al creer que están practicando valores de avanzada.
¿QUÉ ES LA AED?
La
Asamblea Estatal Democrática, nacida facciosa o sectariamente, es un grupúsculo
sin ideología, oportunista, sin programa ni propuesta. Es lo más parecido a una
veleta que apunta según la empujen los vientos de ocasión. Antes salió a las
calles protestando contra la reforma educativa, después por la desaparición de
los 43 normalistas de Ayotzinapa. Ahora exige la abrogación de la nueva Ley del
Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas. Mañana
podría ser por el cambio climático o por su derecho a vivir en la mediocridad.
En
octubre de 2013, en pleno apogeo de las movilizaciones contra la reforma
educativa de Peña Nieto, se incorporó a la CNTE. Desde entonces, la AED ha
estado envuelta en actos de vandalismo, daños en propiedad privada, saqueo de
tiendas de conveniencia, toma de carreteras, secuestro de camiones y destrozos
de edificios públicos.
Desde
ese tiempo para acá, no ha planteado iniciativas que busquen la profesionalización
y mayores garantías laborales para el profesorado. Mucho menos para mejorar la
oferta educativa y el rendimiento escolar de los niños y jóvenes de Chiapas.
Pues siempre ha sido rémora de la CNTE. Son los líderes de esta agrupación los
que llevan la voz cantante y los que alimentan a los asambleístas con puras
migajas. Es decir, la AED es títere de la Coordinadora.
El
11 de noviembre de 2016, alrededor de trescientos de sus integrantes armados
con palos, piedras y con el rostro cubierto, irrumpieron en el parque central
de Tuxtla Gutiérrez en protesta contra la reforma. Bloquearon las dos
principales arterias de la ciudad, atacaron varias unidades del transporte
público Conejobús, golpearon a los pasajeros y retuvieron camiones de empresas
particulares. No es todo. Secuestraron al entonces subsecretario de Educación,
Eduardo Velázquez, que se encontraba en las inmediaciones.
El
exfuncionario fue humillado por los “profes” de la AED. Lo llevaron a rastras
hasta la escalinata de Palacio de Gobierno, donde lo exhibieron con el
sambenito de la traición. Lo obligaron a cargar una pancarta con la frase “que
les quede claro. La reforma educativa en Chiapas ¡No pasará! AED-40”. Después
de esa vino otra: más intimidante. “Cayó el primero. Vamos por los demás”,
decía.
Ese
mismo día, Armando Falconi envió a estudiantes normalistas a vandalizar el edificio
de la Sección 40. Éstos llegaron aproximadamente a las cinco y media de la
tarde a bordo de una unidad del Conejobús que habían incautado horas antes.
Rompieron
cristales, robaron papelería y equipo de cómputo, golpearon al personal del
sindicato y quemaron algunas áreas del edificio.
A
ese abuso se suma el ocurrido el 5 de diciembre del mismo año. Vándalos de la
AED tomaron por asalto un hotel ubicado en el poniente de Tuxtla Gutiérrez, donde
se llevaría a cabo el proceso de las cadenas de cambio. El objetivo era impedir
el proceso. Para ello bloquearon las entradas, amagaron al personal del hotel,
golpearon a los organizadores del evento y los sacaron del lugar a punta de patadas.
Posteriormente, secuestraron en una habitación a siete personas, entre maestros
y autoridades educativas estatales.
En
la reciente “protesta política”, la situación no fue diferente. Los profesores
asambleístas hicieron pintas en todo el edificio sindical y ocasionaron
pérdidas irreparables en las obras recién construidas con las cuotas de los
propios agremiados, o sea, de ellos mismos. Además, como viles rateros, saquearon
computadoras, cámaras, impresoras, refrigeradores, hornos de microondas,
cafeteras, copiadoras, entre otros enceres de la cafetería que estaba próxima a
inaugurarse.
¿Dónde
quedó la reputación de los asambleístas que se dicen defensores de los derechos
de los docentes? ¿Dónde dejaron la dignidad y el respeto que debe inspirar la
imagen de todo maestro y que ellos se han encargado de destruir con acciones
como esas? ¿Dónde dejaron su entendimiento porque no fueron capaces de saber
que lo que destrozaron fue pagado y construido con su propio dinero?
EL MENTADO LÍDER
Pero
ningún grupo se mueve solo. A la sazón, ¿quién es José Armando Falconi Borraz?
Palabras más, palabras menos, es un eterno frustrado.
Por
la ambición de adueñarse de la dirigencia de la Sección 40 del SNTE, sobre todo
de los dineros, Falconi ha venido utilizando a la AED como grupo de choque para
desestabilizar la gobernabilidad en el gremio. Saca a los maestros a las
calles, bajo el sol, la lluvia y en infinidad de ocasiones los ha obligado a
dormir a la intemperie mientras él descansa en una suite de hotel. Lo más
reprobable es el vandalismo que inspira en la agrupación. Es decir, convirtió
al bloque democrático de la 40 en una franquicia radical y chantajista.
Empero,
sabiendo que sólo lo respalda un puñado de maestros fanáticos, se unió a la
CNTE para -según él- tener mayor fuerza. Sin embargo, le salió el tiro por la
culata.
Pedro
Gómez Bámaca, líder de la Sección 7 de la CNTE, así como Alberto Mirón y Adelfo
Alejandro Gómez, sólo lo utilizaron. Lo convocaban a los mítines, a las
marchas, a los plantones, a las diferentes acciones de protesta contra el
gobierno, etcétera, para hacerlo sentir parte de ellos, pero nunca fue así. Y
se lo hicieron ver en 2015, cuando lo dejaron fuera de las negociaciones que
pusieron fin al paro magisterial de ese año. Desde ahí, esos tres liderzuelos con
las bolsas llenas de dinero, rompieron toda relación con él. Le dieron una
patada.
¿A
poco cree que después de eso él siguió con las protestas por congruencia
política, por perseguir un ideal, por defender los derechos de los docentes y
la calidad educativa? No. Armando Falconi siguió con la bulla porque no le
dieron su tajada del pastel, porque lo despreciaron, porque no ganó nada, porque
sólo les sirvió y ¡adiós!
Fue
entonces que llamó a los estudiantes normalistas a sumarse a su movimiento. Se
dice que es él quien está detrás del gamberrismo estudiantil de la Mactumatzá,
de la Jacinto Canek y de otras tantas escuelas normales, esas que han atentado
contra diferentes dependencias del gobierno, empresas privadas y la propia
Sección 40.
Armando
Falconi no es un líder magisterial honesto y de principios, de autoridad moral,
que llame a la unidad, a la transparencia, sino un hambriento de poder. Su
discurso, tremendamente atropellado, sin coherencia, anima al oportunismo y a la
rapacidad.
EXIGIR CUENTAS
Por
tanto, el movimiento contra la nueva Ley del Isstech que abandera Armando
Falconi y la Asamblea Estatal Democrática es un pretexto solamente.
Dicho
movimiento es movido por intereses políticos. Y los delitos que cometen no
deben quedar impunes.
Pero,
más allá de eso, la sociedad debería exigirles cuentas porque con sus acciones
no sólo están desprestigiando la imagen del maestro, sino también están
condenando a los niños a la ignorancia y a la miseria, porque ¿qué tipo de educación
le pueden dar a la niñez rompiendo ventanas, robando y quemando edificios
públicos? ¿Qué tipo de maestros son? ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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