Mientras
Pablo Salazar entregó 68 notarías en su sexenio, Juan Sabines Guerrero 137 y
Manuel Velasco Coello, quien sólo el último mes de su gobierno entregó 50 en
promedio, el gobernador Rutilio Escandón Cadenas ha anunciado que en su
administración no se creará ni una sola notaría más. ¿Qué importancia tiene esa
decisión? ¿Cuál es la connotación política? ¿Cuáles los objetivos?
Empecemos
por saber que el notariado tiene un valor importante en la sociedad. Nació para
satisfacer una necesidad social. Surge de la convivencia y con el fin de dar
certeza y seguridad jurídica en los contratos entre las personas. Claro, da fe de
los actos conforme a las leyes.
Si
en la antigüedad los monjes enseñaron a leer y a escribir, los notarios leyeron
y escribieron por los que no sabían. Durante siglos han estudiado y plasmado la
vida en sus protocolos. Cervantes decía del escribano que “es un oficio que sin
él, andaría la verdad por el mundo a la sombra de tejados, corrida y
maltratada”. De ahí que el Estado distinga al notario como testigo de la
verdad.
Pero
al ser nombrados al vapor, como hicieron los tres mandatarios pasados, se
demeritó el prestigio que desde siempre ha caracterizado a los notarios. La
patente notarial fue reducida a un simple documento para colgar en la pared. Al
mismo tiempo, al repartirse notarías como volantes publicitarios, se creó una crisis
de profesionalismo y una competencia desigual en el gremio de fedatarios.
HACIA LA LEGALIDAD
La
determinación de no conceder una sola notaría tiene como primer objetivo
reconocer la importancia que reviste el papel del notario en el estado. El
segundo es acabar con la tradición de otorgar notarías por amiguismo, por
compadrazgo o, simplemente, como pago de facturas políticas.
De
acuerdo a la ley, las notarías públicas se deben entregar por examen de
oposición y cumpliendo todos los requisitos, pero existe una disposición que
permite a los gobernadores dispensar éstos en casos excepcionales. Sin embargo,
Pablo, Sabines y Velasco Coello convirtieron la excepción en regla, invistiendo
a voluntad y capricho a gente incapaz, desprestigiada y sin el mínimo
conocimiento para desempeñar la función, sin importarles el daño que provocaban
en la sociedad. Sólo les interesó beneficiar a sus compinches, a los que les
aplaudieron, a los que solaparon sus abusos de poder.
Juan
Sabines le dio una notaría a María Elena Castañón Ramírez, hija de Noé Castañón
León, quien fungió como su secretario de gobierno, y no le importó que la
designación apestara a tráfico de influencias. Como tampoco le interesó
otorgarle una patente notarial a Emmanuel Nivón González, quien en marzo de 2013
fue arrestado por los delitos de peculado y desvío de recursos públicos que cometió
durante su gestión como presidente municipal de Tapachula, municipio que dejó
en bancarrota y con una deuda de más de 500 millones de pesos.
Uno
de los principales zalameros de Sabines Guerrero, Javín Guzmán Vilchis, también
obtuvo su respectiva notaría, la número 167 en Copainalá. Votar a favor de las
iniciativas del exgobernador, aprobar los préstamos y encauzar las cacerías
políticas que se dieron desde el Congreso del Estado cuando él presidió la
Junta de Coordinación Política, le agenciaron tan loable galardón.
La
priista y varias veces legisladora, Blanca Ruth Esponda Espinosa, cuyo único
mérito fue servirle a Sabines como coordinadora de gabinete, también recibió su
notaría. Otro cuyo servilismo al sabinato le consiguió la notaría pública
número 156, con residencia en Tuxtla Gutiérrez, es Ovidio Cortázar Ramos.
Sabines se la entregó el 11 de julio de 2012. No olvidemos que durante dos años
fungió como Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado. Luego, como
diputado local (2007-2009) y diputado federal (2009-2012), operó políticamente
bajo las órdenes del hoy cónsul.
Anteponer
los compadrazgos a las leyes, a los méritos profesionales y a la experiencia laboral
en la concesión de títulos notariales es corrupción. Romper con esa larga cadena
de complicidades ha representado dar un paso valioso hacia la legalidad, al
respeto a la norma, a la recuperación del Estado de Derecho.
COMBATIR LOS FRAUDES
Aunque
hay algo más importante todavía. Entre los que fueron ungidos notarios al
margen de la ley, no faltaron quienes abusaron del título para delinquir. Hubo
quienes cobraron importantes sumas de dinero por trabajos que nunca realizaron.
Pero también hay notarios que están acusados de falsificación de documentos,
robo de terrenos y hasta de vender bienes inmuebles propiedad del Estado. Evitar
que eso siga sucediendo es otro de los objetivos trazados.
En
marzo de 2019, Luis Gabriel Sánchez Velázquez, notario público número 106, con
residencia en Suchiapa, fue arrestado por el delito de falsificación de
documentos en agravio de la señora Claudia “N”. Pero también tiene denuncias
ante el ministerio público por el robo de varios millones de pesos al Fovisste
y por la deuda de escrituras al Infonavit. Quien lo erigió fedatario fue también
Juan Sabines Guerrero.
Otro
notario detenido fue Raymundo Eduardo “N”, de Comitán de Domínguez, por su
presunta responsabilidad en el fraude de un copropietario de diversos predios.
Dicho fedatario cobró la suma de 99 mil 200 pesos para la realización del
cambio de régimen de las propiedades, pero no hizo el trámite. Sólo se embolsó
el dinero.
Al
final de su administración, Sabines Guerrero le otorgó la notaría número 136,
con sede en Tuxtla Gutiérrez, a Alejandro Orantes Coello, primo del
exgobernador Manuel Velasco.
En
2011 estuvo involucrado en el presunto fraude por 164 millones de pesos, en el
que el gobierno sabinista pudo desviar recursos públicos a través de empresas
fantasma. Una de éstas, Chiapas Sur, fue creada en su notaría.
Se
cuenta que Alejandro Orantes ha adquirido terrenos de manera ilegal y ha
despojado de varias propiedades a gente humilde en todo el estado por el simple
hecho de no haber querido hacer negocios con él. También ha sido señalado de
venta ilegal de predios, de la venta simulada de bienes públicos y de expedir
folios falsos.
En
años recientes, intentó apropiarse del terreno ubicado frente a Plaza Ámbar, en
el lado oriente de la ciudad capital, mediante la siembra de carpetas de
investigación. Obviamente, apoyado por funcionarios públicos del gobierno
anterior.
CONNOTACIÓN POLÍTICA
Por
todo ello, la determinación del gobernador Rutilio Escandón de no entregar ni
una sola notaría más durante su gobierno es indudablemente un encuentro con la
legalidad. Muestra una profunda voluntad política por reparar los daños y distanciarse
de las malas prácticas que antes distinguieron al poder.
Además,
se ciñe en la realidad, en satisfacer las necesidades de los buenos fedatarios
que se han visto afectados en su honorabilidad y en sus negocios, en resolver las
preocupaciones de la gente que ha sido estafada por notarios deshonestos y en
dar un fuerte golpe en el combate a la corrupción.
Por
vez primera en la historia, los notarios chiapanecos han sido puestos en el
centro de las decisiones del gobierno. Y no hay que dejar de ver que la actual
administración ha puesto en esta medida el enorme compromiso por parar la
maquinaria de arbitrariedades, restablecer el orden y ajustarse al Estado de
Derecho. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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