Nadie puede negar que la guerra
contra el narcotráfico fue lo peor que le ha sucedido al México contemporáneo. Nadie
puede negar que el resultado de la intervención gubernamental fue empeorar las
cosas. Los grupos criminales se multiplicaron y se extendieron las zonas de
violencia. Creció la delincuencia, las matanzas, la corrupción y el miedo. El
país se enlutó. A la política antinarco se debe nuestro descenso a la barbarie.
La captura de Genero García Luna,
cerebro de esa política, nos ayuda a entender una dimensión particularmente
perversa de ese periodo: la complicidad de las autoridades con los capos de la
droga.
Hoy no sólo se sabe que la guerra contra
el narco fue una farsa que convirtió a México en un enorme camposanto, sino
también fue el pretexto con que varios funcionarios y gobernantes, liderados por
García Luna, se enriquecieron trabajando o colaborando para los cárteles
mexicanos.
PARTE DE LAS INVESTIGACIONES
Genaro García Luna fue detenido el 10 de
diciembre de 2019 en Texas. El gobierno de Estados Unidos lo acusa de haber aceptado
sobornos millonarios de Joaquín “El Chapo” Guzmán cuando fungía como titular de
la Secretaría de Seguridad Pública en el mandato de Felipe Calderón, y según
investigaciones encabezó una intrincada red de complicidades que implicaba
empresarios, gobernadores, procuradores de justicia, mandos policiacos, entre
otros.
Los informes indican que al mismo tiempo
que desempeñaba su cargo, el ex secretario de Seguridad Pública logró montar
empresas que comercializaban información utilizada por las altas esferas del
gobierno de Calderón. También se sabe que usó recursos del Gobierno Federal
para operar sus empresas privadas y que incluso vendía a particulares la
información que llegaba al escritorio del entonces presidente.
Una de las empresas presuntamente
relacionadas a García Luna es la firma ICIT, de la que se descubrió que vendía
a sus clientes el mismo resumen informativo que Calderón leía todas las mañanas
en su despacho. A través de ésta operaba R3D, una de las organizaciones que
estuvo implicada en uno de los escándalos más grotescos de espionaje
gubernamental, realizado por medio de un software que recopilaba datos e
interceptaba comunicaciones.
El inmueble donde operaba ICIT tenía la
misma dirección registrada por la joyería de Silvia Pinto, madre de Alexis
Weinberg y esposa de Mauricio Weinberg (principales socios de García Luna), que
tenía en sociedad con Julia Abdala, pareja sentimental de Manuel Bartlett,
director de CFE.
Otra empresa fue Glac Consulting, de la
que García Luna era director y que operaba desde Miami. Se dedicaba tanto a la
venta de software de inteligencia e intervención de comunicaciones como a la
venta de equipo táctico para corporaciones policiacas.
García Luna hizo crecer a la Policía
Federal, aunque siempre se le señaló de utilizar a la dependencia para
perseguir a los grupos delincuenciales antagónicos al Cártel de Sinaloa, que
creció y prosperó durante el calderonismo.
Precisamente, por esa complicidad una
corte federal de Brooklyn acusa a Genaro García de conspiración para el tráfico
de drogas, además de recibir cantidades multimillonarias para permitir el
tráfico binacional de cocaína.
Dichas investigaciones también revelan que
García Luna y su familia se establecieron desde el 2013 en Estados Unidos,
particularmente en Miami, Florida, donde vivía como jeque, haciendo ostentación
de una riqueza que no correspondía a los ingresos que percibió como funcionario
público. Para empezar, habitaba una mansión ubicada en Golden Beach valuada en
3.3 millones de dólares y un penthouse de dos pisos en el condominio Península,
también en Florida, con valor de 2.3 millones de dólares.
Actualmente, la Unidad de Inteligencia
Financiera de la Secretaría de Hacienda tiene congeladas 11 cuentas bancarias
ligadas a García Luna. Aparte, una acusación de Richard P. Donoghue, abogado
del distrito Este de Nueva York, afirma que de 2001 a la fecha García Luna
conspiró para la introducción, distribución, importación y que declaró
falsamente con relación al ingreso de cocaína a Estados Unidos.
EL CÓNSUL JUAN SABINES
De acuerdo con esta información,
sabemos que Genaro García Luna operó a través de empresas, mismas que fueron
respaldadas por la Policía Federal, pero que para otorgar facilidades de
operación al Cártel de Sinaloa tuvo ayuda de varios exgobernadores. Se presume
que uno de ellos fue Juan Sabines Guerrero, exmandatario de Chiapas y hoy cónsul
en Orlando, Florida.
Sabines fue uno de los gobernadores
que más respaldó la guerra contra el narco de Felipe Calderón. Y durante su
sexenio (2006-2012) tuvo una fuerte cercanía con el ex secretario García Luna,
con quien colaboró en diversas acciones dentro de la política de seguridad,
como el Programa de Reordenamiento de la Frontera Sur, puesto en marcha a
mediados de diciembre de 2006, con el supuesto objetivo de combatir la
delincuencia organizada, el tráfico de personas y de estupefacientes. Empero,
en los hechos fue muy distinto.
No fue secreto el afecto que Sabines
le guardaba a García Luna. Cada vez que éste vino a Chiapas lo recibía como si
se tratara del presidente. Lo halagaba en eventos públicos, estuviera o no
presente el secretario de Seguridad. Y no escatimó en recursos y esfuerzos del
gobierno del estado para favorecerlo. No obstante, esa relación condujo a
Chiapas a una crisis de inseguridad y violencia.
Durante el sabinato se conoció la
presencia de al menos cinco cárteles del narcotráfico, como Los Zetas, Los
Beltrán Leyva, el Cártel del Golfo, el Cártel de Sinaloa y Cártel Jalisco Nueva
Generación. Ante ello, aumentó la violencia en Chiapas debido a la batalla por
el control de las zonas norte, selva, altos y la frontera con Guatemala, donde
se multiplicaron los casos de extorsión, violaciones, secuestros, homicidios,
desapariciones, trata de personas, narcomenudeo y tráfico de drogas. Sin más,
el estado chiapaneco se convirtió en refugio del narco.
Fue precisamente en el mandato de
Sabines Guerrero que se suscitó el escándalo más grande en la historia de
Chiapas concerniente al crimen organizado. En 2008, desaparecieron dos
toneladas de cocaína, pues según Amador Rodríguez Lozano, entonces procurador
de justicia, era leche en polvo, ocultada en 10 mil paquetes muy parecidos a los
que llaman “quesos”.
Mucho se habló durante ese tiempo
que El Chapo Guzmán se paseaba campantemente en las calles de San Cristóbal de
las Casas, que comía en restaurantes de Tuxtla y que se embriagaba en
Villaflores.
En marzo de 2017, el abogado Horacio
Culebro Borrayas denunció que el exgobernador Juan Sabines y algunos miembros
de su gobierno recibían 5 millones de dólares cada mes de parte del “Tío Gil”,
lugarteniente del Cártel de Sinaloa en el sur del país, a cambio de protección
y facilidades para el trasiego de estupefacientes. No es todo. Pues además se
dijo que dicho grupo criminal financiaba las campañas políticas en Chiapas.
Con todo esto, el canciller Marcelo
Ebrard podría tener en Juan Sabines Guerrero a un narco-cónsul, a un
diplomático con presuntos nexos con el crimen organizado, que es dueño de suntuosas
propiedades en Florida y en México, que tal vez compró con dinero del narcotráfico,
igual que Genero García Luna. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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