Un niño al que no
se le ponen límites puede convertirse en un monstruo, pues al tomarle la medida
a sus padres consecutivamente va imponiendo su voluntad. Hace lo que quiere y
cuando quiere. Se descubre poderoso. Cuando rompe un juguete lo queda viendo
hecho pedazos y sonríe, satisfecho de haber sido él el causante. Es ahí cuando
se siente dueño de algo. Siente emoción al saber que es capaz de alterar la
realidad. El poder más primitivo, el más elemental si se quiere, es ese:
destruir.
Juan Sabines
Guerrero eligió el rito de la destrucción para sostener su gobierno. Asumió la
actitud de ese niño. Abusó de su poder para jugar con las instituciones y
cuando éstas ya no le agradaron se deshizo de ellas. A los otros poderes del
Estado no los trató como compañeros de juego, sino como juguetes. Así controló
el Poder Judicial, desde el cual se operaron injusticias, represión y se
blindaba a los corruptos funcionarios. Utilizó al Congreso del Estado para
ensanchar su poder político, aprobar leyes a modo, eliminar la oposición,
obtener préstamos para su propia satisfacción y capturar los organismos
autónomos.
En medio de la
devastación, Sabines se convirtió en el autor de la crisis financiera más atroz
de la historia moderna de Chiapas. Entre pendientes con proveedores y préstamos
aprobados por el parlamento local, llegó a juntar una deuda que sobrepasó los
40 mil millones de pesos. Un endeudamiento incluso superior al que heredó
Humberto Moreira en Coahuila, de 35 mil millones, que se suponía el mayor e
insuperable en la historia del país.
El hijo del Ciclón
del Sureste dejó las cuentas de la hacienda estatal en números rojos y las
cajas vacías. Saqueó todo lo que pudo. No dejó ni un solo clip en las oficinas
y se llevó hasta el papel sucio del baño. Fue un depredador inmisericorde. Cuando
abandonó el gobierno no había ni para pagar los sueldos de los burócratas ni
los aguinaldos. Y al número de pobres se sumaron, por lo menos, otras 350 mil
personas.
Así, encarnado en
un niño destructor, Sabines se desatendió del pueblo para consagrarse a una
sola cosa: saquear.
Pero luego de seis
años de dilapidación y frivolidades, Chiapas está superando esa fase. Aunque
este logro no es sólo del gobierno de Rutilio Escandón Cadenas, sino también de
una sociedad que, harta de abusos, rutinas y complicidades, construyó un
gobierno fuerte, legítimo, con el poder suficiente para cambiar las cosas.
El doctor Escandón
Cadenas está por cumplir el primer año de su mandato, y ha demostrado ser un
líder responsable y capaz. Un buen líder no debe ser afectado por el poder. Todo
lo contrario, debe ser responsable con lo que el pueblo ha puesto en sus manos,
además de saber escuchar, ser cuidadoso con los recursos, tener sentido de la
realidad y la convicción de gobernar para todos. En eso se funda la
recomposición política y social que está experimentando el estado, con un nuevo
régimen y un nuevo poder.
Lo digo por esto:
La revista u-GOB,
especializada sobre gobierno digital e innovación gubernamental en América
Latina y España, líder a nivel nacional en estudios y evaluaciones sobre
transparencia, este año ubicó a Chiapas en el lugar número diez en el ranking
de los estados con mayor transparencia en México.
De acuerdo con ese
estudio, Chiapas avanzó 18 posiciones respecto al año anterior, en el que ocupó
el lugar 28. En 2017 fue el 25. Esto significa que el gobierno de Rutilio
Escandón está haciendo del tema de la transparencia un botón de confianza para
la ciudadanía. Y está colocándose por encima de entidades que históricamente
han alcanzado altos estándares en la materia, como la Ciudad de México.
Dicho resultado se
obtuvo al medir y evaluar los arreglos institucionales, datos abiertos,
colaboración vertical, coproducción y colaboración horizontal e interface, es
decir, las prácticas en las que incurrió el gobierno chiapaneco para hacer
disponibles la información y servicios gubernamentales a la sociedad.
Hoy, con
información clara y precisa, podemos saber qué están haciendo las autoridades,
cuánto ganan los funcionarios, en qué se implementan los recursos, cómo se
ejecuta el gasto público y cómo van los procesos licitatorios y la rendición de
cuentas. Situación que para las pasadas administraciones fue un fastidio.
De acuerdo con los
últimos reportes sobre deuda pública estatal, Chiapas tuvo un buen desempeño
durante el primer año de esta administración. Incluso logró mermar parte de la
deuda contraída por los sexenios anteriores, que ronda los 18 mil 500 millones
de pesos. De esta se pagaron 2 mil millones en 2019.
Por otro lado, el
gobierno de Escandón Cadenas no ha pedido ni un solo peso de préstamo.
Y derivado de la
política de austeridad y de un adecuado manejo de los recursos públicos, se han
ahorrado mil 500 millones de pesos, que sirvieron para cubrir adeudos del 2018
para atrás.
Una fuente cercana
al gobierno de Rutilio Escandón me ha informado que este año se erogaron más de
450 millones para reducir el adeudo con el magisterio y se planean pagar los
aguinaldos y prestaciones antes de la fecha establecida. También me confirma
que ya se tiene garantizado el mes completo de diciembre y los 60 días de
aguinaldo.
Eso, sin duda,
habla que Chiapas cuenta con finanzas públicas sanas.
Lo anterior
contrasta con la situación que viven otras entidades que al contar con presiones
financieras recurrieron a nuevos endeudamientos.
Según la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las entidades más endeudadas son
Nuevo León y Chihuahua, con 70 y 50 mil millones de pesos respectivamente. Y en
el último año Campeche se convirtió en la entidad federativa que más aumentó su
deuda, pasando de 2 mil 8 millones en junio de 2018 a 2 mil 533 millones en
junio de 2019. Le siguen Tamaulipas, Oaxaca, Jalisco y Durango.
Un dato importantísimo:
de los nuevos gobiernos, el de Escandón Cadenas es el segundo que registró el
mayor decremento de la deuda pública, cuya reducción fue de 6%. En contraste,
Jalisco, Guanajuato y Ciudad de México, estados que cuentan con mayores
recursos económicos, infraestructura social e industria que el chiapaneco, la
incrementaron en un 10, 6 y uno por ciento.
NUEVOS TIEMPOS
Fueron 18 largos años de destrucción, autoritarismo y de monstruoso derroche
los que los chiapanecos tuvimos que soportar para llegar a esta benéfica situación.
Un largo periodo lleno de corrupción, actos de inmoralidad e indolencia. En el
que –no hace falta decirlo- no hubo avances.
Por el contrario, la pobreza y marginación incrementaron de manera grave,
dejando a pueblos enteros en la indefensión. Cabe mencionar que Chiapas tiene
municipios que presentan cien años de atraso.
A la par, la rapiña de los funcionarios que en sólo seis años en el
poder transmutaron de pobres a excéntricos millonarios, con mansiones, negocios,
ranchos, viajes a Europa y Asia, con amantes libertinas y jugosas cuentas bancarias.
No fue con demagogia sino con políticas públicas responsables que se ha
venido logrando recuperar el tejido social. Por los resultados, hemos de
reconocer igualmente que la austeridad implementada por este gobierno es social
y económicamente floreciente.
En fin, si ayer fue el saqueo, hoy son las finanzas sanas las que
distinguen a Chiapas. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com

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