Diógenes, el padre
del cinismo, solía masturbarse en el marcado ateniense. Lo que dijeran o
pensaran de él le tenía sin cuidado. Se paraba en el lugar más visible y
procedía a darse placer. No es que estuviera loco y fuera incapaz de contemplar
el efecto que su comportamiento producía en los demás. No. Tampoco vivía en una
sociedad en la que esa práctica fuera común. Lo hacía porque quería dar un
mensaje: la reputación le era un asunto irrelevante del que no valía la pena tomarse
tantos esfuerzos en acatar las normas.
Juan Sabines
Guerrero mucho se le parece. Y no me refiero sólo a su grotesca demagogia, sino
también a que corroe la política a través de la palabra y los hechos. Actúa con
voluntad de burla y no le interesa la opinión que la gente tenga de él. Pero
eso es el cinismo: la indiferencia al juicio de los demás. Como dice el
filósofo Raymond Geuss, a quien transcribo enseguida, la demolición de la
decencia era, para el cínico, requisito esencial de la autoafirmación.
El primero de
noviembre, en la toma de protesta por un segundo periodo al frente del
consulado en Orlando, dijo en un tuit: “Es un alto honor representar a México,
al gobierno de nuestro querido presidente Andrés Manuel López Obrador y al
canciller Marcelo Ebrard en el Centro y Norte de Florida. Gracias a quienes
gentilmente acudieron hoy al Consulado, vamos a responder con Hechos, No
Palabras. Hoy iniciamos…”.
¿Es en serio? Juan
Sabines no tiene respeto. ¿Cómo se atreve a decir eso que tan sólo afirma su
falta de autoridad moral y cinismo? Al tuit pueden dársele distintas lecturas,
pero todas se centrarán en que al exgobernador le valen madre los juicios de
los chiapanecos. Igual que Diógenes, se burla, hace como si el prestigio fuera
un adorno inservible, dice lo que le venga en gana como si fuera un gracejo
inocente. Política de la desvergüenza.
CARACTERÍSTICAS DEL CÍNICO
Ante esa reacción
de quien absurdamente ha sido ungido cónsul, no podemos hacer más sino sólo
criticar, poner en claro que todo lo que dijo en ese mensaje es una farsa.
Imposible encontrar luz en las tinieblas. No pude haber una verdadera
representatividad diplomática donde sólo ha habido traición, oportunismo, incongruencia,
inmoralidad y un título familiar bajo sospecha: características del torvo
exgobernador.
Traición. Juan
Sabines Guerrero es un político en quien no se puede confiar. Nada sabe de lealtades.
Primero se muestra como una persona de respeto, un buen amigo, complace a
quienes le ayudan, pero una vez que ha obtenido lo que busca de ellos los apuñala
por la espalda con una saña increíble. Hasta podría decirse que disfruta
haciéndole mal al que le dio de comer.
Llegó a Chiapas en
1998. No tenía amigos ni dinero. Aunque en su currículum aparecen algunos
cargos públicos antes a esa fecha, la situación es muy distinta. Era un
político cualquiera, desconocido, sin arraigo, sin trayectoria, ignorante del
estado, que había venido acompañado de su familia con la promesa de ser nombrado
subdelegado del ISSSTE, cosa que no se logró. En ese momento su madre le pidió
al priista Manuel de la Torre que lo ayudara, así fue que encontró un lugar
para vivir, comida para su esposa e hijos y una oportunidad para abrirse camino
en la política.
Gracias a De la
Torre, Sabines conoció a gente importante de la clase empresarial, de la
política y del periodismo, quienes durante un tiempo le ayudaron a pagar sus
gastos. También por el profesor Manuel de la Torre obtuvo un empleo en el PRI
como presidente de la filial de la Fundación Colosio, cuyo nombramiento se lo
dio el entonces dirigente estatal del partido José Antonio Aguilar Bodegas.
Sin embargo, cuando
se convirtió en gobernador se olvidó de todos los que lo ayudaron. A De la
Torre, que lo alimentó de su propia mano, lo encarceló a los ocho días de haber
asumido la gubernatura acusándolo del delito de atentados contra la paz y la
integridad corporal y patrimonial de la colectividad y del Estado. Pero en
realidad su delito fue haber sido operador de Aguilar Bodegas, que fue candidato
del PRI al Gobierno del Estado en las elecciones de 2006.
A Josean, como
también es recordado el ex priista, lo acusó falsamente de asociación
delictuosa y operaciones con recursos de procedencia ilícita y de intento de
homicidio. Eso terminó en una cruenta persecución política en la que Sabines
intervino para que fuera girada una ficha roja de la interpol contra Aguilar
Bodegas, quien tuvo que huir del estado. Ese pago le dio al que le proveyó un
trabajo para sostener a su familia.
TRAICIÓN A SU PADRINO
También traicionó
a Pablo Salazar. Recordemos que Salazar fue en sus tiempos de juventud un aguerrido
jugador de basquetbol. Y, pues, en esos años, recibió un importantísimo apoyo del
entonces gobernador de Chiapas, Juan Sabines Gutiérrez, quien se distinguió por
ser un fuerte promotor de equipos de fútbol y baloncesto. Así que en agradecimiento
por lo que en el pasado obtuvo de su padre, ayudó al hoy cónsul en su anodina
carrera política. En pocas palabras, se convirtió en su principal benefactor y
padrino político.
Para las
elecciones estatales de 2001, Pablo Salazar negoció para que el PRI le diera a
Sabines la candidatura por la diputación local de la zona oriente de Tuxtla
Gutiérrez. Una vez en el Congreso del Estado, medió para que fuera designado
titular de la Comisión de Desarrollo Social y lo bautizó como el primer presidente
de la Mesa Directiva de la LXI Legislatura. Esto último cuando Salazar logró desaparecer
la Gran Comisión a través de argucias reformistas con tal de arrebatarle el
control del Poder Legislativo a la bancada priista.
En 2004, Salazar
volvió a negociar con el PRI para que Sabines fuera hecho candidato a la
presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez. Sabines logró “ganar” la alcaldía
con el 67% de los votos válidos. En la noche de la elección, en Casa de
Gobierno, Pablo mostró un gran regocijo ante sus colaboradores por el triunfo
de su ahijado. Hasta dijo: “Ese triunfo es mío y para mí”.
La candidatura al
Gobierno del Estado también se la debe a Pablo Salazar. Fue éste quien hizo
tratos con el PRD cuando Sabines fue desechado por el PRI.
De tal manera, se
dice que Pablo puso dinero, vehículos y personal del gobierno para favorecer el
proyecto de Sabines Guerrero e hizo todo a su alcance para hacer ganar a quien
se convertiría en su sucesor.
Se le abrieron las
puertas al fraude. Hubo compra de votos. Una exagerada inversión en publicidad
del candidato. Nadie, excepto la oposición, dijo nada por los excesivos gastos
de campaña. Fue tanto el robo que hasta Mariano Herrán Salvatti, ex fiscal y
mano derecha de Salazar, fue visto en las instalaciones del IEPC el día de la
elección cambiando urnas con votos repletos a favor de Juan Sabines.
Pablo Salazar se
sentía tan satisfecho de su creación que en su sexto Informe de Gobierno le
pidió al pueblo: “¡Ayúdenle! Denle fuerzas sin regateos. Háganlo su líder hasta
que logren, al final de la jornada, que Juan Sabines Guerrero se convierta en
el mejor gobernador de Chiapas”.
El 7 de junio de
2011, Juan Sabines lo encarceló bajo la acusación de “ejercicio indebido del
servicio público” por diversos hechos durante su administración. Cría cuervos y
te sacarán los ojos.
Continuamos mañana.
¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario