El cinismo es
mucho más que simple desvergüenza. No muestra respeto ni recato por nada y por
nadie. El cínico hace lo que quiere cuando quiere. Sólo le importa satisfacer
sus necesidades y contempla impasible la repugnancia que provoca en los otros.
En el mercado donde Diógenes, el cínico, se masturbaba pública y
reiteradamente, lo hacía sin ningún rubor, sin remordimiento alguno. Por eso mismo,
el cinismo debe ser tomado moralmente en serio. También políticamente.
Destaqué ayer una
condición moral del exgobernador Juan Sabines Guerrero: la traición. Hoy
veremos algunas más para poder comprender con exactitud el mensaje que dio al
mundo a través de Twitter al asumir nuevamente el cargo de cónsul en Orlando,
Florida. Ese en el que asegura que “es un alto honor representar a México” y que
va a “responder con Hechos, No Palabras”.
Recordemos que en
ese mismo tuit se refiere a Andrés Manuel López Obrador como “nuestro querido
presidente”. ¿De cuándo lo es para él? Otra condición moral de Sabines es el
oportunismo.
Al ser desechado
por el PRI, Pablo Salazar abogó por Sabines ante Jesús Ortega, Jesús Zambrano y
Carlos Navarrete, entonces mandamases del PRD. Pero quien dio su visto bueno,
quien dio la última palabra, fue AMLO. Así logró ser candidato a gobernador en
la misma fórmula con el tabasqueño. Hasta dijo: “He aceptado la nominación del
PRD por mi coincidencia de ideas con Andrés Manuel López Obrador”.
No obstante, en
los fraudulentos resultados de las elecciones de 2006 le dio la espalda a quien
hoy llama querido presidente. Lo primero que hizo fue declarar ante los medios
nacionales que reconocía el triunfo inobjetable de Felipe Calderón Hinojosa. Y
durante los seis años de su mandato se entregó plenamente al hoy ex panista. No
sólo le aplaudía las ocurrencias, también era partícipe de ellas. Fue de los
primeros gobernadores en respaldar la guerra contra el narcotráfico.
Sabines sabía que
llegó a ser gobernador de Chiapas por AMLO. A pesar de ello lo volvió a
traicionar en 2012. Pues se dice que apoyó con muchos millones de pesos la
candidatura de Enrique Peña Nieto. El acto público del PRI-PVEM en el estadio
Víctor Manuel Reyna y el triunfo electoral del priista en Chiapas son prueba de
que Sabines Guerrero operó en contra del proyecto de López Obrador.
OTROS ASPECTOS
Otros aspectos en
la conducta pública de Juan Sabines son la incongruencia e inmoralidad.
¿Puede el
pervertido dar lecciones de castidad? Imposible. Juan Sabines Guerrero, más
allá de su incapacidad en el terreno de la diplomacia, es un símbolo de la
corrupción nacional. Sabe cómo aprovecharse de cada cargo público y quedar
impune.
Incongruencia se
interpreta como la falta de correspondencia de una cosa con otra, y como hecho
o dicho ilógico y contradictorio. Sabines nunca ha sido un político de ideales
firmes, de principios y de verdadera vocación política. Como la veleta, es
arrastrado por los vientos que alimentan sus propios intereses.
Nació para la
política en el PRI, pero no por convicción sino por necesidad. El PRI le dio de
comer y la oportunidad de hacer carrera. Y renunció a éste por ambición y se
pasó al bando de El Sol Azteca, con el que llegó a ser gobernador. Siendo perredista,
apoyó en la sucesión a los candidatos del PRI-PVEM, tanto para la gubernatura
como para la Presidencia de la República, traicionando a María Elena Orantes y
a AMLO, del PRD.
El presidente
priista lo hizo cónsul en junio de 2015 en pago de facturas políticas. En 2018,
en lugar de apoyar al candidato del PRI, como hubiera hecho cualquier político
que sabe de lealtades, apoyó al de MORENA. Así que esta vez fue enviado como
titular del Consulado en Orlando por el presidente morenista. Incongruencia
política e ideológica.
Además, en su
etapa como diputado local fue servil al gobernador y obtuvo los favores de éste
para convertirse en presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez. Ergo, utilizó la
alcaldía de trampolín para saltar a la gubernatura. En ese trayecto fugaz cumplió
los caprichos de Pablo Salazar, renunció a su militancia y presuntamente desvió
dinero del erario tuxtleco para financiar su campaña al gobierno del estado. Y
siendo gobernador se despachó con la cuchara grande. No gobernó. Sus seis años
como Ejecutivo estatal fueron un día de campo. Se la pasó entre frivolidades, bacanales,
escándalos de corrupción y abusos de poder. Incongruencia e inmoralidad.
Ahora bien, eso de
que va a responder a la encomienda con Hechos, No Palabras, es pura demagogia. Pues
lo mismo dijo como mandatario y fue un irresponsable. Recibió al estado con una
deuda manejable y lo entregó con una por arriba de los 40 mil millones de
pesos. No hizo nada por combatir la pobreza, la miseria, el atraso social y
educativo. Abandonó a los migrantes centroamericanos a su suerte y no diseñó
políticas para detener el flujo migratorio de chiapanecos hacia Estados Unidos.
Es decir, no generó oportunidades de trabajo y de desarrollo. Y cuando dijo que
enfrentaría la dispersión social de las comunidades indígenas, la estrategia de
las Ciudades Rurales Sustentables terminó siendo tapadera de corrupción. Igual
que el proyecto de biodiesel.
300 mil pobres más
fue el resultado de su “gobierno”. Asimismo, cuatro millones 293 mil 459 personas
con el más bajo índice de desarrollo humano, de acuerdo con reportes de la ONU.
Y, en 2010, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
identificó que Chiapas tenía 28 de los municipios más pobres del país.
Por otro lado, el Artículo
20 de la Ley del Servicio Exterior Mexicano establece que para ser designado
embajador o cónsul se requiere, entre otros requisitos, reunir méritos
suficientes para el eficaz desempeño de su cargo.
¿Qué méritos reúne
Juan Sabines si ha sido un político de malos resultados y peor reputación? No
sólo fue un gobernante corrupto y arbitrario, sino también una persona de la
que dicen tiene un grave problema con el alcoholismo y el uso de sustancias
psicotrópicas. Nada más por el simple rumor debería ser sometido a exámenes
toxicológicos porque al desempeñar un cargo diplomático funge como nuestra
imagen en el extranjero.
¿BASTARDO?
Por todo lo anterior,
Juan Sabines no merece tal distinción. Su política es la del descaro. Es un
inmoral al que el juicio colectivo le es irrelevante. Es un hombre equipado
para dar rienda suelta a sus apetitos. Por tanto, su tuit fue como masturbarse
ante el mundo y gritar: “mírenme, que me vale madres su indignación”.
En nada se parece
a Don Juan Sabines Gutiérrez, su supuesto padre: ese político sin dobleces, de
palabra, hombre cabal, íntegro, que siempre fue agradecido con quienes le
tendieron la mano. Por esos atributos y su buen desempeño es considerado uno de
los mejores gobernadores que ha tenido Chiapas.
Y digo supuesto
padre porque fue el propio exgobernador el que decía que Juan Sabines Jr. no
era su hijo. Y si lo reconoció fue por la insistencia de la señora Patricia
Clark, esposa del influyente ex mandatario de Chihuahua, Óscar Flores Sánchez,
quien fue muy importante en el crecimiento político de Don Juan Sabines.
De no tener el
famoso apellido, el hoy cónsul fuera un don nadie, un perfecto desconocido, tan
miserable como cuando llegó a Chiapas aquel lejano 1998. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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