Al llegar al
primer año de gobierno de Carlos Morales Vázquez pensábamos que había sido un
fracaso. Lo pensábamos cierto porque, más allá de los malos resultados, no
cumplió con las expectativas que generó siendo parte del régimen que proclama la
cuarta transformación del país. Partidarios del gobierno, militantes de MORENA
y hasta algunos de los allegados del presidente municipal aceptaban que
fallaron.
Nada de eso,
responde una y otra vez el alcalde por medio de sus comunicados de prensa. No
debemos dejarnos confundir –dice- por la perversidad de la oposición, por la
prensa despreciable. El gobierno ha sido un éxito rotundo. Los cambios están a
la vista. Desde el primer minuto fue un victorioso despliegue de políticas
públicas de las que todos deberíamos sentirnos orgullosos. Un gobierno honesto,
comprometido y austero que ha logrado imponerse a los males históricos de la
ciudad a través de un ejemplar ejercicio del poder.
La autocrítica no
es propia de ningún gobernante. Niegan sus errores. Mienten para salir airosos
de una mala decisión. Tergiversan la realidad por medio de boletines oficiales
que carecen de toda verdad. Si construyen un puente y se cae, o intentan capturar
un criminal y luego lo dejan ir, les echan la culpa a los conservadores, a los
enemigos del “cambio verdadero”. Ellos no tienen permitido fracasar, son seres
perfectos a los que nadie tiene que recriminarles nada.
En esa tendencia funcionan
los boletines del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez. Hacen ver cada acto del
edil como una victoria digna de celebrarse. Se difunden con vehemencia para que
todos nos enteremos de que ahora sí hay alguien gobernando en la capital
chiapaneca. No importa si se deprenden de la razón o de la decencia con tal de
rendir homenaje al gobierno. Están dotados de una convicción a prueba de
sentido común.
En realidad, nos
dicen, en Tuxtla hay gobernabilidad. Abramos los ojos: no hay violencia, no hay
criminalidad, no hay corrupción, se han resuelto los problemas de la basura,
del alumbrado público, del agua potable y si la ciudadanía está contenta es porque
por fin se les hizo justicia y porque Carlos Morales Vázquez manda en la ciudad
con su majestuosa autoridad moral. Y si hay crítica, si hay voces que niegan
los avances y los logros, si dicen que estamos peor que antes es porque están de
rodillas ante el líder del pueblo tuxtleco. Al querer difamar al alcalde, tan solo
exhiben su oportunismo y debilidad.
CONTRADICCIONES
Encandilan las
palabras del alcalde capitalino en sus fogosos comunicados: “En materia de seguridad, la participación de
manera puntual en la Mesa de Seguridad de la Zona Metropolitana, en la que se
acuerdan trabajos que han dado resultados positivos, gracias al esfuerzo
conjunto de otras instituciones de los tres órdenes de gobierno y de los
municipios de la zona metropolitana, lo que ha permitido que evaluaciones
elaboradas por autoridades federales y el INEGI, demuestren en sus
registros la disminución del índice delictivo en Tuxtla Gutiérrez”.
Ajá.
No
recuerdo cinismo comparable. Recuerdo que los anteriores presidentes
municipales proclamaban sus supuestos logros, pero sin llegar a hacer homenaje
de sí mismos. Se daban agasajos, sí, aunque tenían criterio para el silencio.
Reconocían que había basuras que simplemente no podían convertirse en joyas.
Estaba en ellos la habilidad que consistía en cambiar de tema. Mirar para otro
lado para que el fiasco se olvidara pronto.
Cuando
Fernando Castellanos supo que no podía cancelar el contrato con Proactiva, siendo
esa una promesa de campaña, pagó para difundir en los medios que llevarlo a
cabo sería perjudicial para las finanzas del municipio. Dio a conocer la
cláusula que exigía una indemnización de casi mil millones de pesos a favor del
consorcio por anular el convenio. Fue su manera de excusar su incompetencia.
Yassir Vázquez al ver malograda la obra ¡Qué viva el centro!, misma con la que
quería pasar a la historia, prefirió huir de la ciudad y buscar protección a
dar una versión diferente de su enorme fracaso.
Ninguna
de esas cobardías se encuentra en Carlos Morales. Él no se calla ni cierra los
ojos: toma su error por los cuernos y lo transforma en uno más de los
maravillosos momentos de su presidencia ilustre. Ese es el valor de quien no se
acobarda con decencias y moralidad.
Tanto
en sus discursos como en sus comunicados habla de haber conseguido un mejor
trato con Proactiva/Veolia, de la prestación de un mejor servicio a la
comunidad y de condiciones más favorables para las finanzas públicas. Pero
detrás de esa palabrería oculta que reconoció una deuda que no procedía, que
está pagando más que su antecesor y que protege a esa empresa por el daño
ecológico que ha provocado durante todos estos años.
También
habla de que la implementación de campañas contra la violencia y el acoso
sexual en espacios públicos, pero protege a Paul Chong, empleado de la
Secretaría General del Ayuntamiento que amenaza constantemente a una empleada y
hasta le ha hecho daño a su familia al no tener relaciones sexuales con él. Y
nada dice ante las acusaciones de dos trabajadoras de la Dirección de Mercados
y Panteones que aseguran ser víctimas de hostigamiento sexual por parte del
director Erisel Sánchez Álvarez.
Carlos
Morales ha gastado mucho dinero en la promoción de las dos campañas “Limpiemos
Tuxtla”. Afirma que en la más reciente participaron instituciones académicas,
religiosas, cámaras, colegios de profesionistas, diputados, dependencias
gubernamentales, comités ciudadanos y miles de voluntarios. Y celebra que con
ello hoy tenemos una ciudad más digna. Lo que no dice es qué negocios hace con
la basura, porque la basura también es dinero.
El
20 de junio, ante empresarios de la COPARMEX Chiapas, expuso los avances de su
administración gracias al reordenamiento administrativo y financiero. E hizo
hincapié en la eficiencia del gasto público y el combate frontal a la
corrupción.
No
obstante, hay aviadores en la nómina municipal, presuntos conflictos de interés
de su hermano Jorge, de quien se dice asigna de manera directa los contratos de
obra pública y, últimamente, trascendió que en contubernio con el director de
Mercados y Panteones y los administradores de los mercados Juan Sabines y San
Juan cobra un “derecho” por la venta de temporada de Todos los Santos.
Este
supuesto derecho consiste en cobrar a cada locatario la cantidad de cien pesos,
que no se sabe si irán a parar a la Tesorería Municipal, y a cambio les dan un
comprobante con un valor nominal de 3.50 pesos. Al reverso, escrito a mano, se
señala la cantidad de 100 pesos y la fecha de cobro.
ODA A LA PODREDUMBRE
Puedo
entender el argumento del autoelogio, pero lo de Carlos Morales es otra cosa.
No es la ponderación de efectos de acciones de gobierno, sino la glorificación de
lo podrido. Sus comunicados oficiales, en los que en agosto gastó más de 120
mil pesos diarios en su difusión en diversos medios, brota una realidad
inexistente, infectada de sospecha.
Exijamos
cuentas reales. A Carlos Morales le pagamos para que gobierne, no para darnos
atole con el dedo. Hay que hacerlo ya, porque si en su soberbia fue capaz de
asegurarnos que Tuxtla es una ciudad segura y limpia, pronto saldrá a
declararnos los sabrosos aromas de sus presidenciales heces. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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