La historia del
poder está plagada de abusos, ambiciones, crímenes, de costosas obsesiones y
perversidades. No es difícil encontrar ejemplos. Pero no creo que pueda
encontrarse, en la larga historia política de Chiapas, una decisión más
estúpida que robarse la elección interna de MORENA del Distrito 9 de Tuxtla
Gutiérrez. Porque lo que sucedió en el salón Tiffarr el reciente 19 de octubre
no merece otro calificativo, fue una estupidez gigantesca. A cada cosa, su
nombre.
El presidente
Andrés Manuel López Obrador, líder moral de Morena, fue claro cuando dijo que “se
pedirá la renuncia al cargo a quienes lleven a cabo cualquier práctica
antidemocrática”. Porque no permitiría en su gobierno algo tan nefasto como los
fraudes electorales.
Pero al diputado
local de Morena Marcelo Toledo Cruz le valió una pura y dos con sal. Decidió
meter las manos en la elección de los congresistas, manipularla, bloquear a sus
adversarios y hacerse del poder a cualquier costo. Le ganó la ambición y no se
dio cuenta del daño que provocó al partido y a sí mismo. El estúpido no es un
tonto, dice Carlo M. Cipolla. Lo caracteriza su capacidad para causar perjuicio
a otros y a él mismo. Así que, si alguna vez fue considerado un político
íntegro ahora es un estafador.
ASÍ OCURRIÓ
Marcelo Toledo es
presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado de
Chiapas. Y sus más cercanos colaboradores operaron la asamblea distrital en
mención. Se encargaron de controlar el acceso al evento, registrar a los
participantes, acarrear gente y hasta hubo quienes compraron votos.
La estafa fue
desde el inicio. El arranque de la asamblea debió ser a las 06:30 de la mañana y
empezó hasta las 08:40. El presidente del congreso distrital, un tal Gabriel
Pérez, que no se acreditó con el nombramiento, llegó a Tuxtla alrededor de las
08:00 a.m. proveniente de la Ciudad de México, cuando de acuerdo a la Guía para
la Realización de los Congresos estaba obligado a estar desde un día antes para
visitar el lugar de las actividades y revisar la logística. Primera violación.
Ese día decenas de
morenistas se presentaron al salón Tiffarr, ubicado al lado oriente de la
capital chiapaneca, pero encontraron las puertas cerradas. Estaban custodiadas
por 14 personas con playeras blancas en las que se podía leer la leyenda “Logística”.
No dejaron pasar a nadie. Aun presentaran su credencial de militancia y la “QR”
impresa de pre-registro bajada de la página oficial de Morena.
Los de “logística”
recibían órdenes de otras tres personas, que estaban vestidas de civil y sin
identificación a la vista. Eran éstos los que decidían quien sí y quien no
ingresaba al lugar. Uno de ellos era Josué Blanco, secretario particular del
diputado Toledo Cruz, quien se conducía como autoridad de la asamblea
distrital. Se dice que él dio la orden de no dejar pasar a los verdaderos
militantes, sino sólo a los acarreados.
El acarreo de
personas, que no-militantes, se hizo mediante camionetas. Una de éstas era de
la marca Ford, sin placas de circulación. Otra tenía las placas número
CX-96-600. En éstas fueron transportadas cientos de personas, en su mayoría
indígenas (aproximadamente 150), probablemente del municipio de Zinacantán. Si
el evento era del distrito electoral tuxtleco, ¿qué hacían hombres y mujeres de
origen étnico?
Dentro del lugar
se acomodaron dos mesas de registro. En una sólo revisaban si la credencial de
elector correspondía a quien la presentaba. En la otra, a los morenistas que
mostraban su QR impreso y su credencial para votar, sistemáticamente les
negaban el acceso bajo el pretexto de que no se encontraban en el padrón de
afiliados. Pero era falso. Eran militantes legítimos a los que les negaron su
derecho a votar y a no participar en el proceso de elección.
A los que les
permitieron el ingreso no les exigieron portar el gafete y no fueron
debidamente acreditados. Los gafetes de “acreditación” de los acarreados se
entregaron en blanco y no se instaló la mesa de aclaración para revisar los
casos de los morenistas que según no aparecieron en el padrón. Además, la
paquetería electoral no fue resguardada, es decir, las boletas estuvieron todo
el tiempo expuestas.
Hubo coacción del
sufragio. La gente de logística que había sido identificada como trabajadores
de Marcelo Toledo, entregaba las boletas, quitaba el gafete a los electores
para tacharlo, decía por quién votar y frente a ellos se emitía el voto.
No es todo.
Estrella Marisol Camacho Toledo, sobrina directa del diputado Toledo Cruz,
quien es trabajadora de mando medio en el Congreso del Estado con un sueldo
mensual de 32 mil pesos, estuvo intercambiando boletas a los acarreados con la
indicación de que anotaran los nombres y sólo devolvieran la boleta que ella
“discretamente” entregaba. En el colmo, salió electa con 118 votos, aunque
nunca mostró un documento que diera fe de su separación del cargo en el Poder
Legislativo, que es requisito indispensable para participar y ser electo
congresista.
Asimismo, José
Martín Ramos Calvo fue electo con 80 sufragios, siendo actualmente empleado de
la Junta de Coordinación Política del Congreso local.
Luis Vicente
Guillén Pérez, director del COBACH 33, en Tuxtla Gutiérrez, participó sin
siquiera ser militante. Se dice acarreó gente de dicha escuela y la metió a la
asamblea por la puerta trasera del salón, y todos votaron. También lo vieron a
fuera del lugar, dentro de una camioneta, pagando 500 pesos por voto. Supuestamente,
usó recursos del Congreso chiapaneco.
Hasta hubo
cachirul. Se trata de Mauricio Sosa Liévano, del Partido del Trabajo, quien resultó
electo. Ilegalmente lo hicieron pasar por su padre Mauricio Sosa Merchant.
Todo ese cúmulo de
irregularidades fue dado a conocer al presidente del congreso Gabriel Pérez, pero
dijo que no tenía facultades para levantar acta de queja y mucho menos para determinar
si habían hechos suficientes que perjudicaran el resultado de la elección.
Mentira. La base octava de la convocatoria, en el párrafo quinto, dice: “La
presidenta o el presidente del Congreso podrá determinar si existen hechos que
ameriten denuncia ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, y
recibirá o levantará los escritos de queja correspondientes”.
En resumen, Gabriel
Pérez fue cómplice. No dio el número real de congresistas registrados y
acreditados, no dio certeza del quórum legal al inicio y cierre de la asamblea,
omitió revelar el número de votos que obtuvieron todos los participantes, pues sólo
dio a conocer a los supuestos diez primeros lugares. A la hora de dar los
resultados y hacer toma de protesta no había más que 63 personas, entre
aspirantes, mesa del presídium y staff, ya que a las dos de la tarde alrededor
de 500 personas abandonaron el lugar.
TRAICIÓN
Hay muchas
evidencias para negar que hubo corrupción y fraude en esa elección de Morena
que debería quedar sin efectos y traer consecuencias legales para los
defraudadores.
Después de esto,
no quepa duda que la mayor amenaza para Morena no está en la oposición, sino
entre sus militantes. Y si al diputado Marcelo Toledo le queda un poco de dignidad
debería renunciar a su militancia. No sólo decepcionó a la cuarta
transformación, también al pueblo. La estupidez de querer robarse la elección
no fue una ingenuidad, fue una traición. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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