CHIAPANECOS EN LA ESTAFA MAESTRA


La investigación periodística que reveló el escándalo de corrupción más importante en los últimos años en México comenzó a ser documentada por la Auditoría Superior de la Federación, que al revisar la Cuenta Pública 2013 descubrió un sorprendente mecanismo para el desvío de recursos públicos que pudo tener origen desde 2010. Hablo, por supuesto, de la Estafa Maestra. 

En su análisis, la ASF alertó en febrero de 2015 que el gobierno federal usaba a las universidades públicas para triangular recursos y entregarlos a empresas irregulares. Destacó que para el ejercicio 2013, la Universidad Autónoma del Estado de México había realizado diversas operaciones ilícitas por más de 650 millones de pesos. En ese momento, nadie sabía, ni siquiera la propia Auditoría Superior, que eso era apenas la punta del iceberg.

Un año después, la ASF insistió en el tema al documentar que cuatro universidades públicas habían cometido irregularidades por poco más de 800 millones de pesos. Ambos reportes fueron difundidos por medios como HuffPost, Excélsior, Eje Central y Proceso, éste último publicó un presunto desfalco en el programa Cruzada contra el Hambre de la Sedesol.

Según el periodista británico Nicholas Tomalin se necesitan tres cualidades esenciales para tener éxito en el periodismo. Una de ellas –decía- es tener astucia de rata para “huronear y publicar cosas que la gente no quiere que se sepan”. Quienes demostraron tener esa astucia fueron los periodistas Nayeli Roldán, Manuel Ureste y Miriam Castillo, del portal informativo Animal Político, quienes lograron desenredar la madeja de corrupción que hoy tiene a María del Rosario Robles Berlanga con un pie a punto de pisar la cárcel.

A la sazón, ahí donde la ASF puso la mirada, ellos hicieron 517 solicitudes de transparencia a instancias federales y estatales, investigaron 186 empresas, visitaron 85 domicilios, realizaron más de 100 entrevistas y pidieron 24 entrevistas más con personas y entidades involucradas.

Tan épica pesquisa descubrió que entre los años 2013 y 2015 fueron entregados más de 7 mil 670 millones de pesos en contratos ilegales, de los cuales al menos 3 mil 433 millones simplemente desaparecieron en empresas inexistentes y otros mil millones se convirtieron en comisiones para las universidades. El resto del dinero se “invirtió” en servicios contratados a precios inflados.

Las tres principales dependencias que participaron en el fraude son la Secretaría de Desarrollo Social, con Rosario Robles como titular; el Banco Nacional de Obras, bajo la dirección de Alfredo del Mazo, actual gobernador del Estado de México, y PEMEX, entonces conducido por Emilio Lozoya. Y en toda esa red de complicidades tuvieron que ver instituciones chiapanecas y, obviamente, políticos chiapanecos.

EMILIO ZEBADÚA: EL PRINCIPAL IMPLICADO

De acuerdo a las investigaciones, las dependencias que se involucraron en el robo y desvío de recursos públicos está la Universidad Autónoma de Chiapas, siendo rector Carlos Eugenio Ruiz Hernández, y la Universidad Politécnica de Chiapas, institución educativa que sigue bajo el rectorado de Navor Francisco Ballinas Morales.

Pero en esta entrega nos enfocaremos en Emilio Zebadúa González, quien ocupó el puesto de Oficial Mayor tanto en la Secretaría de Desarrollo Social como en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano. Fue el principal operador financiero y gente de todas las confianzas de Robles Berlanga.

Zebadúa González es abogado. Fue consejero del desaparecido IFE, que organizó las elecciones del 2000. Y, ese mismo año, Pablo Salazar lo nombró secretario general de gobierno, cargo que ostentó hasta el 2003, al ser postulado por el PRD a una diputación federal.

Desde la Secretaría de Gobierno, presuntamente, ordenó desapariciones de líderes sociales y campesinos, encarcelamientos injustificados y en varias de las operaciones judiciales que él mismo planeó hubo muertos y decenas de heridos. Nunca escondió su odio a los indígenas.

En 2006, mandó realizar una serie de encuestas con las que pretendía sorprender a la cúpula del PRD apareciendo como el favorito a la gubernatura de Chiapas. Pero su postulación fue desechada y la candidatura del partido recayó en Juan Sabines Guerrero. Por tanto, aceptó la oportunidad que le ofreció el Partido Nueva Alianza y, el 10 de agosto de ese año, al ver que su proyecto no ganaba ni rechiflas, terminó declinando a favor del abanderado de la Alianza por Chiapas, José Antonio Aguilar Bodegas.

Al final de las elecciones, Zebadúa desapareció del escenario político y se refugió en un rancho de su propiedad por el rumbo de Ocosingo con tal de evitar la cárcel. Fuentes al autor de esta columna refieren que durante su autoexilio se dedicó a la agricultura y ganadería. Incluso, vendía leche, crema y queso fresco. Así, aparentando ser una persona honesta, los lugareños lo conocían como Jorge López López.

Pero nunca dejó de tener comunicación con los altos mandos del PRI. Fue gracias a esas relaciones que llegó a convertirse en presidente de la Fundación para la Cultura del Maestro del SNTE, y el 12 de diciembre de 2012 Rosario Robles tocó a su puerta con el nombramiento de Oficial Mayor de Sedesol.

CORRUPCIÓN Y COMPLICIDADES

Las revisiones de la ASF revelaron que Emilio Zebadúa tejió una red de corrupción que, por un lado, benefició a familiares, compadres y amigos de Robles Berlanga. Muchos políticos del PRI incluidos. Por el otro, impuso a sus incondicionales en puestos clave y éstos a su vez repartieron cargos entre sus allegados. Formando una amplia y poderosa organización criminal.

Entre las muchas funciones del Oficial Mayor está la de administrar y avalar la entrega de recursos en las dependencias, según establece la estructura orgánica. Es decir, Zebadúa tenía en su poder el manejo del dinero de programas, proyectos y era el encargado de asignar los diversos contratos de bienes, obras y servicios.

Por ejemplo, el 1 de marzo de 2013, como Oficial Mayor de Sedesol, firmó los primeros convenios con la Universidad de Morelos y del Estado de México para la realización de servicios de la Cruzada Nacional contra el Hambre, pero la ASF comprobó que hubo una simulación de operaciones. El monto defraudado fue por más de mil 195 millones de pesos. De esto hay 6 denuncias penales.

Otros señalamientos en su contra son por el desvío de despensas que supuestamente sirvieron para respaldar las aspiraciones políticas de amigos suyos en Chiapas. También por el fraude de los recursos del programa Sin Hambre en los estados de Yucatán, Tamaulipas y Estado de México, que terminaron invertidos en las campañas del PRI.

El 1 de septiembre de 2015 fue nombrado Oficial Mayor de Sedatu, y es responsable (junto con Robles) de la firma de 12 convenios con ese modus operandi con universidades y organismos de comunicación, que suman mil 24 millones de pesos en 2015 y 2016, que tampoco se llevaron a cabo.

No es todo. En ese periodo estuvo acusado de desviar cientos de millones de pesos por la adjudicación directa de contratos del proyecto “Cuartos Rosas”, del que además dejó una lista de pagos pendientes. Al respecto, se dijo que exigía moches a los presidentes municipales para entregarles los apoyos. Cuentan que para liberar los pagos pedía el 22 por ciento del valor total de la obra. Y para cerrar con broche de oro se dijo que funcionarios a su cargo de apropiaron del dinero destinado a la reconstrucción de los daños del terremoto de septiembre de 2017.

No hay delito sin cómplices. Entre los que destacan están Ricardo Mejía Zayas, exdelegado de Sedatu en Chiapas; Ezequiel Orduña Morgan, exdelegado en Chiapas de la Procuraduría Agraria, y Sergio Lobato García, también extitular de la Delegación de Sedatu. Pero la mano derecha de Emilio Zebadúa era Roberto Gómez Morales, que de vendedor de hamburguesas en Tapachula pasó a ser un excéntrico millonario.

Hoy es dueño de un rancho de 42 hectáreas que compró por 816 mil pesos en 2014, bajo un nombre apócrifo, y en el que, extrañamente, invirtió más de 20 millones de pesos cuando su sueldo anual apenas rebasaba el millón de pesos.

Según investigaciones, Gómez Morales era el encargado de firmar los convenios con entes públicos estatales, que en el esquema de empresas fantasma sirvieron para el supuesto desvío de 5 mil millones de pesos.

Mañana hablaré sobre otro de los implicados: Navor Ballinas. ¡Chao!

yomariocaballero@gmail.com

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