Un gobierno
cómplice de los actos más atroces en cuanto a desvíos de dinero público, con execrables
escándalos de tráfico de influencias, que pide sobornos a cambio de contratos
de obra pública, que presume bienes inmuebles que son prueba irrefutable de la
complicidad entre funcionarios y empresarios, y cuyos secretarios de Estado están
implicados en fraudes al erario de los mexicanos y sus gobernadores son acusados
de enriquecimiento ilícito, es un régimen de corrupción. Eso fue el sexenio de
Enrique Peña Nieto: un abominable llamado a robar.
Muchos altos
mandos de la administración anterior dispusieron de fortunas sin rendir
cuentas. Un ejemplo claro es Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz que en
el éxtasis de su ambición se atrevió a tratar a niños con cáncer con agua
destilada. Llevó la rutina del hurto hasta el delirio. Fue un monstruo que
utilizó el poder para hacerse rico.
Ya sabemos que
Duarte se valió de un mecanismo para desviar recursos públicos. Conocemos que
entregó contratos millonarios a empresas fantasma que nunca realizaron los
servicios por los que fueron contratadas. El dinero, en realidad, terminaba en
los bolsillos de los funcionarios y, por supuesto, en los del exgobernador. Por
eso hoy está en la cárcel.
Sin embargo, él no
fue quien inventó este procedimiento y comparado con la exsecretaria de Sedesol
y Sedatu, Rosario Robles Berlanga, es apenas un niño en pañales.
Robles no
entregaba los contratos directamente a las empresas, sino primero se los
otorgaba a distintas universidades públicas y éstas lo entregaban a las
empresas que previamente les habían indicado. Y sólo por triangular los recursos
obtuvieron comisiones que, entre los años 2013 y 2015, alcanzaron la cifra de mil
millones de pesos.
Entre esas
universidades se encuentra la Universidad Politécnica de Chiapas (UPCh), que
dirige Navor Francisco Ballinas Morales. Esta es la cita que nos reúne hoy. Hablaremos
sobre su implicación en la Estafa Maestra, ya que fue un rector que acudió al
llamado a robar.
ANTECEDENTES
Navor Ballinas es
un residuo de la corrupta administración sabinista. Es ingeniero en Sistemas
Computacionales y tiene maestría en Tecnologías en Informática. Apadrinado por
Mauricio Perkins Cardoso, ex jefe de gabinete de Juan Sabines Guerrero que está
señalado de peculado y abuso de funciones, ingresó al gobierno y fue escalando en
la estructura gubernamental ocupando cargos importantes como el de
subsecretario de la Función Pública. Uno de sus últimos puestos fue el de presidente
de la Comisión Intersecretarial de Tecnologías de Información y Comunicaciones
del Poder Ejecutivo.
Considerado todo
un nerd de la computación, o más bien un hacker al servicio del poder, encabezó
proyectos tecnológicos como la conectividad en el desarrollo de la primera
Ciudad Rural Sustentable “Nuevo Juan del Grijalva” y el diseño del Data Center
en el edificio administrativo de la Torre Chiapas.
Sin embargo, ambos
casos terminaron siendo una tapadera de corrupción. El primero, como todos
sabemos, nació como un elefante blanco que fue anunciado como la panacea de la
dispersión social, pero hoy es un pueblo fantasma. El segundo, que fue
construido también con dinero de los chiapanecos, fue vendido a particulares
sin que nadie rindiera cuentas a los ciudadanos.
Pero entre todos
los trabajos que Ballinas hizo para Sabines Guerrero hubo uno en especial:
desarrolló un programa de espionaje.
Así, mientras el
hoy rector recopilaba información sobre las actividades de alcaldes,
legisladores, empresarios, periodistas, organismos civiles, partidos políticos,
sindicatos y hasta de los propios funcionarios, el Instituto de Comunicación
Social pagaba campañas mediáticas para desprestigiarlos. De esta manera, el
gobierno se deshizo de la oposición y muchos actores políticos, hasta
directores de medios de comunicación, terminaron injustamente en la cárcel.
El pago que
recibió Navor Ballinas por cometer tal ilícito fue la rectoría de la Universidad
Politécnica de Chiapas.
PARTÍCIPE DE LA ESTAFA MAESTRA
A partir de la
revisión de la Cuenta Pública 2013, 2014 y 2015, la Auditoría Superior de la
Federación presentó dieciséis denuncias ante la PGR (hoy convertida en Fiscalía
General de la República) por operaciones irregulares entre la Secretaría de
Desarrollo Social, universidades públicas e instituciones estatales de radio y
televisión por un monto de 2 mil 800 millones de pesos.
Entre las
denuncias la ASF interpuso una en contra de la UPCh, el 24 de octubre de 2017, que
ampara un fraude de 121 millones 600 mil pesos.
De acuerdo con
investigaciones, Navor Ballinas recibió a nombre de dicha institución a su
cargo 200 millones de pesos bajo el convenio 710.33901.13/2015, con una
vigencia del 14 de abril al 31 de diciembre de 2015. Luego, recibió otros 200 millones
que fueron inscritos en el convenio 710.33901.14/2015, con vigencia del 6 de
mayo al 31 de diciembre de 2015. Dichos recursos aportados por Sedesol eran
para la supervisión, control, mejora y monitoreo de los comedores comunitarios
del Estado de México, como parte del programa Sin Hambre del gobierno de Peña
Nieto.
Para hacer más
difícil seguir la ruta del dinero, Rosario Robles contrató bufetes jurídicos
que servían de intermediarios entre la dependencia federal y las universidades.
Uno de éstos fue el despacho Almeva, S.A. de C.V.
Por tanto, al
momento de que la ASF hizo las revisiones, la ex titular de Sedesol negó tener convenio
alguno con la Universidad Politécnica de Chiapas. No obstante, se supo que el
rector Ballinas Morales había firmado ambos contratos con Alejandro Ortiz
Monasterio, director de Almeva. Así que no hay forma de negar que se hizo la
transferencia de tan millonarios recursos.
Ahora bien, ¿qué
pasó con los 400 millones de pesos? La ASF es clara: Navor Ballinas no realizó
los servicios por el que fue contratada la universidad. Aunque sí subcontrató
otra empresa sin ningún tipo de licitación, es decir, violando las leyes. Y le
pagó 278.4 millones de pesos. El faltante, 121.6 millones, siguen hasta el
momento sin ser comprobados.
El fraude no
termina ahí. El 1 de marzo de 2016, Navor Ballinas obtuvo un nuevo convenio (SEDATU/UPPEI-UPCH/33901-07-2016) por un monto de 18.8
millones de pesos, pero esta vez de la Secretaría de Desarrollo Agrario,
Territorial y Urbano, dependencia de la que Rosario Robles asumió la
titularidad el 27 de agosto de 2015.
De esa suma, que
contrataba los servicios profesionales y técnicos para el Control de la
Estrategia de Inclusión Nacional de la Sedatu, Ballinas sólo comprobó 5
millones 568 mil pesos, los cuales fueron el pago para la empresa Innovación
Integrada, S.A. de C.V. La diferencia, que incurrió en sobreprecio de los
servicios pactados, se consideró como un beneficio o utilidad para la
universidad.
Éstas son las
irregularidades de uno de los cinco convenios que la Universidad Politécnica celebró
con Sedatu. Incluso firmó uno con el ISSSTE, el 24 de noviembre de 2014, por
259 millones 482 mil pesos, monto por el que se comprometía a la
administración, desarrollo, mantenimiento y soporte de la Unidad de
Administración de Proyectos y Calidad, que, según informes de la ASF, Navor no
pudo acreditar la realización, la selección de proveedores, ni el costo de los
servicios.
¿HABRÁ JUSTICIA?
Es un hecho:
Rosario Robles y su compleja red de corrupción abusaron de su poder para
desviar dinero público que terminó en campañas políticas del PRI y en sus
propios bolsillos. La Auditoría Superior de la Federación ha hecho un trabajo
formidable para desenmascarar a los pillos, pero la PGR no hizo nada en su
momento para hacer justicia a un pueblo harto de tantos abusos.
El tema aquí es
abatir la impunidad. Que los que cometen delitos terminen en la cárcel,
incluyendo aquellos que se roban el dinero de los mexicanos.
Ojalá que ahora
con la Fiscalía, que ha hecho imputaciones contra Robles por el desvío de más
de 5 mil millones de pesos, sea distinto.
Ya basta de tanta sordera
gubernamental. La gente clama justicia, y por eso también votó en las
elecciones pasadas. Porque no es posible que gente como Navor Ballinas goce de
un alto puesto en una institución educativa y se pasee como si no hubiera
pasado nada. No. Sobre todo, cuando entre los contratos con la Sedatu y el
Issste pudo embolsarse arbitrariamente alrededor de 156 millones 550 mil pesos.
¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
Comentarios
Publicar un comentario