Si realmente los
estudiantes de la Escuela Normal Rural Mactumatzá estuvieran siendo agraviados
en sus derechos, el Gobierno de Chiapas no habría podido menospreciar sus
protestas. Pero como no es así, de ahí la necesidad de usar la fuerza pública
para recuperar el orden. Hay que notar que la mayoría de los normalistas parecen
estar satisfechos con el trato que les da el nuevo régimen estatal, porque sólo
unas cuantas decenas participaron en las últimas movilizaciones. Vaya, no se
necesitan más para bloquear vías de comunicación.
Los bloqueos son
populares porque funcionan. Generan atención a los agravios. En muchas
ocasiones llevan a las autoridades a resolver problemas que en otras
condiciones hubieran dejado tal y como estaban. Aunque, si funcionan para
algunos, siempre dañan a terceros inocentes, pero esto -hasta ahora- no les
había importado ni a los manifestantes ni a los gobernantes. Por eso el
gobernador Rutilio Escandón ha anunciado resolver los problemas sociales de los
chiapanecos con respeto a los derechos humanos, inclusión y diálogo, para que
no exista la obligación de recurrir al uso de la fuerza.
Hace unos días el
presidente López Obrador dijo que detrás de las protestas hay “mano negra”. Estoy
de acuerdo. Muchas de ellas son manipuladas por organizaciones políticas que
las fomentan, financian y protegen. Las utilizan para desestabilizar gobiernos.
¿Se acuerda usted
de las violentas marchas y bloqueos que fueron instigadas en el pasado por la
CNTE y otras agrupaciones similares? ¿Del vandalismo de los normalistas? O ¿de
las organizaciones sociales que bloquean las carreteras en distintos municipios
del estado exigiendo cuota para transitar? En esas hubo mano negra e intereses
políticos que le apostaban a la ruptura del equilibrio gubernamental para sacar
prebendas y privilegios.
Ante lo cual,
¿puede prevalecer la estabilidad social y la democracia sin el imperio de la
ley, sin un verdadero Estado de derecho? De ninguna manera.
En el viejo
arreglo autoritario, la ausencia de un Estado de derecho posibilitó el surgimiento
de grupúsculos que hicieron de los movimientos sociales un redituable negocio.
La relación entre los grupos antagónicos y el gobierno se sostenía mediante
reglas no escritas. En ese contexto, policías, procuradores, ministerios
públicos y jueces no eran más que instrumentos facilitadores de los acuerdos
hechos en lo oscurito.
Por ejemplo, en
todos estos años la CNTE nunca presentó un argumento real para justificar las marchas,
plantones y otras actividades ilegales que ocasionaron graves pérdidas
económicas a la iniciativa privada y una crisis de gobernabilidad en el estado.
Se le hizo fácil decir que la reforma educativa de Peña Nieto contravenía los
derechos laborales de los maestros para emprender una lucha que no tuvo ni un
gramo de razón.
Nunca fundamentó cómo
es que las nuevas leyes en materia educativa perjudicaban a los docentes y
tampoco lanzó una propuesta alternativa para resolver la supuesta problemática,
es decir, agarró la reforma peñista como pretexto para emprender una
movilización que dura hasta nuestros días. Incluso cuando dicha reforma ha sido
modificada por el actual gobierno federal.
Y si las movilizaciones
de la CNTE continúan después de tantos años es porque las autoridades pasadas
en lugar de aplicar las leyes para castigar los delitos de esa agrupación,
cedió a los chantajes.
El gobierno en su
momento pagó infames cantidades de dinero a los líderes que hoy gozan de
cuentas bancarias millonarias, residencias y plazas burocráticas para sus
familiares. Una investigación periodística reveló que la administración pasada entregó
cientos de millones de pesos a la cúpula de la Coordinadora entre los años 2013
y 2017 para frenar los movimientos.
LOS NORMALISTAS
Igual sucedió con
los normalistas. A mediados de enero de 2016, alumnos de la Normal
Intercultural Jacinto Canek vandalizaron una terminal de autobuses en San
Cristóbal de las Casas, luego de que ejecutivos de la empresa les negaran el
préstamo de cinco camiones con los que pretendían trasladarse a Tapachula. El
acontecimiento quedó sólo como un reportaje de nota roja, ya que nadie fue
detenido por los importantes daños materiales.
En la mañana del
20 de diciembre del mismo año, unos cien estudiantes encapuchados llegaron a
las instalaciones de la Subsecretaría de Educación Federalizada (SEF) en dos
unidades del transporte público Conejobús. Rompieron cristales, destrozaron
papelería y mobiliario y se llevaron computadoras, electrodomésticos y equipos
electrónicos. En letras grandes y en rojo, escribieron: “CENECH”, que
corresponde a las iniciales de la Coordinadora Estatal de Normalistas del
Estado de Chiapas.
Ese mismo día,
minutos más tarde, en la Secretaría de Educación estatal rompieron los
cristales de las ventanas, quemaron papelería, destrozaron puertas, sillas,
escritorios y archiveros. También vandalizaron el cajero automático de un banco
que se encuentra en la planta baja del edificio. Hicieron pintas en las paredes
y quemaron doce vehículos oficiales con bombas molotov.
Tampoco hubo
detenidos. Y son sólo unos ejemplos.
Los estudiantes de
diversas escuelas normales en el estado han apelado a la violencia para exigir sus
demandas, entre éstas plazas automáticas. Y no les ha importado golpear a gente
inocente, provocar pérdidas económicas a las empresas y poner en riesgo,
incluso, sus propias vidas.
Ayer,
precisamente, durante la madrugada, los “futuros maestros”, todos estudiantes
de la Mactumatzá, con palos, piedras y tubos destruyeron computadoras,
archiveros, ventanas, puertas y cajeros bancarios de la SEF. El vigilante dio
cuenta que llegaron a bordo de un autobús de la OCC y en un camión de tres
toneladas, que suponemos secuestraron.
El comportamiento
de los normalistas no tiene razón de ser, pero son entendibles. No tiene razón
de ser porque en el presente año el gobierno del estado les ha entregado nada
más a la Escuela Normal Mactumatzá 13 millones 552 mil pesos, entre
aportaciones federales y estales, para alimentación, gastos de operación, renta
de transporte y gasolina, para prácticas docentes y para el proceso de
selección de aspirantes. Además, un dinero extra para el mantenimiento de un
tractor, para ayudas, para la participación en eventos pedagógicos y para la
compra de uniformes y material didáctico, que suma un millón 807 mil 20 pesos. Mismos
apoyos que hoy reclaman.
De enero a mayo,
por el concepto de becas, el gobierno federal les entregó 2 millones 400 mil
pesos y el estatal un millón 700 mil.
La Normal Jacinto
Canek, por su parte, ha recibido más de un millón 500 mil pesos para becas,
gastos de operación y mantenimiento de autobuses.
Y es entendible que
estos estudiantes se comporten de esa manera porque durante años obligaron a
los anteriores gobernantes a cumplirles sus caprichos a través del vandalismo.
Nadie les aplicó la ley. Nadie los hizo respetar el Estado de derecho. Al igual
que los maestros y otros grupos sociales, como el MOCRI, ganaron privilegios
mediante pactos en la clandestinidad.
RÉGIMEN DE DERECHO
El gobernador
Escandón Cadenas ha hecho de la legalidad la columna vertebral de su estrategia
para combatir la inseguridad. En muchos años, es la mejor de las apuestas para
restaurar el tejido social.
A mí no me
inquieta que este gobierno haga uso de la fuerza pública para desalojar
invasiones ilegales de terrenos o romper bloqueos, tal como ocurrió el pasado jueves
cuando policías antimotines expulsaron a los normalistas que mantenían cerrada
una intersección del libramiento norte donde tenían retenidas varias unidades
de empresas locales y transnacionales, así como pipas cargadas de combustible. Hubo
el riesgo de una explosión que pudo arrebatar muchas vidas.
Y no me inquieta porque
la obligación de todo gobierno es garantizar la seguridad, el bienestar y el
libre tránsito, y para ello tiene facultades constitucionales que nosotros los
electores le otorgamos.
Tener un gobierno
consentidor sólo sirve para otorgar impunidad a esos grupos vandálicos que
hicieron de las protestas una lucrativa industria y que trasgreden los derechos
de los demás. Así que siempre será preferible tener a los policías combatiendo
el crimen que seguir agobiados por la violencia y la intimidación.
Bien por el mandatario
Rutilio Escandón que ha optado por gobernar con la ley en la mano, ya que
aplicar la ley no es represión, sino impartir justicia. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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