“Y es que en el
mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del
cristal con que se mira”. El texto del famoso poema de Ramón de Campoamor
supone que todo evento puede interpretarse con subjetividad e incluso con arbitrariedad.
Habla del desencanto del mundo, de la realidad, esa que cada quien valora desde
su propia perspectiva. Es decir, basados según su conveniencia o perjuicio.
Por eso mismo, no
sorprende la diversidad de opiniones referente al tema migratorio y el
comportamiento del gobierno mexicano ante éste. Hay quiénes están a favor de
emplear a la Guardia Nacional para contener el flujo migratorio y quiénes
califican de salvajismo la forma con que personal de migración y militares tratan
a los centroamericanos. Aparte, un bando bastante numeroso juzga que la
estrategia del gobierno de López Obrador sólo le está engordando el caldo a
Trump.
¿Cómo deberían
apreciarse el fenómeno migratorio y las concernientes acciones del Estado?
Creo que en esto
no habrá por el momento un punto de acuerdo. Los que apoyan la estrategia del
presidente de México tal vez tengan razón. Alegan que entre las caravanas
migrantes hay personas malas, gente que se está aprovechando de la
circunstancia para expandir sus actos delincuenciales en nuestro país,
criminales que buscan obtener ganancias sembrando el terror, extorsionando,
secuestrando, formando nuevas redes de trata de blancas, etcétera. No lo sé de
cierto. Aunque hay mucho de verdad en ello.
Desde que dichas
caravanas migrantes comenzaron a llegar a nuestro país la delincuencia en la
franja fronteriza con Guatemala tuvo un incremento considerable. Se
multiplicaron los casos de violaciones sexuales, secuestros, asesinatos y
extorsión a comercios. Aquí, en la capital chiapaneca, han ocurrido asaltos en
que las víctimas aseguran que sus agresores eran extranjeros.
Hace unas cuantas
semanas me enteré de un robo a una tienda de abarrotes en la colonia Ideal,
ubicada en la zona sur oriente de Tuxtla Gutiérrez. La afectada relató a las
autoridades que a eso del mediodía se presentaron dos hombres en su pequeño
negocio. Eran altos, morenos, robustos y tanto su forma de hablar como su tono
de voz era la peculiar de la gente de Honduras. Iban pidiendo ayuda económica
para comprarse algo de comida. “Se veía que tenían necesidad”, dijo la señora. Agregando
que estaban todos sucios y se notaba el cansancio en sus rostros.
Así que de buena fe
se dirigió al mostrador para sacar de la gaveta del dinero una moneda para
darles. Pero cuando volteó a verlos éstos le apuntaban con una pistola. En cuestión
de segundos la sometieron. Uno de ellos la tiró al suelo y a empujones la metió
a la casa. Mientras el otro sacaba el dinero y tomó productos de la tienda que
metió en una mochila negra. Y como si nada hubiera pasado, huyeron con toda
calma y hasta el día de hoy nada se sabe de ellos.
Hay muchos casos
similares ocurridos en distintas colonias de la ciudad. Por lo cual se entiende
la aprobación de muchos ciudadanos al combate a la migración que está dando el
gobierno federal. Al respecto, hay una visión general (datos) de la opinión
pública mexicana.
El miércoles, el
periódico The Washington Post publicó los resultados de una encuesta que
realizó junto al diario Reforma, en el que investiga las actitudes de los
mexicanos hacia la migración. Y éstos son sin duda impactantes: el 51% está de acuerdo
con el uso de la Guardia Nacional para enfrentar el flujo de indocumentados en
México. Asimismo, un 55% apoya la deportación de potenciales refugiados
centroamericanos en lugar de darles residencia temporal en el país. Peor
todavía: el 64 por ciento de los encuestados dijo que los migrantes son una
carga para México “porque aceptan empleos y reciben beneficios que deberían
pertenecer a los mexicanos”.
Los resultados de
la encuesta ponen de manifiesto una clara xenofobia de los mexicanos, que podría
acarrear graves consecuencias. Pero, sobre todo, exponen la profunda falta de
comprensión de la sociedad sobre la trágica situación de los indocumentados que
no sólo son de Centroamérica, sino también de países africanos. Como se dice
coloquialmente, representa la otra cara de la moneda.
LA OTRA REALIDAD
En el mismo diario
estadunidense puede leerse un reportaje que recoge historias terribles contadas
por quienes las padecieron.
La primera es la
de una mujer hondureña. Cuenta ella misma que después de dos años de abuso
doméstico por parte de su esposo decidió huir con su hijo de diez años. Así llegó
a Tapachula y trató de ingresar a un refugio del gobierno. Como el lugar estaba
lleno, se quedó a dormir afuera. Fue entonces que un hombre que se identificó a
sí mismo como un compañero hondureño le ofreció su ayuda.
Pronto se encontró
atrapada en una casa, donde fue extorsionada y obligada a trabajar junto a
otras dos mujeres y niños. Fue agredida sexualmente. Pero por fortuna logró
escapar y se dirigió a Tijuana con la ayuda de la Agencia de Refugiados de las
Naciones Unidas. Ahora mismo está en el refugio conocido como Madre Asunta, una
casa azul con altas cercas donde espera una audiencia con las autoridades de Estados
Unidos.
Otra historia es
la de Juan Carlos, un migrante hondureño que fue atrapado en el país del Tío
Sam y enviado a Tijuana a esperar su proceso de asilo. Dice que se vio obligado
a abandonar su país tras el asesinato de uno de sus hermanos a manos de pandillas,
y no estaba dispuesto a arriesgar a Elkin, su hijo de 7 años de edad.
Juan Carlos y
Elkin cruzaron la frontera en Texas y al ser detenidos comenzó la pesadilla. Narra:
“Estuvimos dos semanas sin acceso a ducha. Me enfermé, el niño se enfermó”. Luego
fue trasladado a una instalación diferente para la deportación, pero los abusos
continuaron: “Un oficial me dijo: Aquí hay un montón de tierra para enterrarte.
Trump no te quiere aquí, y yo tampoco”. Pasó todo ese suplicio cuando Juan
Carlos sólo quería que su hijo tuviera una educación.
Una historia más
es la de Virna, una inmigrante salvadoreña a la que dos años atrás le
secuestraron y asesinaron a su único hijo varón.
A principios de
este año, los hombres que ella sospechaba del homicidio regresaron por su hija
adolescente, a quien querían reclutar como mula y prostituta. Así que huyó con
la joven y sus otras dos pequeñas hijas y no paró hasta llegar a Estados
Unidos, donde fueron atrapadas y la Patrulla Fronteriza las sometió a
interminables humillaciones.
“Nos tratan como
animales”, contó al periodista de The Post. Al ser detenidas, Virna permaneció
en silencio: “Ellos gritaban en inglés y yo sólo los miraba y mantenía la
cabeza baja”. Uno de los oficiales era hispano y en español, le dijo: “Mírame.
¿No puedes escucharme? ¿Por qué has entrado a mi país de esta manera, como un
animal? ¿Por qué no pedir una visa?”. Porque nunca me lo darías, respondió
Virna.
Cuenta ella que
después fue arrojada al suelo en un centro de detención, junto con sus hijas
menores, pues la de 16 años, la que había sido amenazada por matones
salvadoreños, permaneció en Estados Unidos separada de su madre. Hoy, Virna y
sus niñas están en Tijuana esperando su turno a ser atendidas.
EL PROBLEMA VIENE DE OTRA PARTE
Éstas son algunas
de las vidas que cuelgan de la tragedia que se gesta entre Centroamérica,
México y la Unión Americana. Que muchos mexicanos estén dándoles la espalda al
sufrimiento de miles de personas es un atroz fracaso moral derivado de la
ignorancia y la falta de preparación del gobierno mexicano para enfrentar una
crisis humanitaria de tal dimensión.
Tristemente, el
escenario podría empeorar. Pues las políticas migratorias de Trump, aplicadas por
la administración de López Obrador, aumentarán cuantiosamente el número de
indocumentados en México que tendrán que esperar aquí su respuesta de asilo. Por
lo cual, ciudades como Tijuana están en riesgo de perder el control al no
contar con los suficientes recursos ni refugios.
Claro, todo
depende del color del cristal con que se mira. Pero si el gobierno mexicano y el
de Estados Unidos se empecinan en sólo aplicar la ley y no pensar en cómo
ayudar a esas personas, muchas vidas se perderán. Y lamentaremos mucho cuando la
xenofobia ponga a México en un abismo en el que miles de personas tengan que robar
o asesinar para no morirse de hambre, en medio de bandas criminales que
reclutan y explotan a los extranjeros. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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