¿Por qué la
mayoría de nuestra sociedad tolera y calla los asesinatos contra las mujeres?
Dolorosamente, nadie ha podido responder la pregunta. Podríamos decir que existe
un silencio cómplice y bastante indiferente, sobre todo de las autoridades. En
cuanto a nosotros, los ciudadanos de a pie, tal vez la enormidad de la
violencia en el país nos ha vuelto insensibles ante el fenómeno y, por lo
mismo, hemos perdido la capacidad de sorprendernos.
Por fortuna,
alguien en Chiapas ha puesto el dedo en la llaga. Para que la cuña apriete ha
de ser del mismo palo, dice un refrán. Pues quien se ha atrevido a levantar la
voz al respecto es precisamente una mujer. Nadie mejor para entender el dolor de
perder una madre, una hija o una hermana, en escenarios sumamente desgarradores,
que alguien del mismo género.
La diputada Haydeé
Ocampo Olvera ha venido desde hace algún tiempo pidiendo a las autoridades chiapanecas
poner un alto al feminicidio y crear las condiciones de seguridad para las
mujeres. Y su intervención trasciende no sólo por el hecho de ser mujer, sino también
por tres factores elementales.
El primero tiene
que ver con el valor de denunciar la dimensión de los feminicidios desde la
tribuna máxima del estado. El segundo con argumentar que existen graves fallas
en el sistema judicial respeto al tema. Y, no menos importante, en lanzar e
insistir en la iniciativa de crear una Comisión especial para la atención de
los feminicidios, que el Congreso del Estado aprobó el 11 de junio pasado.
LA RAZÓN LE ASISTE
Se reconoce el
esfuerzo de Ocampo Olvera porque es logro suyo la anuencia de dicha comisión de
la que se espera mayores garantías jurídicas y de protección a las víctimas de
feminicidio. Pero más importante es que tuvo fundamentos para hablar y
empecinarse en el asunto.
Tuvo razón cuando
dijo que los feminicidios son un cáncer social. Porque en nuestro país son
asesinadas alrededor de 7 u 8 mujeres todos los días. Lo peor es que la saña
con que les quitan la vida es cada vez mayor: las dejan en desagües, en canales
de aguas negras, en lotes baldíos, en matorrales, encobijadas, dentro de
maletas, en bolsas de plástico, quemadas, descuartizadas, violadas y, más grave
aún, muchas de ellas mueren en el único lugar seguro que tienen: sus hogares.
En la mayoría, son sus parejas, exparejas, amigos, padres, hermanos o personas
cercanas quienes las matan.
Para entender el feminicidio
debemos partir de que se trata de un término homólogo a homicidio y que sólo
significa “asesinato de mujeres”, tal como lo define la antropóloga feminista
Marcela Lagarde.
En México, este
tema adquirió relevancia a partir de 1993, año en que se registró una cantidad
importante de mujeres desaparecidas o asesinadas en Ciudad Juárez, Chihuahua.
No obstante, fue hasta 2013 que se acuñó el vocablo feminicidio y ganó más
espacio en el debate público, pero con inútiles resultados.
Si, por un lado,
el gobierno mexicano adoptó prácticas, adecuó las leyes y estableció medidas
como la Alerta de Violencia de Género para contener la ola delictiva contra las
mujeres; por el otro, todo quedó en el vil discurso.
Los primeros días
de marzo de 2019, la Secretaría de Gobernación informó que en México 66 de cada
100 mujeres han sufrido algún tipo de violencia ejercida por sus parejas o
familiares, que en 2018 fue asesinada una mujer o niña cada 160 minutos, es
decir, 9 mujeres diariamente, y que en 17 estados está activada la alerta de
género.
Una de las veces
que Haydeé Ocampo subió a la tribuna del Congreso manifestó la gravedad de la situación
en Chiapas: “Los feminicidios siguen en aumento. El mes de abril cerró con 6 y
ahora en mayo van 5, según cifras del Observatorio Feminista contra la
Violencia a las Mujeres de Chiapas”.
Más recientemente,
el 4 de junio, dijo: “Me duele saber que Chiapas ocupe a nivel nacional el
tercer lugar en feminicidios de niñas. Nos encontramos en la lista de las trece
entidades que concentran el 80 por ciento de los casos del país. Además,
ocupamos el tercer lugar con 22 incidentes, entre los años 2015 y enero de
2019, con base en datos del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública”.
Los datos que da la
legisladora son alarmantes. Y se agrega que hasta febrero pasado se han
registrado 18 muertes violentas de mujeres en el estado, de los cuales sólo 6
fueron calificados como feminicidio, de los 27 casos de violencia 10 fueron
contra niñas y adolescentes. Asimismo, de los más de dos mil 400 municipios que
hay en todo México, once están catalogados como “focos rojos” al tener los más altos
índices de violencia de género, y de éstos dos están en Chiapas.
¿En qué estamos
fallando? Preguntó la diputada en una de sus intervenciones en el parlamento aduciendo
que, a pesar de contar con leyes, procesos y protocolos para atender los
crímenes de género, hay grandes deficiencias en el sistema judicial que impiden
el acceso a la justicia.
Desde hace ya
varios años el gobierno ha implementado un conjunto de acciones para enfrentar
la violencia feminicida, que comprende reglas de investigación, cursos penales
y hasta programas de prevención y reformas para eliminar la desigualdad en la
legislación y política pública que atentan contra los derechos humanos de las
mujeres y niñas. Por desgracia, en la práctica no funcionan.
Sólo sirven para
que los gobernantes digan que están tomando medidas para evitar la violencia
intrafamiliar o social en la que están las mujeres, o bien, lo hacen para que
se llenen los bolsillos con los millones de pesos que el gobierno federal
otorga a los estados en los que se activa la Alerta de Violencia de Género,
cuyos resultados hasta el momento la hacen ver como un mecanismo de simulación
ante la ineficacia de los funcionarios y autoridades judiciales.
En repetidas
ocasiones la diputada Haydeé Ocampo ha invitado a juzgar el delito con
perspectiva de género. Eso, indefectiblemente, debe adoptarse en todo el
sistema judicial.
Porque la verdad los
encargados de impartir justicia les atribuyen cuatro objeciones a las denuncias
de violencia de género para que éstas no sean resueltas: 1) La víctima denuncia
la violencia, pero las autoridades presumen que ésta nunca pasó. 2) Sí pasó,
pero no puede ser calificado de “violencia”. 3) Sí fue violencia, pero la
responsabilidad es de la víctima, no del agresor y tampoco es grave (nada más
la violó). 4) Sí fue violencia y el delito recae en el agresor, pero hay otros
casos iguales o más graves que atender.
Por esa falta de
unificación en el concepto legal de violencia de género muchos feminicidas han
sido absueltos y otros ni siquiera fueron sentenciados. Tampoco ha permitido
que los casos de miles de mujeres asesinadas sean juzgados como deben. Aparte,
un feminicida en Chiapas puede recibir una condena de hasta 70 años de cárcel,
pero si el asesino alega que cometió el crimen bajo un estado de emoción
violenta (que también se conoce como crimen pasional), la pena puede ser
reducida a sólo dos u ocho años de prisión.
Por tanto, según
datos de la ONU el 95% de los feminicidios en México quedan impunes.
UNA DIGNA REPRESENTANTE
Sin duda, el
Congreso del Estado logró un avance importante al crear la Comisión Especial
para Conocer, Proponer y dar Seguimiento a las Acciones de Justicia Vinculado a
los Feminicidios. Y, por todo lo anterior, Haydeé Ocampo Olvera es la más
indicada para asumir la titularidad de la misma. No sólo porque de ella nació
la iniciativa de concebir dicha comisión legislativa, sino porque además ha
demostrado ser una representante popular con gran sensibilidad política y responsable
con la problemática que nadie había querido asumir antes. Fue la primera en
hablar y la única en persistir en el tema.
Hay que considerar
que la diputada Ocampo es una mujer preparada, con estudios de maestría en el
extranjero, que tiene una larga trayectoria política y ha desempeñado diversos cargos
en la administración pública. No se coce al primer hervor. Más importante es
que ha trabajado de cerca con los jóvenes, con organismos sociales, con la
clase obrera y especialmente con las mujeres de Chiapas.
No puede ignorarse
que en todo el Congreso nadie conoce tanto en la materia que ella, quien además
de mostrar preocupación en el asunto tiene las ideas que tanta falta hacen para
combatir ese cáncer que está matando a las mujeres de Chiapas. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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