Hace 17 años recibió una de las peores
noticias de su vida. Su superior le llamó por teléfono para avisarle que en
días posteriores sería consignado ante un juez por el desvío de pagos a
policías judiciales. “¡Renuncia! Vete de Chiapas”, le dijo. Para ese momento el
exgobernador Pablo Salazar ya había informado de la denuncia penal en su contra
al entonces procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha.
Ni tardo ni perezoso Florencio Madariaga
Granados vació su oficina y huyó a España con toda su familia.
Una vez allá, abrió una página de internet
en la que documentó su caso y se declaró perseguido político: “Queremos –dijo- que
todo el mundo pueda conocer la persecución política y el acoso de parte del
gobierno de Pablo Salazar, que está realizando desde que llegó al poder en el
año 2000 hasta nuestros días. Quien escribe esta web se encuentra hoy exiliado
fuera de su país por un supuesto delito inventado contra él”.
Cínico. Ciertamente, la administración de Salazar
fue una de las más despóticas de la historia moderna de Chiapas. Encarceló y
exilió injustamente a quienes estorbaban en sus intereses o denunciaban los abusos
de poder. Pero Florencio Madariaga no fue uno de ellos. Él sí tenía cuentas
pendientes con la justicia por haber sido un funcionario corrupto y represor durante
el gobierno interino de Roberto Albores Guillén.
Fue secretario del Consejo Estatal de
Seguridad Pública y luego subprocurador Jurídico y Normativo de la desaparecida
Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas, cargos que desempeñó entre
febrero de 1998 y diciembre de 2000. Y Pablo descubrió que, en complicidad con
un grupo de altos funcionarios, Madariaga había desviado recursos que utilizó para
pagar “sueldos extraordinarios” a otros servidores públicos.
Los recursos indebidamente ejercidos procedían
del Fondo Estatal de Seguridad Pública y eran para programas de capacitación y
equipamiento de la policía estatal. El monto desviado alcanzó los 900 millones
de pesos. Así que se inició el proceso administrativo 173/DPA/2001 por el cual Madariaga
tuvo que enfrentar tres denuncias penales por los delitos de enriquecimiento
ilícito, ejercicio indebido de funciones y asociación delictuosa.
SABINES:
EL GRAN BENEFACTOR
En la nación española engañó a todo mundo.
Se hizo pasar por un estudioso de las leyes y fingía ser pobre, aunque vivía a
cuerpo de rey. Paradójicamente, se inscribió en el Programa de Doctorado sobre
Aspectos Jurídicos y Económicos de la Corrupción, en la Universidad de
Salamanca, y se volvió colaborador del famoso profesor Diego Poole Derqui a
quien utilizó para su protección.
La Interpol lo buscó a partir de abril de
2002 y logró aprehenderlo el 20 de febrero de 2006, mientras tomaba un café en
la Universidad de Vicálvaro en Madrid, donde cursaba estudios avanzados de
Derecho.
Un día antes de ser detenido había ido al
Congreso de los Diputados del Reino de España a tramitar un carnet de
investigador.
Estuvo en prisión por más de tres años: 19
meses en España y el resto del tiempo en Chiapas. Pagó con cárcel por los
delitos antes mencionados, pero no hay que olvidar que también fue el brazo
ejecutor del exgobernador Roberto Albores Guillén.
Madariaga reprimió a la clase política, a
periodistas, a líderes campesinos y fue el principal impulsor del
desmantelamiento de los municipios autónomos del EZLN. Fue un policía corrupto que
hasta la fecha está bajo sospecha de la desaparición de varios opositores del
régimen de Albores Guillén.
Juan Sabines Guerrero lo sacó de la cárcel
apenas tomó protesta como gobernador del estado. Y hasta premió sus fechorías. Lo
primero que hizo fue promoverlo como consejero de las universidades públicas
del estado y, luego de hacerlo notario público, lo nombró presidente del
Consejo Estatal de Derechos Humanos. Nada mal para el alborista que de
polizonte sátrapa pasó a ombudsman.
La administración de Sabines se
caracterizó por la cultura de los privilegios, donde amigos, compadres y familiares
pasaron a ocupar cargos importantes sin tener mérito ni experiencia alguna. Gozaron
de poder y riqueza. No importaba si eran drogadictos o alcohólicos; si tenían
señalamientos de corrupción o habían sido sujetos a proceso penal. Sólo bastaba
ser aliado del gobernador para tener un puesto asegurado. De ahí que, sin
cualidades y aun desacreditado, Madariaga haya obtenido sus nombramientos.
Se dijo que el Congreso del Estado lo
había elegido porque él era quien mejor perfil mostraba de entre todos los candidatos
que supuestamente propusieron los rectores de las universidades públicas de la
entidad, pero no fue cierto. Subrepticiamente, Juan Sabines dio la orden y los diputados
simplemente obedecieron.
Madariaga Granados tomó protesta como presidente
del CEDH en julio de 2012. Sus cómplices, los consejeros Marina Patricia
Jiménez Ramírez y Lorenzo López Méndez, hicieron el nombramiento sin la
presencia de los demás consejeros y del secretario ejecutivo, en un acto
violatorio de la ley.
Además, el artículo 26 del CEDH establece
que los consejeros deben ser chiapanecos por nacimiento y deben contar con
experiencia en materia de derechos humanos, y Madariaga no tenía ni lo uno ni
lo otro, pues aparte de ser originario de la Ciudad de México sólo había sido funcionario
de la Procuraduría.
Durante los meses siguientes Florencio
Madariaga realizó una serie de despidos injustificados, violó los derechos
laborales de los trabajadores, removió al personal, acosó y en cierta ocasión
trasladó de Tuxtla Gutiérrez a Motozintla a una empleada que tenía un embarazo
de alto riesgo. Fue indolente. Dicha mujer le suplicó que no la cambiara de
centro de trabajo debido a su estado de salud, pero al “ombudsman” no le
importó.
A través de una carta dirigida al
representante en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, el entonces
secretario ejecutivo Diego Cadenas Gordillo reveló que Madariaga le había
exigido que despidiera a diversos defensores de derechos humanos y al titular
de la Contraloría Interna, bajo el capricho de que no estaba dispuesto a
trabajar con nadie que no fuera de su absoluta confianza.
El 17 de enero de 2013 fue presentada una nueva
denuncia penal en su contra por graves violaciones a la Constitución Política del
Estado de Chiapas. Al día siguiente, Cadenas Gordillo interpuso en el Congreso
local la petición de juicio político contra Florencio Madariaga. Y el 25 de
enero fue removido de la titularidad del CEDH, quedando en el cargo Lorenzo
López Méndez.
Se cuenta que Madariaga abandonó el puesto
desde febrero de ese mismo año, pero nunca dejó de cobrar su sueldo. Y en siete
meses sin trabajar se embolsó 800 mil pesos. Y, en noviembre de 2013, el
Juzgado Quinto de Distrito con sede en Tuxtla Gutiérrez ordenó su restitución.
ANARQUISTA
Fue muy lamentable que Sabines Guerrero lo
devolviera al poder, y que como dice un personaje en la película La ley de Herodes: lo forrara de
billetes. Por eso no es extraño que Florencio Madariaga lo defienda a capa y
espada, pues por muchos años el exgobernador fue su benefactor.
Nadie puede ser inocente cuando lo pillan
con las manos en la masa. Madariaga nunca fue un perseguido político, sino un
pillo de siete suelas que estuvo en la cárcel porque malversó 900 millones de
pesos del erario de los chiapanecos en complicidad con otros funcionarios del
gobierno de Albores Guillén.
Hasta hace no mucho tiempo se desempeñaba
como operador político de Roberto Albores Gleason, excandidato del PRI al
Gobierno del Estado. Hoy, como desde hace varios meses, ha venido golpeando al
actual gobernador buscando desestabilizar a este buen gobierno que ha logrado
establecer un clima de legalidad y sana gobernanza.
Hay rumores de que en contubernio con
ciertos funcionarios de la Fiscalía General del Estado está haciendo negocios
para apropiarse de bienes y perjudicar a varios empresarios en el estado.
¿Estará informado de esto el fiscal Jorge
Luis Llaven Abarca, quien se ha manejado como un servidor público responsable en
el ejercicio del poder y en la aplicación de la justicia?
PARA
MAGDALENA
Es verdaderamente absurdo el significado
que algunos politiqueros le dan a la renuncia de José Narro por competir por la
dirigencia nacional del PRI. Mañana, queridísima prima, trataré de dar mi
opinión al respecto. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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