Siempre se ha
criticado la tibieza con que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha
respondido a cada una de las humillaciones o amenazas de Donald Trump a México.
Incluso, muchos lo han tachado de cobarde. Pero no puede decirse lo mismo de la
respuesta que le envió al magnate después de que éste anunciara la imposición
de un arancel de 5% a las importaciones mexicanas como medida de presión al
gobierno de México que –según él- nada ha hecho por detener el flujo de
migrantes ilegales a Estados Unidos.
La respuesta de
AMLO a Trump fue enérgica. Las dos cuartillas de la carta que le remitió a su
homólogo tienen un tono firme que no conocíamos en esta relación entre
mandatarios. Posee un contenido político de alto nivel. Habla con mesura, pero
sin rebajarse. Plasma con claridad los motivos de la actitud del gobierno
mexicano ante la problemática migratoria, y le hace ver de manera muy sutil al inquilino
de la Casa Blanca que está confundido al llevar al terreno comercial lo que
debe tratarse políticamente. En resumen, le dio a Trump una lección de
civilidad y de política de Estado.
Donald Trump ha
dicho que es un gran negociador. Lo demostró contra nosotros el día que Peña Nieto
lo invitó a México en el peor momento de su campaña presidencial. Se dijo
“amigo de México” y hasta le estrechó la mano de su “admirado amigo”, el
presidente de México. Pero esa misma tarde, en Arizona, recalcó su proyecto
racista, anti inmigrante, anti mexicano, comenzando a hablar por la
construcción de “un gran muro, un hermoso muro, que pagarán los mexicanos.
Ellos no lo saben aún, pero lo pagarán. Completo. Y cooperarán con gusto”.
Recordemos que dsespués
de que Peña le puso al país como alfombra, el proyecto de Trump creció.
Tristemente, México le dio el espaldarazo que necesitaba.
Desde que se
postuló por la presidencia, Trump se la ha pasado agrediendo a México. Nos
llamó “bad” hombres, “violadores”, “asesinos”. Nos señaló culpables del tráfico
ilegal de armas y drogas. Dijo que nosotros somos los causantes de la
criminalidad que viven los estados fronterizos de la Unión Americana. Y nadie
en el gobierno fue capaz de exigirle una disculpa por sus ofensas. Cuando Peña
Nieto lo tuvo frente a él en Palacio Nacional no sólo no lo confrontó, sino que
se refirió a las agresiones de Trump como “malos entendidos”.
El presidente
estadounidense es un sociópata embriagado de sí mismo. Su religión es el odio.
Su dios es el que mira todas las mañanas en el espejo. Es un adicto a los
insultos. Vomita palabras, pero nunca ha sido un hombre de palabras. No conoce
el respeto. No tiene la menor consideración hacia las mujeres, a las que trata
como objetos útiles siempre y cuando sean guapas.
Nada conoce de derechos
humanos. Es un fascista al que sólo le interesa el poder y el dinero. Por eso
días antes de finalizar el periodo de campañas dijo que podría pararse en la
Quinta Avenida (la más concurrida de Nueva York) y disparar, y aun así no
perdería un solo voto. Con ese comentario reafirmó su narcisismo que fortaleció
al tomar posesión de la oficina oval.
Hoy nada lo
detiene. Y su arsenal de insultos hacia México es imparable. Si algo nos ha
enseñado la historia es que cuando los demagogos llegan al poder tienden a
cumplir lo que plantearon. Por lo cual estamos viviendo como país uno de los
periodos de mayor incertidumbre.
Nos insulta,
denigra y ha sido persistente en el tema de la construcción del muro
fronterizo. Pero nada tan agresivo como gravar todos los productos mexicanos
con un 5% de aranceles. Él mismo, vía Twitter, dijo que ese gravamen sería
progresivo hasta un 25%, si el gobierno de López Obrador no resolvía el
problema de la migración.
CONSECUENCIAS CATASTRÓFICAS
Carlos Monsiváis
decía que si a Estados Unidos le da una gripa a México le da una pulmonía. La
decisión de Trump desde luego afectará también la economía de su país, pero el
mayor daño será para México, que luego del anuncio comenzaron a aparecer las
consecuencias.
En primer lugar,
el peso comenzó a perder valor. Ayer, el dólar libre se vendió hasta en 20.04
pesos, con un alza de 57 centavos en comparación con el cierre del jueves.
Antes de dicho anuncio la Bolsa Mexicana de Valores había tenido dos días
buenísimos, especialmente por la certidumbre que daba la ratificación del
tratado comercial con Norteamérica (T-MEC).
Segundo, de
implementarse el arancel se reduciría la probabilidad de que México crezca
durante el año por arriba de 1%, lo que también pone en riesgo la estabilidad
de los ingresos tributarios y la calificación crediticia de la deuda pública de
la nación.
Hay que ser
claros. Imponer esos aranceles disminuiría de manera importante las
importaciones de productos mexicanos. Por consiguiente, disminuiría el consumo.
El impacto para la economía nacional sería muy severo: pues se pone en peligro
la aprobación del T-MEC, afectará tanto empresas mexicanas como canadienses y
de Estados Unidos, frenará inversiones y habrá severas implicaciones en materia
de empleo no sólo en México, sino también en el país de Trump.
¿Es grave? Sí. El
monto de comercio entre ambos países al cierre de abril de este año, según las
cifras del Departamento de Comercio de Estados Unidos, alcanzó los 420 mil
millones de dólares anuales en exportaciones mexicanas. Eso está en juego.
Pero podría ser
aún peor si llegamos al 25%, pues Trump podría ordenar el retiro de la
inversión norteamericana en México que representa el 40% de nuestra producción
nacional.
En definitiva, un
arancel de cinco por ciento sobre casi 100 mil millones de dólares de
exportación por mes, implicaría un sobrecosto de cinco mil millones de dólares
mensuales, más una incalculable pérdida de mercado en mercancías exportadas por
México hacia EU.
LA RESPUESTA DE AMLO
Frente a la
gravedad del tema, la respuesta del presidente López Obrador a Trump fue
inmejorable: “Los pueblos y las naciones que representamos merecen que, ante
cualquier conflicto en nuestras relaciones, por graves que sean, se recurra al
diálogo y actuemos con prudencia y responsabilidad”.
¿México es
culpable de la migración a Estados Unidos? De ninguna manera. Naciones como
Honduras, El Salvador, Ecuador, Venezuela, Cuba o Bolivia, por ejemplo, cuyos
gobiernos han sido represivos y corruptos, sus habitantes están condenados a la
miseria y en algunos casos a morirse, literalmente, de hambre.
AMLO lo dice claro
en su mensaje a Trump: “Los seres humanos no abandonan sus pueblos por gusto
sino por necesidad. Es por ello que, desde el principio de mi gobierno, le propuse
optar por la cooperación para el desarrollo y ayudar a los países
centroamericanos con inversiones productivas para crear empleos y resolver de
fondo este penoso asunto. Usted sabe también que nosotros estamos cumpliendo
con nuestra responsabilidad de evitar, en la medida de lo posible y sin
violentar los derechos humanos, el paso por nuestro país”.
En las primeras
líneas del texto, el tabasqueño le expresó a Donald J. Trump “no quiero la
confrontación”. Sin embargo, le dio una magistral clase de civilidad política:
“Con todo respeto, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema
“Estados Unidos Primero” es una falacia porque hasta el fin de los tiempos,
incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la
fraternidad universales”.
La lección de
política de Estado se la dio cuando le dijo “Presidente Trump: los problemas
sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas. (…) le propongo
profundizar en el diálogo, buscar alternativas de fondo al problema migratorio
y, por favor, recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato
sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se
inventó para evitar la confrontación y la guerra”.
He sido crítico
del presidente López Obrador. Celebro, sí, su entusiasmo por convertir a México
en un mejor país, pero no comparto sus métodos y políticas de gobierno. Pero hoy,
creo, todos debemos unirnos a él. Cerrar filas en torno a las amenazas del
dictador. Porque nuestra independencia y honor no son negociables.
Hoy, más que
nunca, las letras del Himno Nacional deben cobrar vida en nosotros: “Más si
osare un extraño enemigo profanar con tu planta tu suelo, piensa ¡oh, patria
querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”.
Nadie tiene
derecho a condicionarnos y mucho menos sacar provecho de nuestra soberanía y
dignidad. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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