Marchar cada 1° de
mayo se ha convertido en una costumbre intrascendente. Habitual, por decir lo
menos. En un hecho que sirve nada más para tomarse la foto. Muchos líderes
sindicales y de otros organismos salen a las calles para quedar bien con
alguien en el poder. Otros para enfrentarse al gobierno. No faltará quien lo
haga porque lo ordenó su jefe. Incluso, podemos suponer que en su mayoría lo hacen
ignorando que se conmemora a los trabajadores que murieron en las protestas de
Chicago en mayo de 1886, a manos del gobierno estadunidense, y que fue el
evento que dio lugar al Día Internacional de los Trabajadores, declarado en el
Congreso Obrero Socialista Internacional celebrado en parís, el 1 de mayo de
1889.
Sin embargo, la
reciente jornada de protestas en todo México en el marco del Día del Trabajo,
no puede tomarse a la ligera. Las demandas que externaron iban desde la
construcción de más clínicas, la contratación de personal, mejores prestaciones
laborales, abastecimiento de medicamentos y equipo en los hospitales, hasta la
abrogación de la reforma educativa aprobada por el gobierno anterior. Y eso
habla de una crisis en las instituciones, en la que los trabajadores están exigiendo
compromiso y respuesta a la nueva clase gobernante.
En Chiapas, más de
dos mil personas de diversos sindicatos salieron a marchar. La diputada local
Haydeé Ocampo Olvera fue quien las encabezó e hizo un llamado a los poderes
Ejecutivo y Legislativo a estar atentos a las demandas de los trabajadores: “es
momento de sumarnos y trabajar en conjunto con ellos y para ellos”.
¿Qué connotación
política tiene lo dicho por la legisladora priista? En verdad, mucha.
UN PANORAMA NADA HALAGÜEÑO
México atraviesa
actualmente por uno de sus peores momentos. Hay una gran decepción por la
política y crisis en todos los partidos. Literalmente, la oposición y los
contrapesos al poder no existen. Las dependencias carecen de credibilidad,
soporte financiero y un plan de trabajo definido. En el colmo, la economía
mexicana vivió su peor arranque de año desde 1994, en el que la actividad
industrial ya entró en recesión en los primeros tres meses de 2019, de acuerdo
con datos del INEGI. Y no estamos en tiempos de recesión financiera y tampoco
hay algo equiparable al “error de diciembre”.
Ante ese panorama
agreguemos que el 43.6 por ciento de la población mexicana es pobre, de los
cuales 9.4 millones de personas viven en pobreza extrema. Comunicados recientes
del CONEVAL informan sobre la falta de atención a la población infantil en
situación de pobreza, que 2.1 millones de personas no ejercen su derecho a la
salud, que se requiere ampliar la infraestructura de agua potable y
alcantarillado en las localidades rurales y comunidades indígenas, que
persisten las desigualdades de género, que las trabajadoras domésticas no
cuentan con seguro social y que las mujeres siguen subrepresentadas en el
sector público y privado.
Y en todo ese
panorama se pueden ver dos factores que pueden cambiar la situación: la
educación y el trabajo, cuyo nivel de importancia es similar al grado en que
han sido descuidados por los gobiernos.
¿Qué ha sido de
los movimientos laborales?
En 1910, se
crearon las primeras organizaciones sindicales que crecieron a la par de la
Revolución, sentando sus bases jurídicas y sociales. La Casa del Obrero Mundial,
con sede en la Ciudad de México, estableció alianzas con el gobierno de Venustiano
Carranza y durante ese periodo se alcanzaron importantes reivindicaciones para
los trabajadores que están consagradas en la Constitución de 1917.
Un año después del
nacimiento de la Carta Magna, el movimiento obrero adquirió otra dimensión. Se
vincularon con la acción política además de la económica. El fortalecimiento de
los sindicatos y su peso político los llevó a ingresar en los partidos o,
incluso, a formar organizaciones propias. Durante esa etapa que duró alrededor
de una década (1918-1928), cada sindicato tomó partido por su ideología afín.
Los siguientes
diez años, periodo de reconstrucción del país y de relativa calma en la lucha
obrera, hubo una reorganización sindical en la que surgieron nuevos gremios, se
desplazaron otros y se crearon los sindicatos nacionales de la industria. De la
mano del presidente Lázaro Cárdenas, los trabajadores participaron de manera
activa en las reformas laborales introducidas en ese gobierno. Ahí nació la
primera Confederación de Trabajadores de México (CTM), en 1936.
Luego de ese lapso
de calma y crecimiento, las agrupaciones obreras se vieron gravemente afectadas
por conflictos internos por el poder, situación que terminó en una rotunda
subordinación sindical. Pues ante la necesidad de atraer la inversión
extranjera, el Estado se vio obligado a adoptar una política que beneficiaba
dicha inversión, pero no los salarios. Así que, para evitar huelgas, paros y
cualquier otro movimiento obrero, el gobierno repartió prebendas políticas a
los cabecillas, quienes se encargaban de coaccionar y reprimir los intentos de
insurrección.
El llamado
“charrismo” se apropió de las dirigencias y todos los movimientos emprendidos
por los ferrocarrileros, telefonistas, maestros, electricistas, hasta inicios
de los setenta, fracasaron. El poder era el poder.
En la década de
los ochenta, el sindicalismo entró en una nueva fase. El desgaste producido por
su participación en la política, junto con la corrupción, disminuyó su poder.
Por ejemplo, en 1992, en el sector industrial, los trabajadores sindicalizados
constituían el 22 por ciento de la población laboral, pero en 2002 esa cifra
había disminuido a sólo 11.6%.
Los falsos
liderazgos gremiales y la connivencia gubernamental han provocado un desastre
laboral de grandes dimensiones, en el cual los trabajadores han sido humillados,
utilizados y sus derechos laborales carecen de garantías. Si marchan por
mejores salarios y prestaciones, los únicos beneficiados son los dirigentes.
Por eso detrás de cada trabajador mal pagado, hay un líder sindical millonario.
Lo que cada
gobierno no ha entendido es que esta situación ha sido parte fundamental del
declive económico del país. No exagero. Pues los trabajadores son el motor de
la economía. Los capitales no se mueven solos, necesitan las manos de los
obreros.
En China, Japón,
Rusia, Alemania, por ejemplo, lograron detonar sus respectivas economías al incrementar
las prestaciones y dar mayores garantías de estabilidad emocional, social y
económica a los trabajadores. Al haber más inventivos, mayor productividad. A
mayor productividad, mayores ganancias. A mayores ganancias, mayor circulante y
un impulso importante a las finanzas de la nación. Hoy, esos países son las
economías más grandes del mundo, detrás de Estados Unidos.
LA CONNOTACIÓN
Por tanto, lo
dicho por la diputada Haydeé Ocampo Olvera tiene una gran connotación política.
En primer lugar, porque
siendo presidenta de la Comisión del Trabajo y Previsión Social, logró unir a
los sindicatos más importantes de Chiapas con el fin de luchar por mejores
condiciones laborales y prestaciones. Cambiar la situación del país, se inicia
defendiendo al trabajador y dándole la importancia que merece en toda sociedad.
Segundo, porque en
un hecho inédito logró involucrar al poder Ejecutivo. Entregó las solicitudes de
dichas agrupaciones en manos del secretario general de gobierno, Ismael Brito
Mazariegos, quien expresó el interés del gobierno del estado por mantener una
dinámica de trabajo y sumar esfuerzos que favorezcan la economía local y produzcan
una mejor calidad de vida para los trabajadores.
Tercero, porque,
tanto el impulso por unir a la clase laboral de Chiapas como la entrega del
pliego petitorio, lo hizo en el marco de la nueva reforma laboral aprobada por
el Senado, que fue iniciativa de la negociación del nuevo tratado comercial con
América del Norte. Es decir, fue un paso importante en la reivindicación de los
sindicatos y protección de los derechos de los trabajadores.
Cuarto, porque Ocampo
Olvera está enviando el mensaje de la necesidad de reparar los lazos entre
sociedad y gobierno, sindicatos y gobierno, ya que esa nueva ley puede dar paso
al mayor cambio político e institucional de los años que vienen.
Sin duda, la
marcha del Día del Trabajo fue para todos, porque todos somos trabajadores. Y si
queremos un mejor porvenir, debemos empezar por la defensa del trabajo, que por
no defenderlo antes hoy tiene un pesado costo económico para el país. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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