Érase una vez, un
cerdo conocido como el Viejo Mayor convocó en el establo a todos los animales
de la granja para contarles un sueño que había tenido noches antes. Todos,
desde el ratón más pequeño hasta los caballos, lo escucharon con atención.
Nadie lo interrumpió. La elocuencia del puerco fue tanta que quedaron
fascinados. Luego vino lo mejor.
La narración del
sueño fue estupenda, llena de detalles y color, pero la interpretación fue
incluso más atractiva. El Viejo Mayor les dijo que ellos eran los del sueño. Si
antes habían quedado fascinados, después de esa revelación pasaron al
entusiasmo. Se sintieron dueños de sí mismos. Creyeron a las palabras del líder.
Y hasta cobraron valor cuando el cerdo les aseguró que al ser ellos quienes
trabajaban de día y de noche para que la granja produjera, se merecían cada uno
de los beneficios.
Finalmente, los
motivó a iniciar una rebelión para adueñarse de la propiedad de sus amos, la
Granja Manor. Lamentablemente, el puerco murió tres días después de haber
contado su sueño, en medio de los preparativos de la revuelta.
Sin embargo, como
detrás de cada líder hay muchos deseando tomar su lugar, el resto de los cerdos
asumió el liderazgo y encabezó la lucha de los animales contra los humanos.
El señor Jones,
dueño de la granja, y su familia, no pudieron contra la furia de los perros, la
fuerza de los caballos, las embestidas de los marranos, de los patos, de las
gallinas y terminaron por huir dejando atrás todas sus pertenencias. Las
sanguinarias mordidas y las violentas coces fueron más efectivas que las armas
de fuego. A partir de ese día, los cerdos tomaron el control de la granja, que después
del encarnizado enfrentamiento pasó a llamarse Granja Animal.
Los puercos
dejaron de vivir en la porqueriza y se mudaron a la casa del señor Jones. Ya no
dormían en el lodo, sino en suaves camas. Ya no comían desperdicios, sino
frescas y jugosas frutas, leche, queso y los mejores granos. Sorprendentemente,
poco a poco fueron desarrollando habilidades similares a las de los hombres.
Pues aprendieron a leer, a escribir, a caminar en dos patas, a usar ropa y las
herramientas del campo. Y un día de tantos inventaron siete mandamientos con
los que se regirían todos los habitantes de la Granja Animal, y las escribieron
en letras blancas en la pared trasera del establo.
Esa granja, para
asombro de muchos, comenzó a prosperar. Los cerdos aprendieron a comunicarse
con los humanos y a hacer negocios. Durante un tiempo hubo un paz y
tranquilidad. Los animales se sentían a gusto aprovechando el fruto de su
trabajo. Con jornadas más adecuadas y un pago digno. Así fue durante algún
tiempo, hasta que los cerdos, siendo los más inteligentes entre todos,
comenzaron a abusar de su poder.
De la misma manera
en que los animales habían ganado privilegios, los fueron perdiendo. Los
marranos empezaron por racionarles el alimento bajo el pretexto de que estaban
escaseando cuando era todo lo contrario. Y mientras les aumentaron las horas de
trabajo, ellos disfrutaban de placeres, de la mejor comida. Pobre de aquella
bestia que se negara a cumplir sus órdenes, pues era atacada por los perros que
servían como agentes del orden y la represión.
Sucesivamente,
Napoleón, uno de los cerdos, se convirtió en el único soberano y los siete
mandamientos fueron modificándose a su conveniencia. Era un tirano que abusaba
de su autoridad para siempre salirse con la suya. Imponía y disponía. Él es
quien se encargaba de hacer los negocios con los demás finqueros, de manejar
las ganancias y condicionar los beneficios al resto de la especie de la granja,
que se resignaba al maltrato, a obtener una ración de comida que cada día era
más pobre, al poco descanso y a estar bajo la supervisión de los puercos y al
asedio constante de los canes, que sólo obedecían y rendían cuentas al jefe.
La Granja Animal
alcanzó gran éxito económico, pero no sólo por la gran habilidad de Napoleón
para los negocios, sino más específicamente por el trabajo arduo e infatigable
de los animales, quienes un día lograron darse cuenta que sus compañeros cerdos
habían adoptado la misma conducta de los humanos. La única diferencia con sus
antiguos amos, es que los cerdos podían ser incluso más severos, más salvajes y
no sentir la mínima piedad ante el dolor de los otros.
TRISTE ALEGORÍA
La historia
anterior es muy similar a la historia real que vive y ha vivido la CNTE los
últimos años. Y si pudiéramos ubicar una diferencia es que los cerdos de la
Granja Animal tuvieron en un primer momento una razón justa por la cual luchar,
aunque después desviaron el objetivo al probar el poder. Caso contrario con la
Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que inició un movimiento
con motivos falsos y que trasgreden toda legalidad.
George Orwell es
el autor de la novela La Rebelión en la Granja, que traté de simplificar párrafos
antes. Es de lectura obligada y de mucha actualidad a pesar de que fue
publicada en 1945. Aunque el escritor británico quiso representar mediante una
brillante fábula el comportamiento del régimen soviético de Stalin, retrata
todos los movimientos sociales en el mundo que han terminado en dictaduras o en
formas de gobierno sectoriales de piedra y garrote, como el que encabeza Pedro
Gómez Bámaca en la CNTE.
Ahora que los
maestros han vuelto a la rebelión es preciso cuestionar su movimiento. ¿Cuáles
son las razones actuales de la lucha? ¿Hasta dónde pretenden llegar? ¿Por qué
tendríamos que apoyarlos?
Si analizamos lo
que ha sido de la Coordinadora desde 2013, año en que se levantó contra la
reforma educativa de Peña Nieto, veremos que los beneficios sólo han sido para
los líderes, mientras el profesorado sólo se ha desgastado en las marchas, en
los plantones y padecido calor, lluvia, desprecios y golpes en su economía.
Una investigación
periodística publicada en Excélsior en marzo de 2019, da cuenta de que los
líderes de la CNTE, llámese Pedro Gómez Bámaca, Adelfo Alejandro Gómez, Alberto
Mirón, entre otros, recibieron alrededor de 130 millones de pesos del gobierno
de Manuel Velasco Coello entre 2015 y 2017, de los cuales no reportaron un solo
centavo al gremio magisterial.
¿Qué recibieron
los maestros que marcharon, que se quemaron de sol y que durmieron en la
intemperie? Nada. Tan sólo acataron las órdenes de los dirigentes para que
fueran éstos los que se llenaran los bolsillos. Igualito a lo que sucedió en la
Granja Animal.
Por otro lado, la
CNTE, nutrida por los docentes de la sección 7 del SNTE, han vandalizado dependencias
gubernamentales, robado el cobro de las casetas de peaje, perjudicado comercios
(nada más en el paro magisterial de 2013 la pérdida económica para el sector
privado rebasó los 170 millones de pesos); sus movilizaciones provocaron el
cierre de empresas y que miles de personas perdieran sus empleos. Asimismo, los
enfrentamientos que han tenido con las fuerzas del orden tienen una carga de
muertos, como los de Nochixtlán (2016) o como el profesor David Gemayel Ruiz
(2015), por mencionar algo.
Como el cerdo
Napoleón que no toleraba ningún intento de insubordinación, los líderes de la
CNTE han reprimido, condicionado los derechos e incluso han rapado a todos
aquellos que no comparten sus métodos de manifestación ni las causas de la lucha.
A todo esto, hay
que sumar el daño que le han hecho a los miles de niños y jóvenes chiapanecos a
los que han dejado sin clases por días, semanas y hasta meses. Es decir, los de
la CNTE son también responsables de que Chiapas tenga el último lugar en
aprovechamiento escolar de todo el país.
A la sazón, ¿por
qué tendríamos que apoyar a la CNTE si ha sido la causante del peor desastre en
el sector educativo chiapaneco?
INTERESES POLÍTICOS
Hasta el final de
la historia, los animales se dieron cuenta de que los puercos podían ser
iguales o peores que los seres humanos. Después de seis años del movimiento de
la CNTE, me pregunto si los maestros algún día se darán cuenta de que nunca
obtendrán nada (a excepción de los líderes, por supuesto) en esta lucha que a
todos nos afecta.
Me pregunto, también,
si saben que son carnada para enfrentarse al gobierno, borregos que escuchan la
voz de su señor y obedecen, recuas de un conflicto político que nada tiene que
ver con los derechos sindicales, sino con recuperar el control de las plazas para
la dirigencia sindical y la rectoría de la educación. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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