EL GRAN TEATRO LLAMADO “LIMPIEMOS TUXTLA”



Supongamos que tenemos un restaurant que tiene siete meses de haber abierto y no logra conseguir la clientela que esperaba. ¿Qué hacer para corregir la situación? Uno podría pensar que lo mejor sería contratar un nuevo chef, cambiar los muebles, la iluminación para hacer más agradable el lugar, pintar las paredes, redecorar, mejorar el servicio y, especialmente, la comida. Pero un publirrelacionista pensaría en hacer una fiesta por los primeros siete meses del restorán. Invitaría a gente importante y le daría un lugar especial a la prensa para registrar ese gran evento. Habría fotos, reportajes en los medios y quizá hasta un anuncio en la televisión en el que se festeja el renombre del magnífico sitio. Así, el prestigio que no ha ganado con su servicio, lo ganará con una buena campaña de publicidad, con la manufactura que el historiador estadunidense, Daniel Boorstin, llamó pseudoevento. 

Los pseudoeventos son eventos falsos, en los que nada acontece. Según describe Boorstin en su libro The Image (Vintage Books, 1992), no son espontáneos: alguien los planea con el objetivo ocultar su miseria y engrandecer el prestigio de quien lo organiza. Su éxito, por lo tanto, no se mide por sus consecuencias prácticas, sino por el efecto publicitario. Después de la célebre fiesta, el restorán se ha hecho famoso, pero la comida sigue siendo tan mala como al principio.

La campaña “Limpiemos Tuxtla”, planeada, organizada, promovida y encabezada por Carlos Morales Vázquez, es un pseudoevento con el que el alcalde de Tuxtla Gutiérrez pretende dar la imagen de un gobernante preocupado por el medioambiente, y de paso curarse en salud ante los muchos señalamientos de corrupción y enriquecimiento que pesan sobre él referentes al tema de la basura. Es un teatro nada más, una campaña para darse publicidad, un evento para tomarse la foto.

¿LIMPIEMOS TUXTLA?

Los tuxtlecos tenemos como alcalde al mismo publirrelacionista del restorán. Morales Vázquez cree que, para salir del serio aprieto político, lo mejor que puede hacer es crear pseudoeventos. Por eso desenmascaremos la farsa que ha resultado ser la campaña “Limpiemos Tuxtla”, que detrás tiene otros intereses que nada tienen que ver con el mejoramiento del ambiente, ni con la creación de conciencia social, ni con resolver ese añejo problema que se ha agravado con los años: la contaminación.

Empecemos por preguntar, ¿de dónde salió el lado ecologista de Carlos Morales si cuando fungió como secretario de Medio Ambiente e Historia Natural en la administración pasada, estuvo implicado en presuntos casos de venta ilegal de especies exóticas y en peligro de extinción, acusado de complicidad con empresas madereras que operan en la clandestinidad y nunca presentó denuncias ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Ambientales contra los consorcios Proactiva Medio Ambiente y Cales y Morteros del Grijalva, que siguen trabajando a pesar de los daños a la salud que han provocado en miles de personas por negligencia e irresponsabilidad en sus funciones. Se dice que de ambas recibió dinero para financiar su campaña política a cambio de quedarse callado.

Recientemente, una bomba explotó en sus manos. Al finalizar la misa del domingo, el Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, Fabio Martínez Castilla, puso el dedo en la llaga al hablar de la contingencia ambiental en la ciudad capital. De inmediato, la titular de la SEMAHN, María del Rosario Bonifaz Alonzo, informó que no había podido realizar el monitoreo de la calidad del aire ya que heredó aparatos inservibles, obsoletos y descompuestos.

¿Qué hizo Carlos Morales con la inversión en equipos? ¿Dónde está el dinero? ¿Por qué no hizo ningún reporte de falta de mantenimiento y antigüedad? Y, ¿qué puede decir de la unidad móvil para medir la calidad del aire que en 2016 donó Petróleos Mexicanos a la dependencia entonces a su cargo? Sin duda, el alcalde nos debe muchas explicaciones.

Morales Vázquez ocupó la SEMAHN casi todo el gobierno de Manuel Velasco, y todos esos años fue acusado de nepotismo, tráfico de influencias, acoso laboral y desvío de dinero público. Nunca hizo nada por proteger los recursos naturales de Chiapas, ni por impulsar políticas que permitieran la conservación y mejoramiento del ambiente.

Y en ese periodo uno de sus principales colaboradores fue José Alfredo Ruiz Samayoa, ex subsecretario de Cambio Climático, quien dicen fue el responsable de cobrar los dividendos de los muchos negocios que hicieron a través de esa institución. Este personaje es hoy secretario de Servicios Municipales del Ayuntamiento, ahora cómplice en el pacto con Proactiva, con empresas afines al presidente municipal. Él es quien maneja los recursos que se obtienen de los baños públicos de los mercados y de los que no da cuentas a nadie.

Ahora, viendo que Morales no tiene nada de ecologista, ¿cuál es el verdadero objetivo de la campaña “Limpiemos Tuxtla”? En realidad, son dos: uno político y otro económico.

En lo político, quiere quedar bien con el gobernador Rutilio Escandón, quien ha impulsado el programa “Por un Chiapas más limpio”, con el que pretende generar una nueva cultura ciudadana, que conforme avance ayudará a la buena imagen y al turismo estatal. Pero ese “quedar bien” busca el respaldo del mandatario que promueva su candidatura al gobierno del estado. Sí, leyó bien, Carlos Morales sueña con ser el próximo gobernador de Chiapas.

Así, todos los diputados locales que se sumaron a Limpiemos Tuxtla fueron utilizados. Aplaudieron la propuesta del alcalde sin saber que nada más estaban engordándole el caldo. Lo hicieron ver como un político responsable, de poder de convocatoria y de amplio compromiso social, cuando de sobra se sabe que es todo lo contrario. El capital político que ganó con eso Carlos Morales, se los debe a ellos.

Por el lado económico, hay que reflexionar que la basura también es dinero. Dentro de los desperdicios se encuentra aluminio, papel, plástico, vidrio, fierro, madera, cobre, etcétera, que se recicla y se vende para ser reutilizado. Y fue eso lo que propuso el alcalde de Tuxtla a los ciudadanos, que le entregaran la basura reciclada a Proactiva, esa empresa a la que tanto protege a pesar de las denuncias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que intervino para salvaguardar la integridad física de los pobladores del ejido Emiliano Zapata, que colinda con el vertedero que controla dicho consorcio, y de cuya contaminación han muerto 21 personas en los últimos 12 años: todos por cáncer.

Bien vale preguntar qué hará con esa basura, qué beneficios obtendrá por eso que se percibe como otro de sus negocios personales a costa de los tuxtlecos.

A todo esto, no hay que menospreciar la actitud negligente y autoritaria de Carlos Morales, quien por un lado obligó a todo el personal de confianza, de seguridad pública y de bajo rango a participar dentro de esa campaña y, por el otro, sin proporcionarles el material de limpieza necesario, como escobas, recogedores, guantes, bolsas, cubre bocas. Y esa falta de responsabilidad del presidente municipal expuso a los empleados a contraer alguna enfermedad del tipo contagiosa o tener algún accidente.

Siendo muy amigo del presidente de la CANACO, Rafael Sánchez Zebadúa, con quien se vio envuelto en un escándalo de conflictos de interés al adjudicarle de manera directa un contrato de prestación de servicios, ¿por qué no le pidió apoyo para que los socios de esa agrupación de comerciantes donaran las herramientas e insumos?

Además, detrás de toda esa podredumbre, ¿cuánto dinero gastó en spots publicitarios en radio en los que pidió a la gente que saliera a barrer su calle, cuando es un deber constitucional del Ayuntamiento mantener la ciudad limpia y por el que se le pagan millones de pesos mensuales a Proactiva?

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A CARLOS

Todo pseudoevento sostiene una pseudopolítica. “Limpiemos Tuxtla” sirvió nada más para la foto; para que el alcalde se luciera. Porque detrás de todo no hay ningún beneficio para la sociedad, que ya vivió algo similar con Samuel Toledo y Fernando Castellanos.

Todos los caminos llevan a Carlos. Lo expuesto nos lleva a la conclusión de que, bajo el pretexto de generar mayor conciencia social, lo único que hizo Carlos Morales fue exhibir su oportunismo y gritarle al mundo que él y Proactiva son los grandes del monopolio de la basura. Y ahí, que le tomen otras fotos. ¡Chao!

@_MarioCaballero

Comentarios