Cobardía no es una
simple palabra de ocho letras con un significado preciso, el de los diccionarios.
Es mucho más compleja que eso y contiene cientos de interpretaciones, de
razones, consecuencias y miles de millones de justificaciones.
Por tanto, hay
cobardes por comodidad y cobardes por educación. Por inseguridades y por
ignorancia. Hay cobardes que nunca encontraron una razón que defender en la
vida y quienes sí la hallaron, prefirieron cuidar sus pesos. Aunque, a decir
verdad, hay de cobardes a cobardes. Como aquellos que por no enfrentar a nadie
van por detrás y clavan puñales por la espalda, y los cobardes que, por
cobardes, viven del oportunismo y siempre usan una máscara de moralidad
sonriente.
Como el
exgobernador José Patrocinio González Blanco Garrido que, después de 25 años,
culpó públicamente a Manuel Camacho Solís de haber sido el creador del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), aduciendo que el ex priista tenía
motivos políticos de peso para hacerlo.
¿Por qué lanzar
esa acusación hasta ahora? Más importante todavía, ¿por qué no lo hizo cuándo
Manuel Camacho estaba vivo?
No veo qué
importancia tenía hacer esa confesión a un medio local que ni siquiera hizo
alusión a lo afirmado por el exmandatario. Cualquiera puede hablar a toro
pasado. Lo importante aquí es saber cuál es el propósito del exmandatario de ganar
reflectores con revelaciones escandalosas. Y, por supuesto, ¿tiene la suficiente
calidad moral para sostenerlas?
UNA MORAL PLAGADA DE INJUSTICIAS
José Patrocinio
González proviene de una familia que ha estado por lo menos cien años en el
poder. Fue gobernador de Chiapas del 8 de diciembre de 1988 al 4 de enero de
1993. Y el saldo de su administración fue un estado sumido en la pobreza y la
violencia, con encarcelamientos injustificados, asesinatos y desapariciones
forzadas. Fue ese un periodo despótico y represor, conocido como el “Imperio de
la ley”.
Bajo el discurso
de combate a la corrupción Patrocinio encarceló a líderes políticos y sociales,
pero especialmente a exfuncionarios y gente que estuvo ligada al exgobernador
Absalón Castellanos Domínguez. Incluso envió a la sombra al sacerdote Joel
Patrón.
Los primeros
encarcelamientos sucedieron el 12 de enero de 1989, con la detención de Silvino
Reyes Calderón, exsecretario de Desarrollo y Obras Públicas, y de Hugo Calderón
Vidal, exjefe administrativo, a quienes culpó sin pruebas de cometer
irregularidades en las asignaciones de obra pública. A ellos se sumaron los
arrestos de más de 20 presidentes municipales, gentes del general Castellanos
Domínguez.
Tratando de maquillar
como justicia lo que en los hechos era una cacería de brujas, en julio del
mismo año, dijo: “Más de un centenar de funcionarios federales, estatales y
municipales se encuentran actualmente en proceso de investigación por ilícitos
cometidos en el desempeño de su función, que van desde corruptelas hasta abuso
de poder”. Sin embargo, muchas de esas detenciones fueron arbitrarias, sin el
debido proceso y violando los derechos humanos de los supuestos delincuentes.
El Centro de
Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas informó que en el primer año de
gobierno de Patrocinio se registraron 362 violaciones a los derechos humanos,
resumidas en 14 asesinatos, 10 detenciones improcedentes y 15 desapariciones.
Hubo, además, conflictos agrarios en 48 municipios, siendo Pijijiapan con el
peor resultado: 9 campesinos asesinados por arma de fuego. Entre los ultimados
están el entonces líder de la CIOAC, Sebastián Pérez Núñez, y Arturo Albores
Velasco, líder de la OCEZ, férreos opositores del régimen.
En el imperio de
la ley los medios de comunicación también fueron duramente golpeados. Por
ejemplo, en noviembre de 1989, el Observador de la Frontera Sur fue sujeto de
una investigación fiscal que duró más de un año. Fue la primera intimidación de
González Blanco Garrido. Le siguió el periódico El Día, en ese momento dirigido
por Jorge Toledo Coutiño (q.e.p.d.). Ese diario fue incautado en junio de 1990,
el director fue infundadamente enviado a prisión acusado de narcotráfico y, el
7 de junio del mismo año, Alfredo Córdova Solórzano, corresponsal de Excélsior,
sufrió un atentado que le produjo la muerte tres días después.
En esa ola de
represión gubernamental tuvo mucho que ver Ignacio Flores Montiel, a quien el
exgobernador Patrocinio González nombró coordinador general de todas las
policías del estado (Judicial, Seguridad Pública y hasta la de Transito). Hizo
ese nombramiento a pesar de la crítica, pues Flores Montiel tenía la fama de
ser un policía corrupto que estuvo en prisión en 1979, siendo secretario de
Seguridad Pública del gobernador Salomón González Blanco, padre de Patrocinio, acusado
de quedarse con el botín de un asalto al Ingenio de Pujiltic.
Entre 1991 y 1993,
ocurrió una matanza de homosexuales. 15 murieron en total, aunque organismos
civiles alegan que fueron más de treinta. Se dijo que Ignacio Flores había
cometido los homicidios bajo las órdenes del gobernador. Otro rumor fue que por
instrucciones salidas de Palacio de Gobierno asesinaron a tiros al periodista
Roberto Mancilla Herrera, quien según poseía información que comprometía al mismísimo
Patrocinio.
González Blanco
Garrido abandonó el cargo los primeros días de enero de 1993 para asumir la
Secretaría de Gobernación durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari.
Y desde entonces se ufana al decir que nadie puede tacharlo de corrupto porque
nunca robó un peso a los chiapanecos.
Sin embargo, ¿cómo
es posible que haya sostenido un estilo de vida de mucha solvencia económica si
tiene más de dos décadas sin trabajar? ¿De dónde obtuvo los millonarios
recursos con los que construyó su parque ecoturístico Los Aluxes, en Palenque?
¿Puede comprobar que nunca ha recibido subsidio gubernamental?
Patrocinio
González navega en el doble discurso. Sea cual sea la ocasión, sea cual sea el
interlocutor, acomoda sus frases con la convicción de ser el único poseedor de
la verdad. Es oportunista. Durante años ha existido un pleito entre los
González Blanco Garrido y los Sabines, pero cuando Sabines Guerrero asumió la
gubernatura Patrocinio disimuló un romance con el ex mandatario con tal de que
éste le comprara a nombre del Gobierno del Estado los terrenos donde se
levantaron las instalaciones de la Feria Mesoamericana de Tapachula.
URGIDO DE PODER
El diputado local
Juan Salvador Camacho Velasco, hijo de Manuel Camacho Solís, pudo quedarse
callado ante lo dicho por el exgobernador. Pudo también lanzar una serie de
invectivas y desahogar su furia (si la hubiera, claro) contra quien está
mancillando la memoria de su padre. No hizo ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, puso
las cosas en su lugar: “es una mentira con la que hoy intenta que lo volteen a
ver”.
Kennedy dijo que
“la grandeza de un hombre está en relación directa a la evidencia de su fuerza
moral”. Camacho Velasco es un político sin dobleces, inteligente, coherente con
los tiempos, deseoso de sumar su esfuerzo a favor de Chiapas. Y dijo que de no
haber decidido Carlos Salinas renunciar a Patrocinio González, lo que hoy
recordaríamos sería un baño de sangre: “Patrocinio proponía un genocidio. Para
él la única manera de terminar con el levantamiento armado era matando a los
indígenas, no dialogando con ellos”.
Tiene razón.
González Blanco nunca fue un hombre democrático, tolerante y conciliador.
Perteneció a las filas del PRI represor y todopoderoso. Como muestra están los
malogrados años de su gobierno.
Sin monomanías, el
diputado de Morena sentenció “no busco confrontarme con él (…) Ahora bien,
aunque mi padre está muerto, con gusto puedo verle de frente (a Patrocinio) y
debatirle con pruebas, espero que él las tenga”.
Patrocinio
González puede decir lo que quiera, pero sus palabras no cambiarán la historia.
Dice que fue amigo de Luis Donaldo Colosio y que fue él quien le sugirió
renunciar. Mentira. Fue Manuel Camacho quien le propuso el despido de éste al
expresidente Salinas con el fin de evitar la masacre de zapatistas.
En la búsqueda de
poder se revela la grandeza o la miseria del hombre. Y Patrocinio ha demostrado
ser un hombre miserable que con tal de ganar notoriedad es capaz hasta de
insultar a los muertos que ya no pueden defenderse.
Sin duda, Patrocinio
González cometió un artero acto de cobardía. Empero, ante sus anhelos de poder
a estas alturas de su vida más que censurarlo, mejor se le compadece. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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