TRAICIÓN E IMBECILIDAD



La historia del poder en Chiapas está compuesta por un abultado catálogo de frivolidades, excesos, crímenes y obsesiones costosísimas. No es difícil encontrar ejemplos del atropello, del engaño, de la ineptitud e, incluso, de la perversidad. Pero no creo que pueda encontrarse en esa larga historia de la política chiapaneca, un periodo gubernamental más desleal e imbécil que el de Carlos Morales Vázquez. 

A cada cosa hay que llamarla por su nombre. Esas dos palabras, aunque suenan demasiado fuertes, no son un insulto, son la identificación de los efectos de un gobierno. La imbecilidad es, en el sentido semántico, la escasez o carencia de inteligencia o buen criterio. Etimológicamente, imbécil es un sustantivo que proviene del griego “imb” (sin) y de “bakalum” (báculo), es decir, se refiere a quien no tiene soporte para caminar o a quien ha perdido la autoridad o la realeza (en nuestra tradición el báculo es un bastón de madera, largo y curvo en su extremo superior que es utilizado por los obispos como símbolo de su autoridad espiritual).

Por tanto, en ambos sentidos el imbécil es quien carece de sabiduría, el que no puede sostenerse a sí mismo y que, teniendo la autoridad para gobernar, se destruye o destruye a quienes gobierna.

Nuestra vida política está llena de imbecilidad y de imbéciles. La gestión de Juan Sabines Guerrero como presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez fue realmente mala. Nació con buenas expectativas al ser hijo del bien recordado exgobernador Juan Sabines Gutiérrez, pero terminó creando una mafia que lo relevó en el poder periodo tras periodo hasta el 2015, e hizo un festín de rapiña no sólo con los recursos de la capital chiapaneca, sino también con los del Gobierno del Estado.

PEOR QUE YASSIR Y CASTELLANOS

Seth Yassir Vázquez Hernández se convirtió en alcalde por influencias de su padre putativo: Sabines Guerrero. Nadie me dejará mentir, pero hubo un momento en que aquel joven tuvo gran empatía con la sociedad hasta que, en una vuelta de tuerca, sus excesos acabaron por tacharlo como uno de los peores gobernantes que haya tenido la ciudad en la época reciente.

Su campaña política provocó una inusitada esperanza en las personas que anhelaban tener un buen gobierno. Se ganó la confianza de la gente exhibiéndose como un hombre de pueblo, nacido de casa humilde. Muchos confiaron en él, en su juventud, en su frescura y encabezó una de las administraciones más ambiciosas de los últimos tiempos.

Con la obra “¡Qué viva el centro!” quiso pasar a la historia como los grandes. Soñó en ser gobernador del estado y durante algún tiempo se dijo que sería el sucesor de Sabines. Empero, la dichosa obra fue un fracaso descomunal, con monstruosos escándalos de corrupción, empresarios constructores que cobraron millones de pesos sin hacer nada, con funcionarios que huyeron con grandes cantidades de dinero y con el propio Yassir que, ante la presión de los proveedores, un día tuvo que salir escondido del palacio municipal dentro de la cajuela de un automóvil.

También, las negociaciones con Proactiva le dieron mucho dinero que fue a parar a sus cuentas bancarias, mientras esa empresa recibía impunidad y mayores beneficios que salían del erario.

Finalmente, dejó una deuda de más de 900 millones de pesos y fue obligado a renunciar al cargo y a cualquier otra aspiración política. Salió, literalmente, por la puerta trasera.

Fernando Castellanos Cal y Mayor fue otro joven político que alcanzó la presidencia municipal por imposición de su padrino político: Manuel Velasco. En campaña aseguró remediar los problemas históricos, acabar con los conflictos sociales, cancelar el contrato con Proactiva, transformar la imagen urbana de la ciudad y llevar a Tuxtla Gutiérrez hacia el progreso.

También resultó ser un inepto para la cosa pública. Aunque, la verdad, durante la primera mitad de su gestión logró conquistar la confianza de los ciudadanos a través de estrategias como “Jueves de audiencia ciudadana”, donde cada semana se pasaba largas horas atendiendo personalmente a la gente. Realizó, además, obras de bacheo, pavimentación, alumbrado público, alcantarillado y de remodelación. Sin embargo, todo fue una fachada, pura y vil simulación cuyo objetivo era proyectar su carrera hacia la gubernatura.

En el segundo año de su gestión se sintió como el virtual gobernador de Chiapas. Pues siempre contó con el respaldo y hasta con la complicidad del exgobernador Velasco. Castellanos Cal y Mayor dilapidó cantidades obscenas de dinero en publicidad, utilizó las obras de infraestructura para el desvío de recursos, aumentó la deuda pública, negoció con Proactiva y, presuntamente, pagó parte de su campaña al gobierno del estado con recursos del Ayuntamiento.

CARLOS MORALES

En el gobierno de Carlos Morales Vázquez no hay asomo de estrategia, de agenda pública, ni de proyecto de gobierno. ¿Alguien se atrevería a decir todavía que ganó por méritos propios cuando después de seis meses de gestión es considerado el tercer peor alcalde de todo el país?

Caudae Estrategias es una empresa de prestigio a nivel nacional que cuenta con equipos de profesionales que se dedican a asesorar proyectos políticos y empresariales. En una encuesta que realizó en 40 de las principales ciudades de México, entre ellas Tuxtla Gutiérrez, preguntó: supongamos que perdiste tu bolso o cartera en la vía pública y el presidente municipal (Carlos Morales) la encontró, ¿crees que te la regresaría? El 72.80 por ciento de los encuestados dijo que no.

Otra pregunta fue: vas a presentar un examen y necesitas a un asesor que te ayude a resolver los problemas, ¿le pedirías al presidente que te acompañe? El 79.90% dijo que no. El último cuestionamiento planteado fue éste: si se te presenta una emergencia y necesitas dejar bajo cuidado a tus hijos o a un ser querido, ¿se lo encargarías al presidente municipal? El 79.40 por ciento volvió a responder no.

En otras palabras: casi 8 de cada 10 tuxtlecos consideran que Morales Vázquez es deshonesto, inepto y nada confiable. Sin duda, esa encuesta exhibió a su gobierno como un bulto en caída libre.

Las respuestas no eran para menos. Porque en este medio año de “gobierno” Carlos Morales ha demostrado ser un gobernante imbécil y traidor. No suelto esas palabras con ligereza. Entiendo la severidad del cargo y la facilidad con que se lanza el epíteto. Hablar de que es un traidor es algo serio. Pero me parece que, con todo, los calificativos son justos porque el presidente municipal prometió ponderar la democracia, ser honesto, respetuoso de las leyes y de los derechos humanos, y en nada ha cumplido.

Igual que Yassir Vázquez, Carlos Morales aseguró combatir la corrupción y tener un gobierno de puertas de abiertas, pero toma decisiones a espaldas del cabildo, no da audiencias, está acusado de realizar contratos con proveedores sin obedecer las leyes y hace pocos días personal del Ayuntamiento desalojó a Mariano Cañaveral Aguilar, de 85 años de edad, de un espacio que tenía en comodato en la colonia San Roque y que utilizaba de vivienda desde hace más de 20 años.

Ese señor de la tercera edad es un hombre respetuoso, que ha trabajado en el cuidado del parque de la colonia durante todo ese tiempo y sin recibir pago alguno. Es una persona vulnerable que contribuye con el patronato y ayuda a los vecinos. Se sostiene de las aportaciones voluntarias, y las autoridades lo echaron a la calle sin presentar ningún documento. Sin duda otro acto inhumano del alcalde de Tuxtla Gutiérrez. Eso se llama imbecilidad.

Igual que Fernando Castellanos, Morales sueña con ser gobernador y también aseguró correr a Proactiva, pero tan pronto asumió el cargo pactó beneficios mutuos con esa empresa de los que se rumora le dejaron varios millones de pesos en sus bolsillos. De ese terrible escándalo ha guardado un profundo silencio. Debe hablarse de deslealtad porque sometió a su presidencia a la corrupción.

La intensidad del rechazo que fue corroborado por la encuesta no obedece a otra razón: los tuxtlecos se sienten traicionados por su alcalde. Esto ya no es simplemente la opinión de los medios, es el desacuerdo de la gente con el gobernante; es desprecio e ira.

No recuerdo un momento de mayor indignación en la opinión pública contra un presidente municipal. Ni de mayor riesgo de ingobernabilidad por desaprobación. Carlos Morales, a seis meses de tomar protesta, entre el odio y la imbecilidad. ¡Chao!

yomariocaballero@gmail.com

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