En la política
nada puede ser más valioso que el sentido de la realidad. Ver, oler y palpar la
circunstancia. Los estadistas, esos expertos en asuntos de Estado que han
contribuido para el desarrollo y estabilidad de los países, no son personas
llenas de teorías o grandes conocedores de las ciencias que, por fidelidad a
esos conocimientos, imponen sus lecciones al mundo. No. Tampoco son técnicos
que gobiernan con un recetario bajo el brazo, sino hombres y mujeres hábiles
para percibir lo que ocurre a su alrededor, para comprender el presente.
Para transformar
la realidad siempre es más importante el tacto que la idea. Un político debe
ser capaz de identificar el carácter único de la situación, entender las
dificultades del momento, palpar el ambiente, leer el comportamiento de sus
iguales, anticipar aquello que apenas es un rumor y advertir los futuros
escenarios. El descernimiento político, decía Isaiah Berlin, es una sabiduría
práctica, una forma de la sensibilidad antes que una expresión de la
inteligencia.
Durante los
primeros meses de su gobierno, Rutilio Escandón Cadenas ha dejado en claro la
agudeza de su olfato y, al mismo tiempo, la amplitud de su mirada. El sentido
de la realidad del gobernador se muestra, por decirlo de alguna manera, vinculado
a los tiempos y condiciones que nos ha tocado vivir.
Por un lado, se
advierte la capacidad para entender el humor social de los chiapanecos, las
necesidades del estado y, a partir de ahí, construyó la agenda pública. El
mandatario habla el lenguaje del momento y planea meticulosamente cada paso de
su nueva política. Al mismo tiempo, se conecta con la realidad y no huye de las
complejidades. Las instituciones del Estado viven su peor etapa en décadas,
dijo en un acto de gobierno. No se refugia en la demagogia para no tener que
enfrentar el fastidio de los hechos incómodos. Para cualquier otro en su lugar
sería más fácil asegurar que todo está miel sobre hojuelas, y así no tener que
cumplir con sus compromisos.
En días recientes,
el Dr. Escandón Cadenas resultó ser el gobernador mejor posicionado del país de
acuerdo a la encuesta mensual de México Elige. Con 73.3 por ciento de la
votación a su favor, los chiapanecos consideran que el mandatario estatal es un
buen gobernante, apto y merecedor de toda confianza. Esa puntuación lo coloca incluso
por encima de la morenista Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de
México y una de las personas más cercanas al presidente López Obrador.
Lo más revelador
de esa encuesta no es el gran nivel de aceptación que posee el gobernador
Rutilio Escandón a escasos cuatro meses de asumir el poder, sino su estilo de
gobernar, que con amplio sentido de la realidad supo ubicar las prioridades y
encauzar las políticas públicas más apremiantes.
Una de las
acciones que detonó ese resultado fue sin duda la estrategia de seguridad, de
combate a la violencia, a las invasiones ilegales de tierras y a la impunidad
de los grupos antagónicos que tanto daño le hicieron al estado en años
anteriores.
VIOLENCIA, DESTRUCCIÓN E INDIFERENCIA
Tristemente,
Chiapas se convirtió en un territorio violento a consecuencia de que el
gobierno no cumplió y además torció su deber constitucional de brindar
seguridad y protección a los ciudadanos. En la indefensión y a merced de los
propios agentes responsables de la seguridad y el cuidado, la sociedad
chiapaneca cayó dentro de un profundo vórtice de ingobernabilidad.
La administración
de Absalón Castellanos Domínguez (1982-1988) fue responsable de al menos 153
asesinatos políticos, 692 encarcelamientos injustificados, 327 desaparecidos y
503 secuestros. Algunas investigaciones hablan además de casos de tortura a
líderes campesinos.
Ese es sin duda el
mayor ejemplo de la crisis que provoca la improvisación, misma que fue el común
denominador hasta el sexenio que acaba de concluir. Y a ello se suma la
complicidad, los excesos, los abusos de poder y los experimentos en materia de
seguridad. En ese periodo de más de 30 años no sólo no hubo estrategias idóneas
para enfrentar la inseguridad, también surgieron personajes todopoderosos que
en lugar de proteger al ciudadano cometieron una serie de atropellos al amparo
del gobierno. Lograron, digámoslo así, institucionalizar la impunidad.
Uno de ellos fue
Ignacio Flores Montiel, de quien se cuenta fue un policía corrupto y
sanguinario que estuvo involucrado en el asesinato de al menos 15 homosexuales
durante el gobierno de Patrocino González. El viernes 20 de abril de 2007 fue
detenido en la Ciudad de México acusado del homicidio del periodista Roberto
Mancilla, ocurrido el 2 de febrero de 1993.
En una época más
reciente, lo fue también Mariano Herrán Salvatti, quien durante la
administración de Pablo Salazar operó la represión política más desalmada de la
historia contemporánea.
Por muchos lustros
Chiapas fue la geografía del horror. Un estado donde los gobernantes ignoraron
la legalidad y los procuradores de justicia ocultaron los crímenes en las
gavetas de la historia. Vivimos, por qué no decirlo, una época de quebranto en
el que nadie pudo cerrar los ojos ante los agravios, las muertes y las masacres
ejecutadas por el mismo gobierno.
Al finalizar la pasada
administración estábamos en el primer lugar nacional por desplazamiento forzado
por violencia y se habían documentado al menos 50 casos de tortura sólo en los
últimos tres años. Aumentaron los feminicidios, los atentados contra defensores
de derechos humanos y la organización Por la Superación de la Mujer informó que
Chiapas también ocupaba el primer lugar en violencia contra la mujer, donde en los
municipios de la costa incrementaron los abusos sexuales en menores de edad, cometidos
por centroamericanos. Y desde 2017, el número de desplazados en la región de
Los Altos supera las 5 mil personas.
MESAS DE SEGURIDAD
Por todo ello, hay
que notar que la seguridad alcanza un alto rango de prioridad en toda sociedad.
Si ésta no se atiende, se desmorona el tejido social. La economía se detiene,
hay fuga de capitales y se genera un clima de suma incertidumbre en los
empresarios, en los trabajadores, en los estudiantes y hasta en las amas de
casa que llevan a sus niños a la escuela y van por el mandado con el “¡Jesús!”
en la boca.
El gobernador
Escandón Cadenas se ha percatado de que es la inseguridad la fibra más sensible
de nuestro tiempo. Por eso ha puesto en marcha las Mesas de Seguridad, una
táctica novedosa que a la par de combatir la delincuencia con destreza
policial, también sirve de termómetro para evaluar los avances, las estrategias
y las acciones implementadas para garantizar la tranquilidad de los ciudadanos.
Las Mesas de
Seguridad es un plan de trabajo que involucra a los tres órdenes de gobierno.
Contempla la renovación del esquema policial en el estado, cuyo objetivo es
disminuir la incidencia delictiva por medio de intervenciones de contención y
prevención integral de seguridad, asimismo elevar el bienestar común, promover
la cultura de la paz, impulsar la participación de los habitantes y fortalecer
la cohesión social. Otro de los objetivos es recuperar la credibilidad de las
instituciones de justicia.
El primer día de
este mes, el titular del Centro Nacional de Certificación y Acreditación del
Sistema Nacional de Seguridad Pública, Mauricio Ibarra Romo, reconoció las
acciones del gobernador Escandón por garantizar el orden y la paz social en el
estado. Entre los resultados de esta iniciativa es haber logrado disminuir los
delitos de alto impacto y situar a Chiapas entre los estados más seguros de la
nación.
No hacen falta,
por supuesto, quienes digan que nada ha cambiado porque finalmente a esos
eternos disconformes lo único que los mueve es agitar el río mediante la
descalificación a ultranza de las buenas acciones gubernamentales y así hacerse
de una buena pesca.
No obstante, las
Mesas de Seguridad están en marcha y buscan elevar las condiciones de vida de
los chiapanecos a través de un esquema de seguridad, con más salud, mejor
educación, desarrollo económico y menor violencia.
Para cambiar el
rumbo de la historia se requiere voluntad política, sensibilidad y de entender
el vínculo entre decisión y consecuencia. Empapado de esa realidad, Escandón
Cadenas, se sumerge una y otra vez en ella para hacer posible lo que siempre se
nos negó o maquilló: paz social, justicia y legalidad. ¡Chao!
yomariocaballero@gmail.com
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