LA LACRA DE LA CUARTA TRANSFORMACIÓN



El moralismo de la nueva administración federal apuesta a la honestidad, no al engaño. El presidente Andrés Manuel López Obrador lo ha venido diciendo durante años: no tiene la menor intención de traicionar al pueblo. Por eso prometió que su asunción al poder sería un parteaguas en la historia política de México. Dijo, incluso, que el amanecer del 1° de diciembre de 2018 sería el inicio de la Cuarta Transformación del país. A partir de ese día acabaría la etapa de un modelo económico, de un arreglo político y la inmoralidad de los gobernantes.

Ese discurso de esperanza y cambio terminó por crear un efecto electoral imparable. No importó quién estuviera en la boleta, con que apareciera junto al logotipo de MORENA bastó para que muchos tacharan el nombre. Si eran ex priistas, ex panistas, ex perredistas, ex funcionarios ligados al narcotráfico o señalados de abusos de poder y corrupción, de todas formas, fueron votados. Y los que votaron por AMLO y por los candidatos de su partido creyeron en la promesa de que el nuevo régimen se conduciría con sensibilidad, prudencia y modestia.

Hoy, sin embargo, después de algunos meses de que los gobernantes morenistas tomaran protesta a sus respectivos cargos, hemos visto que muchos no son honestos ni sensibles. Traicionaron su propia palabra. Porque todos ellos tomaron para sí mismos los emblemas de Morena: combate a la corrupción, a la impunidad y lograr el desarrollo de sus gobernados. Y estaban en su derecho de hacerlo. Pero quien se dispone a asumir una responsabilidad pública también debe ser congruente con la promesa que simboliza. Y Carlos Morales Vázquez, quien presume una cercanía con el presidente de la República, ha fallado precisamente por eso.

TRAICIÓN Y VALEMADRISMO

En la política importan mucho los símbolos. Los partidos y actores los necesitan para lograr adhesión, para hacer comprensible el sentido de sus acciones, para elaborar un relato persuasivo, para convencer al público y tener una imagen que los identifique entre los demás. Aunque también los requieren para ocultar lo deleznable, lo aborrecible.

Por eso cuando sabemos de un acto de corrupción, de un nuevo desfalco a las arcas públicas o de un fraude electoral, lo primero que viene a nuestra mente es el PRI. Es decir, los símbolos están inevitablemente ligados a sus consecuencias. Si los de Morena hablan de representar el cambio, están comprometidos a producirlo. De lo contrario, estarían traicionando la confianza de los electores.

Como Carlos Morales que creó grandes expectativas sobre su gobierno por tan sólo cargar con los símbolos de Morena, pero está completamente desligado a ellos.

Hoy por hoy, Tuxtla Gutiérrez está viviendo en la anarquía. Morales Vázquez no ha podido desmarcarse de los anteriores gobiernos, disociarse de las viejas mañas, romper con las tradiciones y abandonar la conducta que siempre se le reprochó.

Estando en campaña, dijo: “La ciudad de Tuxtla Gutiérrez tiene problemas complejos, pero cada uno debe atenderse de manera transversal y fundamentalmente con una ingeniería administrativa que permita ordenar el gasto público y mejorar los ingresos para abatir los rezagos en temas imprescindibles como seguridad, agua potable, basura, vialidades y ordenamiento territorial”. No obstante, a sus propuestas no ha logrado agregarle sentido de responsabilidad.

En primer lugar, porque ya son muchos los señalamientos del mal manejo de los recursos municipales. Se cuenta que empresas que operan bajo sus prestanombres y otras que son propiedad de sus familiares han recibido contratos de manera directa con el Ayuntamiento, sobre todo aquellos que tienen que ver con el bacheo de calles.

¿Dónde está pues esa “ingeniería administrativa que permita ordenar el gasto público” cuando por todos es conocido que hizo despidos masivos de la plantilla laboral (en un supuesto combate al aviadurismo), pero que sólo fue una treta para colocar en esos puestos a amigos, recomendados, compadres y parientes?

Por otro lado, ¿en qué están siendo aplicados los recursos de los tuxtlecos cuando no vemos ningún avance en materia de seguridad, alumbrado, limpia y vialidades?

Morales Vázquez ha presumido destinar un importante presupuesto para reforzar la seguridad. Sin embargo, la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, realizada por el INEGI, recogió que la percepción de inseguridad en Tuxtla Gutiérrez pasó del 75.8 al 80.5 por ciento los pasados meses.

En días recientes, ante la incompetencia del gobierno tuxtleco, los ciudadanos han implementado con sus propios medios y recursos brigadas de seguridad comunitaria para contener la delincuencia en sus colonias. Eso es entendible, pero grave a la vez, ya que incentiva hacer justicia por propia mano y eso es un delito.

En cuanto a alumbrado público, el presidente municipal determinó un presupuesto anual de 102 millones 506 mil pesos. Empero, hay decenas de colonias en todo el municipio que están en penumbras, como Loma Bonita, Santo Domingo, los fraccionamientos Bonanza y Real del Bosque, San Francisco, Francisco I. Madero, Obrera, La Misión, Patria Nueva, Las Granjas, El Brasilito, por mencionar algunas.

Pedro Vázquez López, empresario de la zona centro de la ciudad, denunció que desde el parque central hasta el mercado Juan Sabines está completamente oscuro, siendo el alumbrado de los comercios el único que ilumina las calles por las noches. Asimismo, padres de familia se han quejado por la falta de atención de las autoridades que no han hecho nada por resolver ese problema en los alrededores de las escuelas Cobach 35 y Cbtis 144, en la colonia 24 de Junio, donde han incrementado alarmantemente los asaltos a los estudiantes.

En ese contexto, el vandalismo y la delincuencia han proliferado. El presidente de la Barra de Ingenieros Mecánicos Electricistas, David Mandujano Román, dijo que la problemática está rebasando al presidente municipal, que ni siquiera es capaz de implementar programas de mantenimiento.

El Diario de Chiapas realizó un reportaje al respecto y encontró que, entre muchas deficiencias, por toda la avenida central, desde la 4ª poniente, hay decenas de luminarias inservibles, vandalizadas y muchas que permanecen encendidas durante todo el día.

Dos meses después de asumir el cargo, Carlos Morales rindió un informe sobre la mala situación financiera y administrativa del Ayuntamiento. Ahí dijo que respondería con resultados a la confianza depositada en su persona y anunció que acabaría con el dispendio: el símbolo de austeridad de López Obrador.

El anuncio fue recibido con entusiasmo, pero ¿qué correspondencia tiene ese gesto cuando en lo oscurito pactó con Proactiva beneficios económicos mutuos? ¿Hay algo más ofensivo que los altos sueldos de los funcionarios municipales o planear la renta de vehículos para utilizarlos como patrullas, siendo que hace menos de dos años se realizó una inversión millonaria en autos y motocicletas para ese mismo fin? Bien caro puede salirnos el teatro de la austeridad de Morales.

¿QUÉ DICE MORENA?

Hoy, ante la incompetencia y frivolidad de Carlos Morales, ¿qué dice Morena? ¿De qué manera asumirá el costo político que está significando el mal desempeño del alcalde de Tuxtla? ¿Hasta dónde permitirá López Obrador que su “amigo” siga deshonrando los símbolos de su partido? Si el presidente piensa consolidar a su agrupación política como la primera fuerza electoral del país, jamás lo logrará tolerando elementos mediocres e irresponsables como Morales Vázquez.

Pero, especialmente, ¿qué harán los tuxtlecos que votaron por Morales? ¿Dejarán que las cosas sigan tal como están? ¿Se indignarán al menos?

No es el tiempo para que todo termine en un simple enojo, en una decepción. Llegó el momento de exigir cuentas a los gobernantes. Demandar el cumplimiento de sus compromisos. Llevar la crítica hasta sus últimas consecuencias. Pedirles, incluso, la renuncia.

Carlos Morales prometió un cambio y es responsabilidad de todos hacer que cumpla. Si queremos un mejor porvenir, reclamemos nuestro derecho a tener un buen gobierno y para ello utilicemos los medios y las redes sociales. Denunciemos los abusos y señalemos los fallos. Nadie puede quedarse callado.

Si los de la Cuarta Transformación permiten que el acalde Morales sea la lacra de Morena y del proyecto de AMLO, allá ellos. Nosotros defendamos lo que nos corresponde: justicia, paz y seguridad. ¡Chao!

@_MarioCaballero

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