La reforma de la
reforma educativa del presidente Andrés Manuel López Obrador es casi una
realidad. Dijo en campaña que no quedaría ni una coma de la reforma de Peña
Nieto y cumplió su palabra. Sin embargo, la oposición y las movilizaciones de
la CNTE continúan igual que desde hace 6 años. Nada les parece.
Hay que reconocer el
gesto que el gobierno de López Obrador mostró para conciliar los frentes, por
abrir espacios para acercar la propuesta y captar las distintas posiciones
sobre el tema educativo y, especialmente, por permitir que académicos, expertos
y la sociedad civil fueran parte de la iniciativa de la que el miércoles pasado
se aprobó el dictamen en la Cámara de Diputados.
Son dos puntos los
que hacen ver esta nueva reforma muy diferente a la anterior y que incluso obedecen
a las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. El
primero tiene que ver con el respeto al maestro y el segundo con la cancelación
de las evaluaciones que provocaron una ola de manifestaciones contra lo que
algunos tildaron como “la mal llamada reforma punitiva”.
Pero, ¿sí era
punitiva la legislación peñista? No. Hagamos un breve paréntesis para aclarar la
respuesta.
El supuesto castigo
laboral infligido por la evaluación docente, es decir, el número de maestros
que perdieron su plaza por reprobar tres evaluaciones sucesivas, es cercano a
cero.
Los académicos
Marco Fernández y Rafael de Hoyos hicieron un estudio al respecto considerando
los dos sujetos de la evaluación: los profesores de primer ingreso y los
maestros con plaza. Revelaron que de los 360 mil 864 docentes evaluados, sólo 2
mil 935 resultaron perjudicados perdiendo la plaza o siendo reasignados en
tareas administrativas. En otras palabras, las cuentas de los dos expertos
refieren que el porcentaje que ellos llamaron con buen humor “tasa de
punitividad” es sólo de 0.8 por ciento del total. Casi nada.
Aunque la reforma
anterior dejó mucho qué desear no hay razones para afirmar que tenía como fin
el despido masivo de educadores, como tanto afirmaba la CNTE.
Volviendo al tema.
La reforma educativa de AMLO reconoce al maestro como agente de transformación
del sistema educativo. No como Peña Nieto que lo juzgó como un estorbo a su
proyecto de gobierno. Los trataba como ignorantes y revoltosos.
Es preciso aclarar
que esa reforma tuvo primeramente un fin político: unir al PRI, PAN y PRD
(Pacto por México) contra la maestra Elba Esther Gordillo. Y en 2018 se habló
tanto de ella con la finalidad de promover la candidatura de su creador hacia
la Presidencia de la República: Aurelio Nuño.
Otro punto a
destacar de la reforma de AMLO es que reconoce que la educación debe tener un
enfoque de igualdad sustantiva. Y retoma la propuesta de tener el derecho a la
educación inicial.
Hace énfasis en
que las evaluaciones no pondrán en riesgo la permanencia en sus plazas y que se
elimina el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.
Lo realmente
plausible, es que esta nueva reforma haya dejado plasmado en la Constitución, y
que es una gran noticia, los concursos de ingreso y promoción para ingresar al
Servicio Profesional Docente, mismos que serán utilizados para que todos los
educadores tengan las mismas oportunidades para desarrollarse como directores o
supervisores.
Esto por mencionar
lo más relevante. De tal manera, en términos generales es un buen proyecto. Si
se pudiera medir del uno al diez, tal vez alcanzaría un 8 de calificación.
¿QUÉ LE MOLESTA A LA CNTE?
Por tanto, si el
presidente hizo todo lo posible por cancelar el sesgo supuestamente punitivo de
la evaluación, dejó en claro que no se pretende privatizar la educación y
canceló de un solo tajo la reforma anterior, ¿qué es entonces lo que le molesta
a la Coordinadora que ha iniciado nuevas movilizaciones?
Antes nos vendieron
la idea de que la reforma educativa rescataría a la nación de la ignorancia y
el atraso. Pero, siendo sinceros, dicha reforma fue más política y laboral que
educativa. Se redujo a una decisión elemental: la expropiación de la política
educativa. Y no fue poca cosa: recuperar la rectoría que el sindicalismo
ejercía en los hechos. Darle al Estado el control de la política pública en
materia de educación.
Por varias décadas
el sindicato magisterial dictaba lo que se tenía que hacer en el sector
educativo. Tuvo injerencia sobre el diseño, planeación, organización y puesta
en marcha de los modelos educativos y planes de estudio. Manejó parte del
presupuesto, dispuso de muchos recursos del erario para sostener a los
principales grupos de poder en el gremio, tuvo el dominio total de las plazas
que vendía en 50, 60, 80 y hasta 100 mil pesos y negociaba otras prerrogativas.
Aparte, estaban las
comisiones que facilitaban a miles de maestros hacer tareas del sindicato y también
cobrar por una o dos plazas que no ejercían. Por eso hay muchos líderes
millonarios. Y todos esos privilegios están cancelados desde ya en la nueva
reforma.
Es importante
destacar esa medida. La manera en que la Coordinadora llegó a controlar el
instituto educativo en Oaxaca y lo que hace actualmente en la Sección 7 en
Chiapas, son ejemplos del mal que sufrió la educación por las claudicaciones
del Estado mexicano en los últimos lustros. Ir dejando a los dirigentes
sindicales las tareas que corresponden al gobierno convirtió al sindicato en
autoridad. Por mucho tiempo fue el gremio magisterial quien entregaba puestos y
ascensos, quien repartía beneficios y aplicaba sanciones. Los méritos
profesionales de los maestros era lo de menos. Lo importante era la
contribución a la eterna lucha sindical. Los gobiernos locales eran incapaces
de ejercer sus responsabilidades esenciales en escuelas donde mandaba el
sindicato. A base de cesiones, el Estado ganaba la paz, pero se sometía a una
extorsión insaciable.
Igual que desde 2013,
las actuales movilizaciones de la CNTE no tienen el menor indicio de que el
objetivo sea defender y promover los derechos de los docentes. Mucho menos que
tenga que ver con la mejora de la educación de los niños y jóvenes de México. Que
nadie sea llamado a engaño: buscan, evidentemente, reestablecer sus antiguos
beneficios.
Los bloqueos y
plantones recientes en el recinto legislativo de San Lázaro tienen la única y
exclusiva finalidad de presionar al mandatario. Porque lo que los “profes” de
la sediciosa CNTE quieren es reestablecer el tema patronal y laboral, entre la
SEP (patrón) y el sindicato (empleado), para que se rija conforme al Apartado B
del Artículo 123 constitucional. ¿Por qué?
Dicho apartado
legal que norma la relación laboral de los trabajadores al servicio del Estado,
le daría derecho a la Coordinadora de tener el control sobre el 50 por ciento
de las plazas de nuevo ingreso y las que quedan vacantes cuando un maestro se
jubila o fallece. Y, pues, de acuerdo a esa ley tendría el derecho de repartirlas
bajo los criterios que la dirigencia establezca o convenga.
UN COMPROMISO COLECTIVO
“No va a haber
evaluaciones punitivas, se cancela por completa la reforma educativa (de Peña
Nieto). Pero aclaro no queremos venta de plazas ni trafiques con la nómina.
¡Eso no! No permitiremos la corrupción, aunque sean los más radicales y
extremistas, ya no hay corrupción tolerada desde el gobierno, eso que quede
claro”, dijo el presidente López Obrador y es lo mejor que se puede proponer respecto
a ese complicado tema.
No hay que perder
vista que las concesiones que se dieron en el pretérito dieron paso a la cesión
de las atribuciones esenciales del Estado. La lucha de la CNTE, más allá de la
negociación de aumentos salariales y prestaciones, pretende presionar al
tabasqueño para que les devuelva el control de las inspecciones, vigilancia,
promoción y sobre todo en las plazas. Eso es precisamente lo que AMLO quiere
impedir.
El gobierno de
Andrés M. López ha logrado sacar adelante una reforma quizá no perfecta, sino
perfectible y muy prometedora. Es deber de todos respaldarla ya que será el motor
del proyecto educativo de esta administración.
Como sociedad y
gobierno no debemos permitir que la CNTE usurpe el espacio de la conversación y
el debate, que deberían estar ocupados en las aulas, con los niños, con los
jóvenes, con el futuro de la educación, y no por conflictos de poder de ese
reprobable sector del magisterio que durante años ha vivido de la coerción y el
chantaje. ¡Chao!
@_MarioCaballero
Comentarios
Publicar un comentario