Hay
batallas que merecen ser libradas. Imposible construir un régimen de derecho
sin enfrentar a los beneficiarios de la ilegalidad. O, más claramente, a los
criminales. El combate a la delincuencia exige pleitos. No será con prédicas ni
apapachos como lograremos levantar una sociedad de leyes para dejar atrás el
régimen de la impunidad, del favor y la extorsión.
Lo
ocurrido ayer con el Movimiento Campesino Regional Independiente (MOCRI) no fue
un operativo de desalojo cualquiera. Tiene grandes connotaciones políticas e
históricas. Y quedó claro que el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas tiene la
voluntad y valentía para enfrentar a los enemigos poderosos y cambiar realmente
las cosas.
Si
Chiapas cayó en una crisis de ingobernabilidad fue porque en los gobiernos
pasados se toleró el abuso y hasta hubo complicidad. El Estado de Derecho fue
letra muerta. La violencia, los saqueos, el bloqueo de carreteras, la quema de
edificios públicos, entre otros actos vandálicos, eran premiados con canonjías
y prebendas que consistían desde pagos en efectivo hasta puestos en el
gobierno.
Los
líderes de esos grupúsculos subsistieron durante largo tiempo invocando la
negociación política por medio de la coerción. Amenazaban a ultranza y siempre
jugando el rol de víctima. Lucrar con el chantaje, se dice. Las transacciones
con funcionarios les permitieron hacerse de un patrimonio y de gruesas cuentas
bancarias. Lo peor de todo es que esos gobiernos coquetearon y condescendieron
con ellos, los utilizaron para crear conflictos que luego solucionaban para parecer
los héroes, pero se les salieron de control.
Los
Chinchulines, Paz y Justicia y el Mira, fueron grupos paramilitares vinculados
al PRI, pero cuya existencia siempre fue negada por el gobierno.
Se
les llama aprobatoriamente “autodefensas”. Pero son grupos armados que se
encuentran fuera de la estructura estatal que, sin embargo, son tolerados por
el Estado mexicano. Son organizaciones que se han constituido al margen de la
ley. El paramilitarismo puede ser comprensible en la desesperación de una
guerra pero, como política, es demencial.
Tal
fue el caso de Los Chinchulines, que operó entre las décadas ochenta y noventa
en la zona norte de Chiapas, concretamente en Bachajón. Esa agrupación fue supuestamente
liderada y protegida por el priista Rafael Ceballos Cancino, diseminando un
clima de violencia a punta de metralla. Se cuenta que las armas que utilizaban
eran las llamadas cuernos de chivo.
De
los Chinchulines se documentaron al menos 123 asesinatos y en todos se emplearon armas de alto poder y una destreza
singular para cometerlos. Hay testimonios de que esa pandilla de malhechores
recibía adiestramiento de ex agentes de la Policía de Seguridad Pública y ex
militares.
Se
dijo que el gobierno de Julio César Ruiz Ferro había aportado cinco millones de
pesos a ese y a otros grupos paramilitares que perpetraron crímenes al amparo
del poder. El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas reveló que
el dinero salió de un programa de reactivación agrícola y pecuaria, y que una
buena parte estaba en las cuentas bancarias de Ceballos Cancino, quien a través
de la guerrilla había obtenido cargos parlamentarios y una importante cuota de
poder.
A
pesar de los reclamos y las denuncias, nadie fue encarcelado. El gobierno
priista protegió a Los Chinchulines. A mediados de 1998 la Procuraduría General
de la República inició una investigación contra Rafael Ceballos, quien estaba
acusado de obtener dinero del gobierno local para la compra de armas, pero se
congeló sospechosamente.
MOCRI
Chiapas
ha sido una tierra fértil para los grupos sociales. Conformados por campesinos,
indígenas, maestros, estudiantes, etcétera, operan con el inicial propósito de
mejorar las condiciones de vida de sus integrantes pero terminan siendo
cooptados y utilizados por caciques, empresarios, políticos, partidos y, como
hemos mencionado, por el Estado. Se truecan en grupos de choque, con prácticas
mercenarias, siempre al servicio de quienes los financia. Y el MOCRI no ha sido
la excepción.
Nació
en la primavera de 1991 y es una corriente sectaria cuyo lenguaje es la
intimidación política y la violencia. A través de la guerrilla urbana ha
buscado siempre patentes de exención para delinquir. Manipula y engaña a
familias de escasos recursos para formar un grupo de choque contra el gobierno
que, en otros tiempos, le ha dejado buenas ganancias.
Francisco
Jiménez Pablo y Erick Bautista Gómez son dos de sus más insignes regentes que
en varias ocasiones han sido puestos en prisión por asuntos de homicidio, motín
y sedición. Son dos sujetos desalmados que únicamente responden a sus más
perversas ambiciones.
Por
ejemplo, Jiménez Pablo ha participado en disturbios en la zona Altos y Selva. Y
a punta de pistola ha convertido la colonia Emiliano Zapata, en Tuxtla
Gutiérrez, en su propia fortaleza. Ninguna autoridad entra sin su permiso. Desde
ahí dirige una falange de criminales que controla ese suburbio y los aledaños (como
la colonia Capulines o Las Águilas), coaccionando a la población y promoviendo
invasiones de lotes y ataques al Estado de Derecho.
El
martes 7 de abril de 2009, Erick Bautista fue aprehendido al ser encontrado
responsable del homicidio de la señora Martha Gómez Pérez, ocurrido el 11 de
noviembre de 2008, precisamente en la colonia Emiliano Zapata. Fue detenido en
su domicilio y derivado de un dictamen de cateo se logró el aseguramiento de
diversos cartuchos calibre 45, que tenía escondidos en esa misma casa. Hoy está
libre.
El
MOCRI surgió como una agrupación campesina que abanderaba los principios de la vieja
izquierda política. De ahí pasó a invadir terrenos en los municipios de
Berriozábal y Ocozocoautla, bajo el argumento de que su lucha se basa en el
legítimo derecho de los ciudadanos a tener un lugar dónde vivir. Y,
actualmente, tiene casi tres mil invasiones nada más en la capital del estado,
y exige a las autoridades que esos predios sean regularizados a nombre de los
usurpadores.
El
MOCRI es hoy una de las organizaciones más poderosas del estado que extendió aún
más su poder en los dos sexenios pasados. Posee flotillas de taxis, colectivos,
mototaxis, retroexcavadoras, camiones de volteos, camiones de carga y
tortillerías, que logró con el consentimiento de gobernadores como Juan Sabines
Guerrero y Manuel Velasco, quienes no sólo incumplían su función de bridar
seguridad y proteger los bienes de los chiapanecos, pues también otorgaban jugosos
emolumentos a los cabecillas.
Durante
el gobierno de Sabines Guerrero hubo una división entre los integrantes de esa
agrupación criminal. Surgiendo el MOCRI-Emiliano Zapata, que se convirtió en un
cuerpo de mercenarios al servicio de la administración sabinista, un brazo
desestabilizador dispuesto a confrontar y reventar cualquier movilización, ya
sea magisterial, política o de transportistas.
El
MOCRI ha cometido asaltos, saqueos, homicidios, secuestros, como el de varios profesores
de la Sección 7 del SNTE en octubre de 2017. El 13 de mayo de 2018, se
apoderaron de 18 hectáreas de la colonia Las Brisas, en Berriozábal. Y en
diciembre del año pasado, se apropiaron de terrenos y casas de la colonia Loma
Larga, perjudicando a más de 300 habitantes. En ese criminal despojo hubo un
muerto y varios heridos de machete, quienes defendían sus propiedades.
GRACIAS
Por
todo esto es de celebrarse que el gobierno de Rutilio Escandón Cadenas haya
decidido enfrentar a esa red criminal que durante años ha robado el patrimonio
de miles de chiapanecos con la complicidad oficial del pretérito. En el arrojo
de este gobierno hay, sin duda, un impulso valiosísimo que ha ganado el
respaldo de grupos empresariales, de la clase política y, especialmente, de la
sociedad chiapaneca.
El
desalojo de ayer, donde el MOCRI se había apropiado ilegalmente de varias
hectáreas de terreno, no es un caso común y corriente, no se trata de un asunto
más en la historia policial de Chiapas. Es, fundamentalmente, una demostración eficaz
de que en esta nueva administración se hará justicia con el peso de la ley en
la mano, de que se han acabado los amplios espacios de la impunidad y de que
hay voluntad política para transformar a Chiapas.
Y
no, no es pertinente felicitar al gobernador Escandón Cadenas, sino darle las
gracias por tener la osadía de enfrentarse a ese mundo de complicidades
arraigadas. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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