No
podemos decir que estamos frente a la erosión de las instituciones. Por erosión
se entiende el desgaste lento de las piedras y la tierra. La constancia del
viento y la fiereza del agua es lo que, a lo largo de los años, va carcomiendo
poco a poco las rocas y los suelos. Eso es la erosión.
Por
tanto, lo que los tuxtlecos hemos vivido estos cinco meses es un daño veloz y
profundo al régimen institucional. En ese breve espacio de tiempo hemos
contemplado cómo se han debilitado de manera importante los órganos y los
mecanismos que permiten la sana convivencia y la estabilidad social. La
acumulación de daños en los servicios, la inestabilidad económica y el
incremento de la delincuencia revelan el desmantelamiento de esas instancias que
ha provocado el proyecto de gobierno de Carlos Morales.
Si
los procedimientos legales obstaculizan las acciones de su gestión, las ignora.
Y si los alcaldes de antes lo hicieron tan mal, para él la preparación y el
conocimiento le son irrelevantes. En su gobierno sólo tienen cabida aquellos
que estén dispuestos a obedecer sus órdenes sin ningún remilgo. Lo único que le
importa es la fidelidad al proyecto. La lealtad y la sumisión es el nuevo
mérito.
No
idealizo el pasado. Sé como cualquier otro tuxtleco que muchos gobiernos
anteriores cometieron fraudes, sometieron al Ayuntamiento a la lógica de las
cuotas y que se situaron en una condición de privilegio. No obstante, esas
arbitrariedades no se comparan con lo de hoy.
Ni
hablar de democracia y tolerancia. En la nueva administración no hay lugar para
la crítica, la imparcialidad, ni posibilidades de conformar un gobierno
transparente y metódico. La soberbia atropella la pluralidad. También arrasa
con el debate y las decisiones gubernamentales. Para la actual presidencia
municipal sólo importa la voluntad de Carlos Morales: sus caprichos, sus
anhelos, sus deseos, ni siquiera sus compromisos de campaña porque nunca los
hubo.
HOY
PEOR QUE AYER
En
el primer mensaje como alcalde de la capital chiapaneca, Carlos Morales anunció
que tendría una regencia de participación ciudadana y plural, en el que la
fuerza y la exigencia de las personas respaldarían las acciones del Gobierno
Municipal.
Pero
nada de eso hay ahora. Cuando Fernando Castellanos asumió la presidencia
municipal en octubre de 2015 una de sus primeras acciones fue instaurar el
“Jueves de Audiencia Ciudadana”, una política con la que abrió al pueblo las
puertas de su gobierno. Esos días eran auténticas fiestas democráticas donde la
gente acudía a transmitir sus demandas y era atendida por su gobernante.
Caso
opuesto a Carlos Morales que se encerró a piedra y lodo en el Palacio Municipal.
Incluso mandó a poner rejas alrededor del inmueble. ¿Dónde está ese gobierno de
participación ciudadana y plural, en el que las personas serían fundamentales
en las decisiones?
Al
contrario de la promesa, nadie que no sea de su familia o grupo de amigos
merece ser tomado en cuenta. Ni siquiera ser recibido en su despacho. Y si
alguien osa insinuar o criticar la inviabilidad de sus determinaciones, será
blanco de su escarnio y humillaciones. Regresamos a los tiempos de la
presidencia oligárquica: aquí mando yo.
“Es
necesario rescatar la credibilidad de las autoridades y dar certeza a la
palabra empeñada. Nos comprometemos a ser un gobierno honesto, eficiente y
transparente, que plantee estrategias de trabajo, que resuelva y valore sus
resultados y así actuaremos los próximos tres años”, también dijo el día que
asumió el poder.
Sin
embargo, en los pocos meses que lleva al frente de la comuna tuxtleca su
gestión no se caracteriza por ser honesta, eficiente y mucho menos
transparente.
En
la sesión de Cabildo del pasado 12 de marzo, Morales Vázquez fue cuestionado
respecto a las acciones que planea ejecutar luego de que la Secretaría de
Hacienda aprobara 158 millones de pesos como parte del Fondo de Aportaciones a
la Infraestructura Social Municipal, que es un recurso que se destina para
combatir la pobreza, la realización de obra pública, urbanización, entre otros.
“No
entiendo”, fue lo primero que respondió. Y al replanteárselo: “La verdad que no
entiendo tu pregunta. ¿Cuáles 158? Sí hay un presupuesto, el que publica y
aprueba el Congreso del Estado. ¿Cuál es éste?”, dijo.
Hace
poco Andrés Manuel López Obrador afirmó que todo presidente (o gobernante del
nivel que sea) sabe y está enterado de todo lo que pasa en su gobierno. Nada le
es ajeno. Las pillerías, abusos y corrupción de los funcionarios y sobre todo
de su familia, son de su entero conocimiento. Que sea omiso o condescendiente ante
ello es muy distinto.
Así
que Carlos Morales no puede decir que no sabe de ese dinero. Si un presidente
de la República se entera de lo que sucede en todo México, cuantimás él que
sólo “gobierna” para casi 600 mil personas. Entonces, ¿qué revelan sus
respuestas? Que el alcalde es enemigo de la transparencia, que se opone a rendirle
cuentas a la sociedad. Revelan también su inoperancia porque hasta el día de
hoy no ha dado con claridad una agenda y un plan de acciones de gobierno.
¿Cómo
dice, además, que va a recuperar la credibilidad de las autoridades si en total
opacidad pretendía firmar un contrato de arrendamiento de autos para utilizarlos
como patrullas?
De
no haber sido por la regidora Adriana Guillén, quien exigió dar instrucciones a
la Oficialía Mayor para que ese proceso se haga con transparencia, Carlos
Morales pudo haber hecho un gran negocio con recursos del Ayuntamiento en beneficio
propio.
La
crisis que enfrenta el gobierno de Morales es producto, en buena medida, de su
ambición descomunal.
En
la toma de protesta, dijo: “en la administración de Fernando Castellanos se
incurrieron en graves daños al patrimonio económico del municipio”. Denunció
que en complicidad con los sindicatos se basificó a personal de confianza con
altos sueldos, el malgasto de recursos públicos en promociones políticas de
funcionarios y que con el presupuesto municipal se hicieron grandes negocios
con los que simples empleados hoy son los nuevos millonarios de Tuxtla.
“El
que al cielo escupe, en la cara le cae”, dice un refrán. En días recientes un
grupo de empresarios del ramo farmacéutico lo acusó de no respetar los
procedimientos de licitación pública y de estar favoreciendo a una empresa por
intereses propios. Aseguran que el dueño de Laboratorios Rovisan obtuvo el
contrato para brindar sus servicios clínicos al Ayuntamiento sin haber cumplido
con lo que establece la Ley de Adquisiciones de Chiapas.
¿Cómo
sucedió esto? En primer lugar, hay una relación de amistad entre Morales y el
empresario Rafael Sánchez Zebadúa, dueño de dicha compañía y recientemente
nombrado presidente de la CANACO. Sucede que este personaje al enterarse de que
había perdido la licitación emprendió una campaña de desprestigio contra la
empresa ganadora, que misteriosamente fue obligada por las autoridades
municipales a solventar requisitos como uso de suelo, fijación de precios y
sumatoria de productos e impuestos. Pretextos para darle largas.
Ahí
aprovechó Sánchez para agregar una cláusula en la que se comprometía a realizar
un descuento adicional al firmar el contrato, mismo que es por muchos millones
de pesos. Ahora bien, señalan que la empresa beneficiada, Rovisan, no cuenta
con responsable sanitario y que sus documentos son de otro lugar. En resumen,
es un convenio que se logró a través del tráfico de influencias.
CONDENADO
AL FRACASO
Fernando
Castellanos fue un pésimo y corrupto gobernante. Mucho se dijo que su juventud
sería causa de su fracaso. Pero su gobierno comparado al de Carlos Morales, un
político viejo y añoso, podría hasta tomarse sólo como un mal día.
Porque
lo que ahora contemplamos, como no lo habíamos visto si no con Juan Sabines y
Yassir Vázquez, es la soberanía de la rapacidad y el capricho. Nada ni nadie
puede estar por encima de sus antojos. Si Morales quiere hacer de un familiar
el encargado de los dineros de los tuxtlecos, lo hace sin importarle que
carezca de experiencia y preparación. Así como hizo con su hermano Jorge
Morales, quien está detrás de los negocios turbios del Ayuntamiento.
Esto
es el despotismo de la incompetencia. Un despotismo que achaca los fracasos del
pasado para ocultar su ineptitud. Un despotismo que está convirtiendo el
Ayuntamiento en un negocio familiar. Un despotismo al costo que sea, pero un
costo que pagaremos los tuxtlecos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
si se puede publicar pueden investigarlo anexo un Link.
ResponderEliminar"Encabezaré una administración honesta para Tuxtla" Palabras de Carlos Morales Vázquez, en protesta como Presidente Constitucional Municipal de Tuxtla Gutiérrez para el periodo 2018-20
¿Por qué permite el lloron, ecoloco, carlos morales vazquez,que gente como el Lic. Gerardo Garcia LLaven acusada de corrupción y coecho laboren como Secretario particular en la Secretaria de Servicios Municipales?
https://www.proceso.com.mx/258578/siete-elementos-policiales-de-chiapas-consignados