A los cínicos de
la Antigua Grecia se les llamaba perros por la impudicia de su conducta. Libres
de todo recato, los perros cumplen sus impulsos en el lugar y en el momento que
quieren. Ninguna convención los disciplina para posponer y ocultar sus deseos.
Defecan donde les llegó la gana y no les importa si tienen público. Ese era el
ideal de los cínicos: liberar al hombre de la opresión de las costumbres,
exhibir el absurdo de los convencionalismos y burlarse de la irracionalidad de
la decencia.
Sin afán de
insultar, podríamos decir que Oswaldo Chacón Rojas es un cínico, o un perro si
es que nos ajustamos al concepto de los antiguos griegos. Porque su conducta
pública es la de un inmoral, la de alguien que no tiene el mínimo respeto por
las leyes, que le importa un comino pasar por encima de la gente si eso le deja
alguna ganancia. Igual que Diógenes, el primer perro, que solía masturbarse en
el mercado a la vista de todos, Chacón sabe perfectamente que su comportamiento
es reprobable, insultante, pero esa es su naturaleza.
Con una historia
de arbitrariedades y componendas, Chacón Rojas asumió la presidencia del
Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana los primeros días de junio de
2016. Llegó, supuestamente, a recomponer ese organismo cuyos anteriores
consejeros estuvieron involucrados en el más bochornoso fraude electoral de la
época reciente. Pero nada ha cambiado desde entonces. Son inocultables los
actos de corrupción y las complicidades de Chacón que, en los últimos días, ha
sido acusado de manipular a su favor el proceso de designación de los tres nuevos
consejeros electorales que tomarán protesta el próximo primero de junio.
UNA VIDA EN LA PODREDUMBRE
Chacón Rojas perteneció
al círculo más cercano del exgobernador Pablo Salazar Mendiguchía (2000-2006).
Fue amigo íntimo de César Chávez Castillo, alías El Barba Sucia; de Amador
Rodríguez Lozano, el funcionario que hizo el portentoso milagro de convertir
cocaína en leche en polvo, y del ex secretario de gobierno Rubén Velázquez, presuntamente
responsable de decenas de desapariciones de líderes sociales, encarcelamientos
injustificados y otros crímenes de lesa humanidad.
Para el gobierno
salazarista, que se distinguió por el sometimiento de las instituciones, la
coerción política y por inaugurar una etapa de libérrima corrupción que cerró
con el desvío de 11 mil millones de pesos del fondo de reconstrucción de los
daños provocados por el huracán Stan en 2005, Oswaldo Chacón creó leyes injustas
que enviciaron el clima social y lastimaron a los chiapanecos.
Fue durante ese deleznable
periodo gubernamental que Chacón Rojas ocupó la titularidad de la Contraloría
de la Legalidad Electoral. Entre los excesos de autoridad y actos de rapiña, en
2005 dos ex legisladores del PRD lo acusaron de actuar de manera parcial para
favorecer a su jefe político, Rubén Velázquez, quien pretendía ser candidato del
PRD al gobierno del estado.
Velázquez López ha
sido como un padre para Oswaldo Chacón, tanto así que le dio una beca para
estudiar un doctorado en Teoría Política en la Universidad Autónoma de Madrid.
De tal manera, abusando del puesto ordenó a los integrantes de la Contraloría
impedir el paso a otros perredistas que también buscaban dicha candidatura. Uno
de ellos era Emilio Zebadúa, ex oficial mayor de Rosario Robles en SEDESOL y SADATU.
Con argumentos
legaloides, obligó a Zebadúa a retirar sus espectaculares, la publicidad en la
prensa y los spots de radio y televisión. Aunque todo ese esfuerzo que hizo por
dejarle el camino libre a Rubén Velázquez fue en vano, ya que la cúpula
perredista desechó su proyecto diciendo que jamás lograría un voto y declinó a
favor de Juan Sabines Guerrero.
El 4 de abril de
2014 fue nombrado rector de la Universidad Intercultural de Chiapas. Llegó en
sustitución de Javier Álvarez Ramos, un corrupto ex funcionario sabinista.
Obtuvo la rectoría
por imposición del gobierno de Manuel Velasco Coello, pues el Consejo Directivo
de la UNICH (órgano encargado de realizar esa designación) ni siquiera fue
tomado en cuenta. Y lo primero que hizo fue someter a los sindicatos. Despidió injustificadamente
al menos 90 docentes. Cuatro meses después de haber asumido el puesto ya había
contratado a 84 personas para ocupar esas vacantes violando los estatutos del
contrato colectivo de trabajo. Hasta su abogado personal, un tal Carlos Trejo,
cobraba en la nómina de esa institución educativa.
Aparte, canceló la
carrera de Medicina con enfoque Intercultural bajo el argumento de que “los
indígenas no pueden estudiar Medicina porque no tienen la suficiente capacidad”
(sic). Así que por sus pantalones cerró esos estudios sin importarle que
hubiera alumnos en pleno curso. Esa fue la primera demostración del desprecio
que siente por los pueblos originarios. La segunda fue como presidente del
IEPC, durante el caso postelectoral de Oxchuc.
En 2015, Oswaldo
Chacón quiso cambiar el modelo educativo intercultural de la institución y para
ello pagó una fortuna a una consultoría para que elaborara una propuesta
académica según para poder pertenecer al Sistema Nacional de Educación
Intercultural. Pero todo fue un fraude. Primero porque la UNICH ya era parte de
ese sistema y, segundo, porque la supuesta propuesta académica jamás vio la
luz.
De acuerdo a
informes del Órgano de Fiscalización Superior del Congreso del Estado, Chacón
Rojas cometió un desfalco a la Universidad por más de 4 millones de pesos. Eso
derivado de una primera auditoría en la que se descubrió un faltante de 20
millones, pero le ayudaron a solventar 16. No obstante, existe otro adeudo que
supera los 35 millones de pesos, que también le ayudaron a encubrir. Cabe
mencionar que esos millones eran recursos que la gestión anterior había dejado
etiquetado para compras y la puesta en marcha del edificio de laboratorios que
nunca se realizó.
¿Por qué las
denuncias de corrupción, violación a los derechos laborales y humanos no
trascendieron? Simple. Porque Oswaldo Chacón contó con la protección de Ramón
Guzmán Leyva, el ex secretario particular de Manuel Velasco que utilizó el cargo
para subyugar a los opositores al régimen, proteger funcionarios y enriquecerse
con dinero de los chiapanecos.
Empero, lo más
lamentable en su paso como rector de la UNICH no fueron los paros laborales, ni
el acoso, ni la corrupción, ni la represión a maestros y alumnos, ni las 90
demandas por despidos injustificados. Fue el suicidio de un trabajador adscrito
al Centro de Documentación de la UNICH, a quien quisieron culpar de una cuantiosa
compra de libros que se realizó durante la gestión de Oswaldo Chacón Rojas y
que nunca llegaron a la institución.
IEPC
Su ascenso a la
presidencia del IEPC no fue por méritos, sino por tráfico de influencias y
conchupancia.
Pablo Salazar y
Rubén Velázquez fueron piezas claves en su arribo, pero principalmente César
Astudillo, ex abogado general de la UNAM con quien Chacón tiene una amistad
desde que estaban en las aulas universitarias. Fue Astudillo el que intervino
ante Lorenzo Córdova, presidente del INE, para que fuera impuesto.
Sin embargo, de
acuerdo a la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, Oswaldo
Chacón está impedido para desempeñar el puesto ya que viola la fracción que
establece que para ocupar el cargo no debió desempeñar otro puesto en la
función pública durante los cuatro años anteriores. Y la UNICH es una
dependencia descentralizada del Ejecutivo para la cual Oswaldo Chacón fue rector
hasta el 30 de junio de 2015.
No es todo. Los
chiapanecos le pagamos un sueldo mensual de 187 mil 186 pesos por un trabajo
que no hace. Y aparte de estar acusado de desvío de dinero público, acoso, nepotismo
y abuso de funciones, Chacón Rojas fue señalado durante la elección pasada de
favorecer al ex candidato priista a la gubernatura, Roberto Albores Gleason.
Por eso no es
extraño que ahora sea uno de los mayores lisonjeros del poder.
Si tras el
escándalo de la fraudulenta elección del diputado migrante, el IEPC requería de
una persona reputada, de buenos antecedentes y con autoridad moral para
recobrar la confianza ante los chiapanecos, no lo logró con Oswaldo Chacón, un
cínico que habla de respeto a la democracia cuando él mismo está manoseando el
proceso de designación para tener 3 consejeros electorales a modo.
Salió peor el
remedio que la enfermedad. O, para ser más claros, pusieron al perro a cuidar
la longaniza. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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