Ayer
hablábamos de algunos aspectos de la falta de autoridad moral de Juan Sabines
Guerrero y de su insultante pretensión de volver a gobernar Chiapas a través de
su hijo mayor. Hoy toca hablar del aberrante uso que le dio al poder durante los
seis años de su gobierno, afectando por igual los sectores social, político y económico.
LO
SOCIAL
Sabines
Guerrero no tuvo un plan de gobierno. De hecho su administración se trató en
realidad de una suma de programas absurdos y difíciles de poner en práctica,
como la construcción de un aula cada tres horas o la cobertura universal de
salud; voluntaristas otros, como el combate a la corrupción e impunidad;
destructivos algunos, como las reformas discriminatorias, arcaicas y
violatorias de los derechos humanos que realizó a la Constitución de Chiapas y que
presumió como Carta Magna Siglo XXI; disparatados otros más, como las Ciudades
Rurales Sustentables que costaron una gran fortuna y que hoy no son más que pueblos
fantasmas.
A
pesar de la enorme derrama económica que la federación otorgó al gobierno de
Sabines, no hubo justicia social. Al contrario, según el informe de 2012 del
Coneval, Chiapas ocupó el primer lugar en pobreza y pobreza extrema, con cerca
de 3 millones 800 mil pobres. Y al finalizar el sexenio hubo un total de 300
mil personas más viviendo en situación de pobreza.
Por
otro lado, surgió una ola de violencia de género en Chiapas. En el último año de
la administración sabinista se registraron 85 feminicidios, la menor de las víctimas,
de tan sólo diez años de edad, fue violada por ocho hombres y luego asesinada
por dos tratantes. Y las autoridades no hicieron nada para contener ese
fenómeno que asesinó a centenares de mujeres.
Ese
mandato terminó con un saldo de más de 33 mil muertes infantiles cada año, muchas
de ellas prevenibles y curables; escuelas en el abandono, hospitales sin medicamentos
ni personal médico, el último lugar en aprovechamiento escolar y el primero en
analfabetismo, crisis de producción agrícola, conflictos políticos y homicidios
de líderes sociales que nunca se aclararon, como el de Mariano Abarca Roblero,
acribillado a balazos.
Los
autores materiales del crimen, ligados a la empresa canadiense Blackfire, fueron
encarcelados pero a los pocos días las autoridades los pusieron en libertad. Se
dijo que Sabines Guerrero tenía intereses monetarios con dicho consorcio.
EN
LO POLÍTICO
En
el aspecto político, Juan Sabines persiguió, hostigó y encarceló a todos sus
adversarios. Como el exgobernador Pablo Salazar Mendiguchía, su mayor
benefactor, a quien acusó del delito de peculado, asociación delictuosa, entre
otras. Para ser liberado tuvo que pactar su salida con el propio Sabines, prometiéndole
que no procedería en su contra al finalizar la administración.
Una
vez en el gobierno, Sabines dominó las otras ramas del Estado, en particular
los otros dos Poderes. En el legislativo compró a todos los diputados para que
no tuviera oposición en las iniciativas de ley y en la aprobación de préstamos
de deuda pública. En el Judicial impuso a personajes como Juan Gabriel Coutiño
Gómez, quien se dedicó a encubrir los casos de corrupción y abusos contra los
funcionarios estatales y municipales. Y a ambas instituciones las utilizó para
la represión y el pago de favores políticos.
Controló
el PRI imponiendo en la dirigencia estatal a Arely Madrid Tovilla (2007) y
después a Roberto Albores Gleason (2011). En el PRD designó a Alejandro Gamboa
López y a Luis Raquel Cal y Mayor. En el PAN fue su cómplice Carlos Palomeque
Archila, quien dicen que cobraba en Palacio de Gobierno una cuota de 100 mil
pesos mensuales para entregar el partido a los intereses del sabinato. En el PT
se entendía con Amadeo Espinosa Ramos. Y antes de finalizar el periodo
gubernamental creó su propio instituto político: Chiapas Unido, del cual su
esposa Isabel Aguilera Aburto fue la primera dirigente.
Con
todo ese dominio político logró manejar a su antojo las elecciones de 2007,
2010 y 2012. Impuso a los alcaldes que le dio la gana, como Jaime Valls
Esponda, Yassir Vázquez y Samuel Toledo en Tuxtla Gutiérrez, por mencionar a los
más reconocibles. En el Congreso local, repartió los escaños entre amigos y
compadres y eligió a los que estuvieron al frente de la presidencia de la Mesa
Directiva y de la Junta de Coordinación Política. Javín Guzmán Vilchis, Arely
Madrid, Juan Aquino, José Ángel Córdova Toledo (q.e.p.d.), fueron algunos de
ellos.
Obviamente,
Juan Sabines también usó todo su poderío político para manipular órganos
autónomos y asociaciones civiles, tales como el Instituto Electoral, la
Comisión Estatal de Derechos Humanos, las distintas cámaras empresariales, los
sindicatos, las universidades y se hizo de una buena clientela de medios de
comunicación, que ocultaban sus excesos, lo defendían, difundían sus supuestas
acciones de gobierno e hicieron un culto a la personalidad del exgobernador, que
en cierto momento suspiró por la Presidencia de la República.
Quienes
se atrevieron a desafiar su poder terminaron exiliados, desaparecidos o
encarcelados, como el activista Horacio Culebro Borrayas que se opuso a la
reforma constitucional que pretendía facultar al ex mandatario para designar por
él mismo a los presidentes municipales y diputados locales bajo el pretexto de
emparejar la elección estatal con la federal.
EL
DESFALCO ECONÓMICO
Cuando
Juan Sabines asumió el gobierno, Chiapas tenía un adeudo de 881 millones de
pesos. Al finalizar, la cifra rebasaba los 40 mil millones, entre deuda pública
y con proveedores.
El
Congreso del Estado le solapó todos los préstamos que según eran para inversión
en infraestructura y para el pago de obligaciones con la iniciativa privada. Pero
no hubo obras y tampoco se saldaron las cuentas. Algunas versiones
periodísticas señalan que Sabines prestó dinero hasta con los empresarios.
Los
seis años de la administración sabinista fueron un festín del erario público,
donde políticos pobres terminaron millonarios.
Cuando
Juan Sabines vino a Chiapas en 1998 no tenía ni para mantener a su familia. Hoy
se cuenta que tiene departamentos y residencias en Cancún, Acapulco, la Ciudad
de México, Tlaxcala, Querétaro y en Estados Unidos.
Sus
colaboradores más cercanos como Nemesio Ponce, quien de ser un simple camillero
en la Ciudad de México pasó a ser dueño de departamentos en una zona exclusiva
de Polanco valuado en 12.5 millones de pesos. También tiene propiedades en
Cancún.
Su
hijo putativo, Yassir Vázquez Hernández, antes de ser parte de ese gobierno
vivía en una casa de interés social. Ahora tiene casas en Cuernavaca, en
Acapulco y Puebla.
Los
hermanos de Isabel Aguilera también sufrieron esa transformación. José María,
por ejemplo, quien vino de su natal Tlaxcala sin tener ni para comer, al formar
parte de esa horda que asaltó el patrimonio de los chiapanecos no quería ni que
lo miraran para no dañar su imagen de aristócrata.
De
hecho fue el último que abandonó el estado, según por promocionar su negocio de
venta de paneles Led y solares. Construyó una residencia en Berriozábal en cuyo
estacionamiento tenía una colección de camionetas de lujo y motocicletas
exóticas. A pesar de la gran fortuna que logró amasar se resistía a renunciar a
la Jefatura del Departamento de Locaciones del Sistema Chiapaneco de Radio,
Televisión y Cinematografía, que dejó hasta hace pocos años.
Uno
de los más importantes actos de corrupción de Sabines fue la ilegal bursatilización
de 4 mil 200 millones de pesos del erario público, invertidos en la Bolsa
Mexicana de Valores, por la que Carlos Jair Bolaños Cacho, ex secretario de
Hacienda, y la prima del ex mandatario, Mayda Guerrero, se embolsaron una
comisión de 88 millones de pesos sólo por ser intermediarios.
CONCLUSIÓN
Sí:
una paternidad bajo sospecha, una larga cadena de traiciones, un historial
delictivo y una deuda que los chiapanecos tendrán que pagar durante las
próximas tres generaciones, es la herencia de Juan Sabines.
Así,
pues, ¿cómo se atreve a querer volver al poder? Si su solo intento es una
mentada de madre para todos los chiapanecos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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