Una
noche de octubre de 2018, Carlos Morales Vázquez encabezó una reunión privada
con algunos empresarios, amigos y uno que otro funcionario del ayuntamiento. Un invitado dijo que esa junta había tomado
poco tiempo, pero en medio de mucha tensión.
El
alcalde fue arrogante, impertinente y a todos los miraba con desprecio. Les manifestó
lo que pensaba hacer con Proactiva, con Smapa, con los sindicatos, con la
ejecución de obra pública, entre otras cosas. Y se despidió diciendo: “Eso es
lo que se va a hacer. Acaten mis órdenes”.
En
ese momento, alguien le hizo ver que los planes provocarían problemas con el
Cabildo además de desconfianza con la sociedad. “Discúlpame, pero a nadie le
tengo que pedir permiso. Yo gané la elección. Los regidores pueden hacer y
decir lo que quieran, pero esto va porque va. Yo no le debo nada a nadie”,
respondió Carlos Morales.
Detrás
de esas palabras hay muchas señales inquietantes y deben ser señaladas. Tratar
con desdén incluso a sus propios colaboradores pone en entredicho la
efectividad y la legalidad de sus acciones, y su gobierno se vuelve amenazante.
Haber ganado la elección no le otorga ninguna razón. El nuevo presidente
municipal debe entender que la legitimidad no es un certificado de
autoritarismo, sino un título para ejercer el poder en beneficio de los demás.
PROPUESTAS
Y NULA RESPUESTA
En
campaña política, Carlos Morales prometió establecer un gobierno cercano a la
gente, combatir la corrupción, resolver los problemas con la empresa
recolectora de basura, acabar con los aviadores, actuar con mucha
responsabilidad y honestidad, especialmente en el ejercicio del dinero, entre
otras cosas.
¿Qué
ha sido de sus promesas? Porque en los pocos meses de llevar las riendas de la
ciudad sólo se habla de su inoperancia, incapacidad, estulticia e hipocresía. De
cambiar para seguir igual.
Lo
primero que hizo a dos días tomar el poder fue empoderarse a través de un
movimiento bajo la mesa, en el que se le otorgó facultades para efectuar y
contraer convenios y contratos a nombre del Ayuntamiento sin la necesidad de la
aprobación del cabildo, es decir, no tiene ningún contrapeso ni oposición para
hacer lo que le venga en gana.
¿Dónde
quedó entonces la promesa de crear un gobierno democrático, incluyente y
participativo?
Prometió
también una administración honesta y transparente, pero está haciendo todo lo
contrario. Morales Vázquez incluyó en su equipo de trabajo a personajes
desacreditados y de negro historial, como Gilberto Espinosa Castro, a quien
nombró Consejero Jurídico del Ayuntamiento a pesar de que éste fue despedido en
la gestión anterior por el voto de 12 de los 14 regidores, quienes lo acusaron
de incompetencia, opacidad y poca probidad, además de que supuestamente tiene
varias observaciones en la contraloría.
En
noviembre de 2018, habitantes de la colonia Flor de Mayo protestaron contra Carlos
Morales de estar encubriendo la corrupción de sus funcionarios. Acusan de que
el director de Tenencia de la Tierra Municipal, Francisco Fernando Coutiño Coutiño,
los despojó de sus casas y terrenos.
Ese
grupo de personas asegura que inició el trámite de cien escrituras durante la
administración anterior, pero que Coutiño Coutiño se niega a respetar. Y que en
complicidad con Iver Zavaleta y Carlos Pereyra, les exige cierta cantidad de dinero
en efectivo para hacer válidas las escrituras.
Y
no es el único delito de Francisco Coutiño Coutiño, pues al mismo tiempo ostenta
otro cargo como delegado del Instituto Nacional de Economía Social (Inaes) en
el estado de Tabasco, que recibió a finales de julio del año pasado.
¿Dónde
está pues el cambio si está haciendo lo mismo que Sabines, Valls, Yassir
Vázquez Hernández, Samuel Toledo y Castellanos Cal y Mayor hicieron en su
momento, encubrir y proteger a sus empleados señalados de abusos de poder?
Durante
el gobierno de Samuel Toledo Córdova Toledo se descubrió que había alrededor de
doscientos aviadores en la nómina municipal, entre familiares, amigos,
compadres y recomendados de su antecesor. Aunque Toledo anunció el despido de
toda esa gente, el número de aviadores incrementó y fue Fernando Castellanos
quien dijo esta vez que combatiría esa corrupción, y nunca hizo nada. El actual
alcalde puso el dedo en el tema estando en campaña y juró hacer una limpia de
la nómina y que de ser necesario actuaría penalmente.
Sin
embargo, la estrategia que puso en marcha Carlos Morales para “limpiar la
nómina” es una farsa.
Desde
que inició su gobierno, el presidente municipal ordenó la interrupción de
contratos, la retención de salarios y el despido de varios servidores públicos.
La justificante: la presunción de que eran aviadores. No tenía la certeza, ni
pruebas y ni siquiera pistas de que esas personas estaban realmente cobrando un
sueldo sin trabajar.
Por
eso mismo hubo una serie de protestas de parte de los sindicatos, porque a todo
esto se actuó en contra de personal sindicalizado que probó estar laborando.
Ahí el primer error. O el primer abuso de autoridad.
El
segundo fue no saber ocultar el delito. Dos meses después de asumir el cargo, Morales
Vázquez rindió un informe de actividades para presumir el reordenamiento
administrativo y el saneamiento de las finanzas públicas. Entre toda la
verborrea dijo haber reducido la nómina en un 11.4 por ciento, el equivalente a
779 personas menos.
No
obstante, personal del Ayuntamiento afirma que por cada aviador despedido hay
uno nuevo. Tal vez el costo de la nómina de trabajadores no haya incrementado,
pero sigue igual. Se dice que ahora el nuevo presidente municipal tiene a sus
compadres cobrando sueldos de hasta 20 mil pesos mensuales. Como Calígula,
Carlos Morales se inventa batallas en su imaginación para autoglorificarse. Es
un gobierno de simulación.
CASO
PROACTIVA
Hablando
de batallas falsas, está también la que Morales Vázquez lideró contra Proactiva
Medio Ambiente, S.A. de .C.V. (hoy Veolia), la empresa española recolectora de
basura que muchos daños ha provocado en las finanzas municipales y el
ecosistema.
Cuando
Carlos Morales perdió por segunda vez la elección a la presidencia municipal de
Tuxtla Gutiérrez, en 2012, el exgobernador Manuel Velasco Coello lo hizo
titular de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural, pero su
desempeño fue nulo y estuvo señalado por el presunto delito de venta de especies
exóticas y en peligro de extinción, además de acoso laboral, maltrato,
nepotismo, prepotencia, incumplimiento de funciones, despidos injustificados y
desvío de recursos públicos para fines políticos.
A
pesar a las denuncias de defensores ambientales que exigían sanciones contra Proactiva,
Morales se negó tajantemente a proceder. Nunca presentó la denuncia
correspondiente ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos
Ambientales. Lo único que hizo, como para disimular su omisión, fue promover
tres multas de 20 mil pesos cada una, durante los cinco años de su gestión.
En
la campaña electoral reciente prometió corregir el contrato, acabar con los
abusos y exigir sanciones para dicha empresa, pero actuó al revés.
No
ha tomado ninguna medida punitiva contra Proactiva pese a las pruebas del
ecocidio que ésta provoca en varios predios. Lo más condenable es que decidió seguir
pagando la misma cantidad mensual (casi 10 millones de pesos) por el mismo pésimo
servicio y sin consultar al cabildo.
Lo
realmente grave es el escandaloso rumor que hace responsable a Carlos Morales de
las amenazas contra la familia de Héctor Montesinos, quien durante diez años
mantiene un litigio contra Proactiva por la catástrofe ambiental que el derrame
de contaminantes del relleno sanitario de ese consorcio ha provocado en su predio
conocido como San Martín Mujular.
De
ser cierto ese señalamiento, se entendería que tiene valiosos intereses para
actuar a favor de esa corporación.
ARROGANTE
Que
ahora Carlos Morales Vázquez diga que no le debe nada a nadie es negar la
democracia, es despreciar a sus votantes y, principalmente, es una mentira.
Porque de no haber sido por el efecto que el presidente Andrés Manuel López
Obrador creó en el ánimo de millones de electores, él no hubiera ganado la alcaldía.
Para empezar porque ni siquiera hizo campaña.
Por
eso no es extraño verlo sin una ruta de acción, sin un plan de trabajo, pero
autoritario. Le es más fácil culpar a sus antecesores de lo que él no puede
resolver. Se refugia en las excusas para ocultar su incapacidad como
gobernante. ¡Chao!
@_MarioCaballero
Comentarios
Publicar un comentario