Siempre
que un político renuncia a su militancia hay que preguntar ¿por qué lo hace?
Como en este momento, ¿por qué César Augusto Santiago Ramírez renuncia al PRI
después de casi sesenta años de filiación y después de que ese partido le dio
todo en la vida?
Conocí
a César Augusto Santiago hace más de doce años. En un salón del hotel Camino
Real, hoy Marriot, ubicado en la zona dorada de Tuxtla Gutiérrez, donde ofreció
una conferencia de prensa en la antesala de las elecciones de 2006.
Vestía
una camisa rosa y pantalón de mezclilla azul. Los zapatos eran color café.
Usaba gafas sin armazón y llegó acompañado de dos señoritas, un joven y un
señor de aproximadamente 45 años. Su atuendo jovial y fresco cazaba con el
verdor de su cortejo. Eso aunado a su delgadez, lo hacía aparentar menor edad.
El
discurso fue breve, pero elocuente. Cada una de sus palabras fue afirmada con el
enérgico movimiento de las manos. Habló como político, como priista de la vieja
escuela: con garbo, mirando con firmeza al auditorio y exponiendo sus ideas
como si estuviera declamando el sermón de las bienaventuranzas.
Ahí,
sentado ante diez periodistas chiapanecos, presumió ser un constante lector de
filosofía y se autodefinió como intelectual. Pero al memento de pasar al
espacio de las preguntas, César Augusto perdió la compostura, su inteligencia
lo abandonó. Fue insolente, arrogante y majadero. A uno de los comunicadores le
dijo que sus preguntas eran estúpidas y a otro le gritó “¡eres un idiota!”.
Acostumbrado a que sus súbditos lo alaben, no soportó la crítica.
UN
VIL MAPACHE
César
Augusto es un abogado originario de San Cristóbal de las Casas. Estudió una
maestría en leyes en la Universidad de Harvard y por un tiempo en su juventud
fue profesor de educación primaria.
Desde
1961, hasta hace pocos días, usó la camiseta del PRI. Empezó en ese partido
como dirigente juvenil. Desempeñó los cargos de secretario general y por cinco
minutos fue presidente nacional del PRI, el 31 de agosto de 2005.
También
por esas siglas fue cinco veces diputado federal, la última por el periodo
2009-2012. En una ocasión fue legislador en la Asamblea de Representantes del
Distrito Federal. Y por sus relaciones con el poder, fue designado comisario en
la Contraloría General de la Federación, cónsul de México en Boston,
Massachusetts, subsecretario de Desarrollo Político en la Secretaría de
Gobernación y durante el gobierno de Ernesto Zedillo desempeñó el puesto de
director general adjunto de Pemex.
Con
una larga carrera en el PRI –como él dice-, conoce hasta las fallas de los
elevadores de la sede nacional. Decidió renunciar según porque “el PRI ya es
insoportable”. Es decir, quedó harto de los excesos del sexenio de Enrique Peña
Nieto y de la dirigencia de Claudia Ruiz Massieu, que se caracteriza por tomar
las decisiones sin tomar en cuenta a la militancia, tratando ejercer un poder
bastante reducido.
“No
se trata de un simple arrebato, pues tengo mucho tiempo diciendo que el PRI
equivocó el rumbo y que no tiene propuestas. Entonces, la obvia conclusión es
que me tengo que ir, para ser congruente conmigo mismo”, dijo para un medio
nacional.
Empero,
¿a qué congruencia se refiere César Augusto?
Ciertamente,
el PRI fue el partido político que construyó la patria desde las ruinas de la
Revolución Mexicana. Nos dio una Constitución Política, instituciones, un
sistema gubernamental y fue una pieza importante para el desarrollo del país.
Incluso su proyecto de gobierno fue distinguido como de los mejores y más
progresistas de América Latina, entre otras cosas, por impulsar la correcta
distribución de la riqueza, la paz interna y las buenas relaciones
internacionales.
No
obstante esos años de grandeza, los abusos de poder, la corrupción y la cultura
de los privilegios provocaron la caída del imperialismo priista, que el escritor
Mario Vargas Llosa denominó como la dictadura perfecta y el intelectual Daniel
Cosío Villegas como neoporfirismo.
Y
a ese PRI perteneció César Augusto Santiago, que fue el PRI de los fraudes
electorales, de las masacres estudiantiles de 1968 y 1971, de la devaluación de
la moneda, de la Colina del Perro, de “la caída del sistema”, de la represión
zapatista, de la matanza de Acteal, el responsable de los asesinados de Luis
Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, del efecto tequila, entre otros.
Entonces,
si César Augusto se dice un hombre congruente e ideólogo, ¿por qué no renunció
a ese PRI fraudulento y asesino? ¿O ese PRI respondía a su propia congruencia?
“Tengo
50 años en el PRI y mi trayectoria está a la vista de todos. Nunca he estado
involucrado en asuntos turbios de ningún tipo, y el hecho de haber militado en
el PRI tampoco es un estigma. Lo que he hecho, lo hice con plena convicción y
trabajé con Colosio con el mayor entusiasmo. También laboré con otros
presidentes del partido, como Mariano Palacios Alcocer o Roberto Madrazo, y no
me arrepiento de nada de lo que he hecho”, dijo.
Para
muchos, Santiago Ramírez es el mayor mapache de la historia. Alquimista,
defraudador electoral, padre del acarreo, son algunos de los apodos que ha
recibido en su larga carrera y sin que se inmute ante ellos. Dice que son
infundios, ya que nadie ha podido hasta el momento dar pruebas de sus malas
artes electorales.
Lo
cierto es que se cuenta que ha organizado, planeado y ejecutado decenas de
fraudes electorales en varios estados de la República. Con su organización
política llamada Alternativa, que fundó en 1977, realizó operativos electorales
para Roberto Madrazo, Ulises Ruiz, Fernando Ortiz Arana, Beatriz Paredes Rangel
e Ivonne Ortega. Está acusado, además, de participar en el robo de urnas,
falsificación de actas de cierre de casilla y compra de votos, especialmente en
estados como Baja California, Michoacán, Oaxaca, Quintana Roo y el Estado de
México.
UN
POLÍTICO FRACASADO
Considerado
un personaje audaz, calculador, conocedor de las entrañas de la política
nacional, y de haber sido pionero de las encuestas y muestreos electorales,
César Augusto Santiago es un político frustrado y fracasado.
Cuando
Luis Donaldo Colosio fue destapado candidato presidencial, Santiago Ramírez
afirmaba que él sería el siguiente secretario de Gobernación por tres razones
fundamentales: por la cercanía con el candidato, sus profundos conocimientos
políticos y ser el mejor abogado de México. Pero su sueño se frustró al ser
asesinado el sonorense.
Seis
años más tarde fue parte del equipo de Roberto Madrazo en su primer intento por
ser candidato presidencial, pero la designación cayó en Francisco Labastida
Ochoa, quien perdió de la manera más humillante. Meses después, César Augusto
buscó la candidatura al gobierno de Chiapas, pero tuvo que declinar a su participación
ya que el favorecido era Sami David David. A él ni lo pelaron.
Luego,
se unió al proyecto de Roberto Madrazo, quien pretendía la dirigencia nacional
del PRI. Antes de la elección interna se peleó con el aspirante y se pasó al
equipo de Beatriz Paredes, como coordinador de campaña, y perdieron.
Tiempo
después se volvió a relacionar con Madrazo Pintado, quien lo designó secretario
electoral del Comité Ejecutivo Nacional. Ergo, en la campaña presidencial de
2006, Santiago Ramírez se encargó del trabajo electoral pero con resultados
desastrosos: antes de la elección salió a anunciar cifras alegres a favor del
priista, pero quedaron en un absurdo tercer lugar.
El
4 de marzo de 2013, Comisión Federal de Electricidad designó a los nuevos
miembros de la Junta Directiva y César Augusto Santiago figuraba como abogado
general de la empresa. Sin embargo, el gobierno de Enrique Peña Nieto lo
despidió al poco tiempo. Se dice que el motivo de su despido fue que Luis
Videgaray lo encontró haciendo negocios turbios a costa de CFE.
¿ALTERNATIVA?
Ahora,
tras su salida del PRI, asegura que formará un nuevo partido político y que ya cuenta
con 90 mil simpatizantes.
¿Por
qué creerle al ex priista que su propuesta de partido vendrá a ser una mejor opción
política que el PRI? Simplemente no se puede. Sus antecedentes personales de
fraudulento y corrupto dan desconfianza sobre “Alternativa”: una organización
que durante décadas fue un apéndice que se amamantó del priismo más rapaz y abusivo.
Que
hoy repudie al Tricolor y busque crear un nuevo partido, no apunta si no a su cinismo.
Porque más allá de su senilidad y oportunismo, César Augusto Santiago renuncia cuando
ya nadie en el PRI lo toma en cuenta. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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