DESEOS PARA EL 2019



Fue en 2005. Estaba reclinado en el barandal de uno de los edificios de la universidad cuando extrañamente se me acercó un compañero de clase y me dijo: “No te parece que eso de tragarse doce uvas al toque de las doce campanadas de año nuevo es una estupidez. Yo me ahogo o las vomito”. Me reí. No tanto por el comentario, sino porque me lo dijo en agosto.

Lo de las uvas es una costumbre que se repite en algunos hogares de México. No en todos porque hay familias que el 31 de diciembre no tienen ni para comprar un pollo. Triste no le parece. Pero casi siempre que llega el año nuevo caemos en la reflexión de lo que deseamos, lo que podemos hacer y lo que muy probablemente llegará a suceder. También meditamos en lo que nos prometimos y no hicimos; en lo que dejamos de hacer y en lo que perdimos. 

Siempre he creído que quienes llevan a cabo el ritual de las doce uvas, como el de salir a la calle con maletas o ponerse calzones rojos, lo hacen más bien por divertimento que por fe. Lo digo porque no conozco a alguien que pudiera tener ese número de deseos, enunciarlos mentalmente mientras suenan las campanas y que, luego, ande por el mundo gritando que se le cumplieron. He visto, por supuesto, personas que se meten uva tras uva hasta que se les hinchan los cachetes, sin poder enunciar sus deseos y acabando por escupirlas para no atragantarse.

También me ha tocado ver a gente de mayor edad, que más que deseos lo que más anhelan es no más maldiciones. Prefieren tener dos o tres certezas durante lo que dure el año y nada más. Ellos, los que rondan los cincuenta, sesenta o más años, no se atiborran la boca de uvas, mejor se dirigen a la mesa de los tragos y se empujan dos o tres whiskies de un jalón y de espaldas a la concurrencia, como buscando alejar las amenazas del porvenir.

Aunque más allá de los deseos fallidos, esos que de alguna manera nos moldean el carácter y se convierten en frustraciones, existe eso que se llama realidad, de la que nadie puede escapar por más briago que esté. Incluso hay quienes se embriagan por hacerle caso a la realidad.

Esa se compone de nuestra vida diaria, de nuestra vida pública, la política, nuestros gobiernos, de las autoridades que pretenden regir nuestra conducta, no obstante hayan demostrado hasta la saciedad ser incapaces de regir la suya propia, y no importa el partido de su procedencia.

REALIDADES Y DESEOS

Como sea, la realidad que nos tocará ver muy posiblemente durante este año será más o menos así:

Número uno: el gobierno de López Obrador seguirá peleándose con sus críticos, insultando a los medios que no le aplauden y etiquetando a la oposición. Desde luego, en eso el presidente es bastante bueno. Desde el hit de “Ricky riquín canallín” ha estado imparable en insultos y apodos. Ahora, a los que piensan diferente los trata como neofacistas que deambulan en tiempos de canallas.

Ojalá cambiara de mentalidad. Sería formidable que el presidente de la República fuera tolerante ante la crítica, que en lugar de insultar, debata, y que en lugar de polarizar, explique. Porque si dice ser un creyente y defensor de la democracia, debe entender que ésta no sólo es electoral, sino es el mejor vehículo para garantizar los derechos a la salud, educación, vida digna y, en este caso, a la libertad de expresión y libre pensamiento.

Número dos: tal como sucedió durante el primer mes del sexenio lópezobradorista, seguiremos escuchando excusas y mentiras con las que esta administración tratará de sobrellevar las malas decisiones de gobierno, y más proyectos de infraestructura que serán productos de la ocurrencia.

Ojalá que el presidente de la República haga más caso a los razonamientos que a sus caprichos. Porque nadie hasta el momento ha podido rebatir los argumentos de José Antonio Meade que asegura con datos constantes que continuar con la terquedad de cancelar el aeropuerto de Texcoco provocará una pérdida de 145 mil millones de dólares. Otros expertos también afirman que el pago de los bonos será algo similar o incluso mayor que el costo de la obra, aunque los colaboradores de AMLO digan lo contrario.

Ojalá que rectifique en éste y otros proyectos de infraestructura que tiene planeados. Sería muchísimo mejor que él pague un costo político y no que los mexicanos paguemos miles de millones de dólares por sus caprichos. Y, ojalá, sus asesores y secretarios de Estado asuman su papel con compromiso y dejen de ser aplaudidores.

Número tres: Después de las elecciones del 1º de julio de 2018, tenemos una oposición destruida, nula, sin liderazgos, deprimente, borrada del mapa político nacional y totalmente desprestigiada. Y todo apunta que seguirá así durante este nuevo año.

Ante ello ojalá que no surjan nuevos partidos políticos, porque luego de varias décadas ha quedado confirmado que la partidocracia sólo ha servido para la acumulación de poder y riqueza de ciertos grupos, en detrimento de las finanzas públicas que financian su operación y existencia. Ya vimos cómo el PRD, PT, PVEM y Movimiento Ciudadano, que se dicen de izquierda, nunca fueron una oposición real.

Ojalá que el PAN vuelva a sus orígenes, ya que hasta antes de llegar al poder fue el único partido que logró ser una oposición combativa y firme, de ideas y propuestas, aunque como gobierno fue un fracaso. Hoy es sólo un guiñapo.

Sin embargo, la oposición esta vez puede estar en otro lado, no en los lugares de siempre. Está en los medios, en esas redes sociales que dejaron de ser benditas para López Obrador y que tiene mucho más fuerza hoy que en la campaña del año pasado. Esperemos que no se criminalicen ni se establezcan reglas a su utilización, ya que eso no sólo destruirá toda oportunidad de contrapesos al poder, también privará a la sociedad de su derecho a expresarse.

Número cuatro: la violencia en el país sigue imparable. Reportes recientes indican que hubo un aumento del 65 por ciento. Nada más el 2017 rompió record histórico en asesinatos. Además, hay más de 33 mil personas desaparecidas en todo el territorio mexicano y en la última década se han descubierto alrededor de dos mil fosas clandestinas. En una de sus conferencias matutinas, Andrés Manuel López Obrador aseguró que el nivel de muertos por la violencia es mayor, y que la cifra de homicidios llega a mil 786 tan sólo en el mes de diciembre pasado.

Ojalá que tanta mortandad se acabe y que los índices de inseguridad bajen. Y, ojalá, el presidente López tenga la capacidad para lograrlo. Nadie está convencido que la militarización del país sea la solución, pero si continúa con la creación de una Guardia Nacional esperemos que ésta no tenga un mando militar, sino civil.

Ojalá que piense en una verdadera estrategia, porque es hilarante querer combatir la delincuencia con la honestidad y los buenos ejemplos de los gobernantes. La crítica situación que vive el país no necesita de abrazos y tampoco de más balazos, sino de eficientes políticas públicas.

Todo señala que este 2019 no será aburrido. Aquí estaremos para atestiguarlo y, por qué no, para comentarlo.

PARA MAGDALENA

HERMOSÍSIMA, prima, ¿te acuerdas de Margarita, la persona que ayuda en los quehaceres del hogar a mi tía Petrona? Pues resulta que tiene más dinero que el presidente López Obrador. Hace dos años se compró un terrenito y por la cuenta de débito que abrió en el banco le dieron una tarjeta de crédito. Y AMLO, el hombre más poderoso de México, ni siquiera el viejo Jetta que usa para darse sus baños de humildad es suyo, pues está a nombre de su esposa… ENCOMIABLE la agenda legislativa que ha propuesto la diputada Rosa Elizabeth Bonilla Hidalgo. En días recientes se reunió con los titulares del Sistema DIF estatal y de Seguridad Pública. Acordó trabajar con ellos de manera armónica para alcanzar la gobernabilidad y la paz social que merece Chiapas. Del mismo modo, llevar a cabo acciones en el combate a la pobreza a través del trabajo con las familias y grupos vulnerables. No cabe duda que es una entendida de los nuevos tiempos en Chiapas, en el que el Congreso debe actuar con firmeza para el fortalecimiento del tejido social y hacer los vínculos necesarios para garantizar la seguridad y el bienestar común… EL FISCAL GENERAL Jorge Llaven Abarca ha demostrado con excelentes resultados que fue una decisión acertada su nombramiento. Ahora tiene un caso importante en sus manos, esclarecer el asesinato del activista Sinar Corzo. Pronto tendremos reportes de las investigaciones… ¡Chao!

@_MarioCaballero

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