Fue
en 2005. Estaba reclinado en el barandal de uno de los edificios de la
universidad cuando extrañamente se me acercó un compañero de clase y me dijo:
“No te parece que eso de tragarse doce uvas al toque de las doce campanadas de
año nuevo es una estupidez. Yo me ahogo o las vomito”. Me reí. No tanto por el
comentario, sino porque me lo dijo en agosto.
Lo
de las uvas es una costumbre que se repite en algunos hogares de México. No en
todos porque hay familias que el 31 de diciembre no tienen ni para comprar un
pollo. Triste no le parece. Pero casi siempre que llega el año nuevo caemos en
la reflexión de lo que deseamos, lo que podemos hacer y lo que muy
probablemente llegará a suceder. También meditamos en lo que nos prometimos y
no hicimos; en lo que dejamos de hacer y en lo que perdimos.
Siempre
he creído que quienes llevan a cabo el ritual de las doce uvas, como el de
salir a la calle con maletas o ponerse calzones rojos, lo hacen más bien por
divertimento que por fe. Lo digo porque no conozco a alguien que pudiera tener
ese número de deseos, enunciarlos mentalmente mientras suenan las campanas y
que, luego, ande por el mundo gritando que se le cumplieron. He visto, por
supuesto, personas que se meten uva tras uva hasta que se les hinchan los
cachetes, sin poder enunciar sus deseos y acabando por escupirlas para no
atragantarse.
También
me ha tocado ver a gente de mayor edad, que más que deseos lo que más anhelan es
no más maldiciones. Prefieren tener dos o tres certezas durante lo que dure el
año y nada más. Ellos, los que rondan los cincuenta, sesenta o más años, no se
atiborran la boca de uvas, mejor se dirigen a la mesa de los tragos y se
empujan dos o tres whiskies de un jalón y de espaldas a la concurrencia, como
buscando alejar las amenazas del porvenir.
Aunque
más allá de los deseos fallidos, esos que de alguna manera nos moldean el
carácter y se convierten en frustraciones, existe eso que se llama realidad, de
la que nadie puede escapar por más briago que esté. Incluso hay quienes se embriagan
por hacerle caso a la realidad.
Esa
se compone de nuestra vida diaria, de nuestra vida pública, la política,
nuestros gobiernos, de las autoridades que pretenden regir nuestra conducta, no
obstante hayan demostrado hasta la saciedad ser incapaces de regir la suya
propia, y no importa el partido de su procedencia.
REALIDADES
Y DESEOS
Como
sea, la realidad que nos tocará ver muy posiblemente durante este año será más
o menos así:
Número
uno: el gobierno de López Obrador seguirá peleándose con sus críticos,
insultando a los medios que no le aplauden y etiquetando a la oposición. Desde
luego, en eso el presidente es bastante bueno. Desde el hit de “Ricky riquín
canallín” ha estado imparable en insultos y apodos. Ahora, a los que piensan
diferente los trata como neofacistas que deambulan en tiempos de canallas.
Ojalá
cambiara de mentalidad. Sería formidable que el presidente de la República
fuera tolerante ante la crítica, que en lugar de insultar, debata, y que en
lugar de polarizar, explique. Porque si dice ser un creyente y defensor de la
democracia, debe entender que ésta no sólo es electoral, sino es el mejor
vehículo para garantizar los derechos a la salud, educación, vida digna y, en
este caso, a la libertad de expresión y libre pensamiento.
Número
dos: tal como sucedió durante el primer mes del sexenio lópezobradorista, seguiremos
escuchando excusas y mentiras con las que esta administración tratará de
sobrellevar las malas decisiones de gobierno, y más proyectos de
infraestructura que serán productos de la ocurrencia.
Ojalá
que el presidente de la República haga más caso a los razonamientos que a sus
caprichos. Porque nadie hasta el momento ha podido rebatir los argumentos de
José Antonio Meade que asegura con datos constantes que continuar con la
terquedad de cancelar el aeropuerto de Texcoco provocará una pérdida de 145 mil
millones de dólares. Otros expertos también afirman que el pago de los bonos
será algo similar o incluso mayor que el costo de la obra, aunque los colaboradores
de AMLO digan lo contrario.
Ojalá
que rectifique en éste y otros proyectos de infraestructura que tiene planeados.
Sería muchísimo mejor que él pague un costo político y no que los mexicanos
paguemos miles de millones de dólares por sus caprichos. Y, ojalá, sus asesores
y secretarios de Estado asuman su papel con compromiso y dejen de ser
aplaudidores.
Número
tres: Después de las elecciones del 1º de julio de 2018, tenemos una oposición
destruida, nula, sin liderazgos, deprimente, borrada del mapa político nacional
y totalmente desprestigiada. Y todo apunta que seguirá así durante este nuevo año.
Ante
ello ojalá que no surjan nuevos partidos políticos, porque luego de varias
décadas ha quedado confirmado que la partidocracia sólo ha servido para la
acumulación de poder y riqueza de ciertos grupos, en detrimento de las finanzas
públicas que financian su operación y existencia. Ya vimos cómo el PRD, PT, PVEM
y Movimiento Ciudadano, que se dicen de izquierda, nunca fueron una oposición
real.
Ojalá
que el PAN vuelva a sus orígenes, ya que hasta antes de llegar al poder fue el
único partido que logró ser una oposición combativa y firme, de ideas y
propuestas, aunque como gobierno fue un fracaso. Hoy es sólo un guiñapo.
Sin
embargo, la oposición esta vez puede estar en otro lado, no en los lugares de
siempre. Está en los medios, en esas redes sociales que dejaron de ser benditas
para López Obrador y que tiene mucho más fuerza hoy que en la campaña del año
pasado. Esperemos que no se criminalicen ni se establezcan reglas a su
utilización, ya que eso no sólo destruirá toda oportunidad de contrapesos al
poder, también privará a la sociedad de su derecho a expresarse.
Número
cuatro: la violencia en el país sigue imparable. Reportes recientes indican que
hubo un aumento del 65 por ciento. Nada más el 2017 rompió record histórico en
asesinatos. Además, hay más de 33 mil personas desaparecidas en todo el territorio
mexicano y en la última década se han descubierto alrededor de dos mil fosas
clandestinas. En una de sus conferencias matutinas, Andrés Manuel López Obrador
aseguró que el nivel de muertos por la violencia es mayor, y que la cifra de homicidios
llega a mil 786 tan sólo en el mes de diciembre pasado.
Ojalá
que tanta mortandad se acabe y que los índices de inseguridad bajen. Y, ojalá,
el presidente López tenga la capacidad para lograrlo. Nadie está convencido que
la militarización del país sea la solución, pero si continúa con la creación de
una Guardia Nacional esperemos que ésta no tenga un mando militar, sino civil.
Ojalá
que piense en una verdadera estrategia, porque es hilarante querer combatir la
delincuencia con la honestidad y los buenos ejemplos de los gobernantes. La crítica
situación que vive el país no necesita de abrazos y tampoco de más balazos,
sino de eficientes políticas públicas.
Todo
señala que este 2019 no será aburrido. Aquí estaremos para atestiguarlo y, por
qué no, para comentarlo.
PARA
MAGDALENA
HERMOSÍSIMA,
prima, ¿te acuerdas de Margarita, la persona que ayuda en los quehaceres del
hogar a mi tía Petrona? Pues resulta que tiene más dinero que el presidente
López Obrador. Hace dos años se compró un terrenito y por la cuenta de débito que
abrió en el banco le dieron una tarjeta de crédito. Y AMLO, el hombre más
poderoso de México, ni siquiera el viejo Jetta que usa para darse sus baños de
humildad es suyo, pues está a nombre de su esposa… ENCOMIABLE la agenda
legislativa que ha propuesto la diputada Rosa Elizabeth Bonilla Hidalgo. En
días recientes se reunió con los titulares del Sistema DIF estatal y de
Seguridad Pública. Acordó trabajar con ellos de manera armónica para alcanzar la
gobernabilidad y la paz social que merece Chiapas. Del mismo modo, llevar a
cabo acciones en el combate a la pobreza a través del trabajo con las familias
y grupos vulnerables. No cabe duda que es una entendida de los nuevos tiempos
en Chiapas, en el que el Congreso debe actuar con firmeza para el fortalecimiento
del tejido social y hacer los vínculos necesarios para garantizar la seguridad
y el bienestar común… EL FISCAL GENERAL Jorge Llaven Abarca ha demostrado con excelentes
resultados que fue una decisión acertada su nombramiento. Ahora tiene un caso
importante en sus manos, esclarecer el asesinato del activista Sinar Corzo.
Pronto tendremos reportes de las investigaciones… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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