Quien no cumple sus promesas, es porque
no conoce de lealtades. Cualquier observador atento habrá notado que a partir
del enorme, indiscutible y apabullante triunfo electoral, Andrés Manuel López Obrador
pasó de ser el candidato antiPRI y anticorrupción a ser el presidente de las
mil excusas.
En lo poco que va de su gobierno
no sólo se ha desentendido de las promesas que hizo en campaña o ha hecho todo
lo contrario a lo que ofreció. También se niega a aceptar los errores cometidos
como mandatario y a aplicar la ley a los delincuentes a quienes tanto acusó de ser
la mafia en el poder.
Antes de asumir la Presidencia
fue duramente cuestionado tras el anuncio de la Guardia Nacional y no tanto
porque eso propone militarizar el país, sino porque en campaña prometió
devolver poco a poco a las fuerzas armadas a los cuarteles. Memorable fue aquel
episodio del programa Tercer Grado que
se trasmite por Televisa, cuando AMLO retó al periodista Joaquín López-Dóriga a
que le probara si él se había comprometido a retirar al Ejército de las calles.
Inmediatamente, usuarios de
Twitter y Facebook llenaron las redes con el vídeo semanal del entonces precandidato
presidencial López Obrador en el que prometía que “no debe seguir exponiéndose
al Ejército, ni socavarlo; regresarlo en la medida que se va profesionalizando
la policía y eso nos llevará seis meses, en tanto la nueva policía federal sea
la que se haga cargo de garantizar la seguridad”. E insistió que el Ejército
“es una institución que debemos cuidar todos” porque “su encargo es defender la
soberanía nacional”.
Con la creación de la Guardia
Nacional, el tabasqueño incumplió la promesa que le hizo a los votantes y está
proponiendo que los soldados y marinos hagan tareas que le corresponden al
policía común. Incluso hay un apartado en la normatividad de esta “nueva fuerza
de seguridad pública”, que establece que las diligencias del Ministerio Público,
como los cateos en domicilios particulares por ejemplo, serán realizadas por elementos
del Ejército mexicano.
Por otro lado, es una magnífica
noticia que el gobierno federal haya decidido combatir el robo de combustibles,
que según datos oficiales arroja pérdidas para el Estado de más de 60 mil
millones de pesos al año. Y aunque la estrategia contra el huachicoleo haya
provocado un desabasto de gasolina en varios estados de la República y una psicosis
colectiva, nadie que tenga un poco de sensatez, moral y responsabilidad social
puede censurar esa buena determinación.
Pero, ¿dónde están los
responsables? ¿Quiénes han sido puestos en prisión? Porque al igual que con los
gobiernos pasados, no basta con que la secretaria de Gobernación Olga Sánchez
Cordero y Alejandro Gertz Manero, encargado de la PGR, digan que se han
iniciado una serie de investigaciones muy completas y que muchas cuentas
bancarias relacionadas con el robo de hidrocarburos han sido congeladas cuando
no han dado detalles de los detenidos, ni del número de cuentas congeladas y
mucho menos del monto de las mismas. Ver para creer, dice un refrán.
Si el gobierno de AMLO sabe que
el general Eduardo León Trauwitz (quien fue escolta del ex presidente Enrique
Peña Nieto cuando gobernó el Estado de México) fue uno de los tantos
funcionarios involucrados en el hurto de combustibles, siendo titular de la
Subdirección de Salvaguarda Estratégica de Petróleos Mexicanos, que se encarga
de la seguridad de las instalaciones, bienes y valores de la empresa, ¿por qué sólo
le congeló la cuenta de banco y no lo puso bajo arresto?
Es muy ingenuo pensar que esos
delitos se hicieran a través de transferencias bancarias o que el general León,
como el resto de huachicoleros, depositaran en el banco las ganancias del
crimen. Es de tontos. O tal vez es a nosotros a los que quieren ver la cara de
retrasados mentales, y por eso anuncian “completas” investigaciones con las que
pretenden esconder la impunidad de los malhechores.
¿DESCHAMPS
ES INOCENTE?
Eso último lleva a preguntar,
¿por qué López Obrador se niega siquiera a ordenar una investigación contra
Carlos Romero Deschamps, el eterno líder del sindicato petrolero, cuando desde
siempre ha sido señalado de corrupción y enriquecimiento ilícito?
En una de las conferencias
matutinas lo cuestionaron al respecto y dijo: “Nosotros no vamos a actuar si no
tenemos elementos, si no hay pruebas, y por lo que corresponde al gobierno no
existe una denuncia. Entiendo que haya gente que quisiera que se lo enjuiciara,
pero esto no corresponde a lo que legalmente existe, no hay de parte del Gobierno
una denuncia, pruebas. No se puede enjuiciar a nadie si no existe una denuncia
formal”.
El presidente miente. Carlos
Romero tiene denuncias por desvíos de dinero desde el año 2006. En las que se
le acusa de un daño aproximado de 5 mil millones de dólares. Y aunque Andrés
Manuel niegue que existan denuncias contra el líder sindical, hay una última que
se interpuso ante la Procuraduría General de la República en marzo de 2018.
Decir que no hay pruebas ni
denuncias contra Romero Deschamps no suena sólo a excusa, sino a protección.
Carlos Antonio Romero Deschamps
es un priista quien desde el año 1993 es dirigente del Sindicato de
Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. Su ascenso se lo debe al ex
presidente Carlos Salinas de Gortari, quien lo impuso al destituir a Joaquín
Hernández Galicia, “La Quina”, mediante un proceso criminal.
Desde entonces ha sido cinco
veces legislador, 3 veces como diputado federal y 2 como senador, todas por la
vía plurinominal. Y a lo largo de su vida ha estado envuelto en escándalos
políticos y personales. Él y su familia son acusados de enriquecimiento
ilícito, asimismo de llevar una vida licenciosa, llena de lujos y despilfarro a
costa de Pemex.
En 2000, el entonces Instituto
Federal Electoral documentó un desvío de mil 500 millones de pesos de los
fondos sindicales que fueron destinados para apoyar la campaña presidencial del
priista Francisco Labastida Ochoa. Sin embargo, Romero Deschamps utilizó sus
influencias con el poder y nada pasó en su contra. En 2003, la PGR inició el
proceso judicial por el delito de peculado electoral, pero en 2006 el proceso fue
suspendido por falta de pruebas. Y en 2011 el gobierno de Felipe Calderón
ordenó su cancelación de manera definitiva. Ese caso se conoció como el
Pemexgate.
Aparte, miembros del sindicato de
petroleros acusan a Romero Deschamps de haber obtenido beneficios millonarios a
través de las negociaciones contractuales que ha encabezado, por ejemplo, el
préstamo que le concedió Pemex en 2012 por 500 millones de pesos para un
supuesto programa de construcción de vivienda que nunca llevó a cabo.
Ahora, hay muchas pruebas o
motivos suficientes para iniciar una investigación en su contra. Digamos, lo
referente a su sueldo. De acuerdo a lo que el mismo Deschamps declaró al
Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos
Personales, gana 18 mil pesos mensuales, es decir, 216 mil pesos al año.
Entonces, ¿cómo le hizo para
comprar 3 yates, los departamentos en Miami y una costosa colección de autos
clásicos? Además, si su hijo no trabaja ¿con qué dinero instaló la empresa de
bienes raíces que opera también en Miami?
Igualmente, su familia no esconde
su fortuna. Su hija Paulina Romero, exhibe en las redes sociales, especialmente
Facebook, las fiestas y la vida de multimillonaria que se da en las principales
ciudades de Europa.
En febrero de 2013, se hizo
público que el líder petrolero le dio como regalo de cumpleaños a su hijo José
Carlos Romero Durán un automóvil Ferrari Enzo. Dicho auto está valuado en 2
millones de dólares y es de edición limitada. Autos similares a ese lo tienen
artistas como Erick Clapton o Nicolas Cage, y archimillonarios como al-Saas Al
Sabah, miembro de la realeza de Kuwaití, y el jeque Hamad Al Khalifa, príncipe
heredero de Bahrein. Y no es todo, pues tiene otros dos Ferrari.
EL
ABRIGO DE LA CORRUPCIÓN
Nadie puede llamarse a engaño. López
Obrador se ha dedicado a desdecirse, a excusarse y mentir. Prometió combatir la
corrupción y hasta el momento no hay ningún detenido de la mafia del poder,
entre ellos Carlos Romero Deschamps, a quien antes acusó de corrupto y hoy es
inocente por falta de pruebas y denuncias.
Si esa dinámica se mantiene, el
presidente está arriesgando la credibilidad de su gobierno, que puede pasar del
discurso de la Cuarta Transformación al del abrigo de la corrupción. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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