No
puede haber democracia sin prensa libre y sin defensa de los derechos humanos.
Con eso no digo nada nuevo. Pero el periodismo es tan necesario como el voto. Muestra
los hechos, contrasta las opiniones, descubre los secretos y denuncia los
abusos. En los medios están los ojos y la voz de la opinión pública. Mientras la
defensa de los derechos humanos ha contribuido en el rescate de la dignidad y del
valor de la vida de las personas.
Por
esa importancia que tiene la labor de los periodistas y activistas sociales, es
muy lamentable que desde hace dos décadas estén bajo un asedio y peligro
constante.
México
ha sido considerado el país sin guerra más peligroso del mundo para ejercer el
periodismo. De 2000 a la fecha, la organización Artículo 19 ha documentado los
homicidios de más de 120 comunicadores, en su mayoría relacionados con su actividad.
Y
de 2006 a 2018 suman 36 activistas asesinados en México. El último había sido Jesús
Javier Ramos Arreola, opositor del nuevo aeropuerto capitalino, quien fue
ejecutado en octubre del año pasado en la puerta de su casa en Tlalmanalco,
Estado de México. En vano fue la Recomendación General 25/2016 de la CNDH, que
plantea a los gobiernos locales la creación de leyes de protección a personas
defensoras de derechos humanos. Hasta el momento 22 entidades siguen sin tener
ley en la materia.
Debido
a ello, México también está considerado entre los países más peligrosos para
activistas. La organización inglesa Business & Human Rights Resource
Centre, aseguró que más de 120 defensores fueron asesinados en 2017 por
realizar campañas para proteger las tierras, el medioambiente y los derechos
laborales. También documentó 388 ataques en 2017, incluyendo golpes, amenazas,
demandas y detenciones arbitrarias, que representó un 34 por ciento más que en
2016. Los asesinatos contra activistas creció un 50% de 2016 a 2017.
¿Quién
puede ser indiferente ante esa ola de violencia y muerte?
Este
tema es muy profundo y amplio. Merece ser tratado con el debido cuidado y
comprensión. Pero, por ahora, quiero concentrarlo en el asesinato de Sinar
Corzo Esquinca, para muchos un luchador social que fue silenciado a tiros por
su incansable activismo en favor de los más desprotegidos.
¿QUIÉN
ERA SINAR CORZO?
Siendo
un constante lector de periódicos y revistas, me he enterado de la violencia que
han sufrido muchos defensores de derechos humanos. Me parece un acto de
heroísmo que algunos de ellos sigan adelante con sus movimientos a pesar de las
marcas de tortura en sus cuerpos, que son un recordatorio del peligro que
corren por su altruismo y entusiasmo. Lamento, asimismo, cuando leo que fueron
encontrados muertos después de varios días de desaparecidos o que fueron
ultimados a fuera de sus casas.
Pero
todo acaba en un reporte de nota roja y de muy poca relevancia. Cuando un
activista muere, son pocos los medios que dan a conocer el hecho. Si una
revista retoma la tragedia es bastante. Por lo regular son los periódicos
locales y dos o tres nacionales los que dan a conocer la noticia y nada más. Y
es bastante común que organismos como la CNDH, ONU y otros, emitan cada uno por
su lado un comunicado en el que se conduelen con los familiares de las víctimas
y exijan justicia.
Por
eso me parece bastante extraño la profusión mediática que ha tenido el
asesinato de Sinar Corzo. Se habla de su terrible muerte en redes sociales,
revistas políticas y en una cantidad considerable de diarios de circulación
nacional. Y no son pocos los organismos defensores de derechos humanos los que
han manifestado su repudio ante el atentado. El clamor de justicia está, sorprendentemente,
por todos lados.
Ni
cuando Maricela Escobedo Ortiz fue asesinada de un balazo en la cabeza mientras
protestaba en la Plaza Hidalgo de la ciudad de Chihuahua, hubo tanta conmoción.
Recordemos que esa mujer inició su activismo social a partir del feminicidio de
su hija Rubí Marisol, en 2008 en Ciudad Juárez, y fue reconocida por instancias
internacionales dada la objetividad de su movimiento que buscaba la detención
de Sergio Rafael Barraza Bocanegra, quien fue arrestado al confesarse autor del
crimen y después fue liberado por los jueces que lo declararon inocente por
falta de pruebas.
¿Por
qué la muerte de Corzo Esquinca ha recibido tanta atención en los medios?
Sinar
Corzo era originario de Arriaga, Chiapas, lugar donde nací. Por lo mismo tuve
la oportunidad de tratarlo algunas veces y supe mucho de él a través de amigos
y de gente que lo conoció, aunque muy pocos hablan bien de su persona. Decían que
era un revoltoso con mucha facilidad de palabra y que le gustaba ser el centro
de atención.
En
cierta ocasión, estaba haciendo antesala para entrevistar a un ex funcionario del
Gobierno del Estado cuando vi llegar a Sinar Corzo. Ni siquiera se anunció con
la secretaria, así como haría cualquiera por respeto y educación. Abrió la
puerta de la oficina y metió. En vano fueron las súplicas del servidor público
de que lo espera cinco minutos mientras terminaba de atender a las personas que
estaban con él. En fin, que las tres personas tuvieron que salir del despacho y
volver a esperar en la fila, donde habíamos cinco más aguardando a ser
atendidos.
Otro
día irrumpió en la oficina del secretario particular del presidente de la
Comisión Estatal de Derechos Humanos y se acostó en el sofá, dijo que tenía
mucho sueño y se durmió. El funcionario tuvo que atender a la gente en otro
lugar porque Sinar se negó a abandonar la comodidad de ese sillón.
Se
sabe que un activista social es aquella persona que piensa en los demás antes
que en él mismo. Y esté donde esté, haga lo que haga, no puede evitar hacer el
bien común, participar de manera activa en disputas y controversias,
especialmente las que involucren al gobierno. Sus ideales y activismo están
enfocados a realizar un cambio de índole social o política. Siempre actúan sin
pensar recibir nada a cambio. ¿Eso era Sinar Corzo?
Algunos
dicen que sí. Aseguran que se dedicaba a defender los derechos humanos de las
comunidades indígenas de Chiapas, que hacía gestiones de obra pública para
beneficio de pueblos rurales, para el cuidado del medioambiente y, entre sus
últimas acciones, se sumó a las exigencias para la reconstrucción de los daños
provocados por el terremoto de septiembre de 2017. Si fue así, lo aplaudo. Y
ojalá haya logrado algo de todo lo que se propuso en vida para el bienestar de
la gente que tanto le interesó.
No
obstante, así como él ha habido muchísima gente que logró cosas importantes
para la sociedad y que murió sin ningún reconocimiento. ¿Se acuerda de Juan
Vázquez Guzmán, José Luis Solís López, Manuel López Pérez, Rodrigo Guadalupe
Huet Gómez o de Carlos Humberto Mendoza de los Santos? Pues también ellos eran
defensores de los derechos humanos en Chiapas y todos fueron asesinados. ¿Por
qué no hubo el mismo asombro ante sus decesos como sí lo hay ahora con el de
Sinar Corzo?
POLITIZAR
ES IGUAL QUE LUCRAR
Con
lo antes dicho no quiero que se me tome con indolente ante el cruel asesinato
de Corzo Esquinca. Pues como muchos también repruebo el crimen y exijo
justicia.
Pero
quiero dejar bien en claro que por cada político deshonesto hay un periodista
que se presta. Debemos ver que detrás de la tragedia hay personas que están
lucrando políticamente con la muerte del activista. Sólo así podemos entender la
intensa campaña en los medios. Las condenas al gobierno, las enardecidas
consignas de “crimen de Estado” y las acusaciones contra algunos personajes de
la política chiapaneca, principalmente el exgobernador Manuel Velasco Coello.
Dice
un dicho que a río revuelto, ganancia de pescadores. ¿Quién gana y quién pierde
con la muerte del defensor? Pierden, obviamente, los familiares, amigos y demás
personas que tuvieron simpatía con él. También el pueblo chiapaneco que es
arrastrado por la desinformación. Digo esto último porque todos los que ahora
piden justicia, son los mismos que antes hablaban mal de la víctima a sus
espaldas.
Ganan,
por supuesto, quienes buscan sacar ganancias políticas a través del chantaje y
la presión social. Quieren enfrentar al gobernador actual con su antecesor y,
de paso, poner al mandatario Escandón Cadenas contra la espada y la pared con
el mensaje de que si no castiga a los culpables será cómplice del homicidio.
Falso.
Descanse
en paz Sinar Corzo. Y que las instituciones de justicia se encarguen de poner
cada cosa en su lugar. ¡Chao!
@_MarioCaballero
Comentarios
Publicar un comentario