Sin
lugar a dudas, estamos frente a una nueva etapa política en México, de la que
nadie puede ser ajeno a los cambios que se están produciendo desde la
Presidencia.
Mucho
hemos hablado de los números del cambio. De la cantidad de votos, los
porcentajes, los escaños en el Congreso y la reestructuración del mapa político
nacional. Y eso importa mucho porque es la base institucional de un poder que
nació sin antagonistas. Quizá es la primera vez en la historia que tenemos a un
presidente de la República imponente y legítimo, cuya superioridad obtuvo
democráticamente.
En
esta etapa la negociación con las fuerzas opositoras ya no es necesaria. Si la
nueva coalición mayoritaria se pone de acuerdo y se coordina, podrá hacer,
rehacer y deshacer cualquier ley que le dé la gana. Incluso podrá recomponer a
su gusto las instituciones. Y podrá, además, sin el mayor esfuerzo cambiar
nuestra Constitución.
Empero,
lo más relevante del cambio no está en las instituciones, sino en la manera de
entender y ejercer el poder. Si estamos de cara a una nueva etapa política no
es porque las instituciones ahora hospeden a una nueva clase política. Es
porque ese grupo entiende de modo distinto la mecánica del poder, el sentido de
la representación popular, el sitio del conflicto y los atributos del
liderazgo.
Por
eso hemos visto a Andrés Manuel López Obrador más a gusto hablando desde la
plaza pública que desde la tribuna del Congreso, donde la mayoría no sólo le es
afín, sino devota. Y desde ahí manifiesta su desconfianza en las instituciones,
que las ve como corruptoras de la voluntad del pueblo, y anuncia una intensa
política de movilizaciones.
La
etapa política de López Obrador es, literalmente, una política de enemistad,
una constante activación de las rivalidades que nos convierte en un país de
irreconciliables, que renuncia al entendimiento entre gobierno y oposición, y piensa
que el objetivo principal no es gobernar para todos, con equidad, sino derrotar
al otro.
Debido
a eso que el cambio que propone el presidente es volver a centralizar el mando
para controlarlo todo y establecer personas en los estados, llamados
superdelegados, quienes observarán, espiarán y competirán con los gobernadores,
y esa una estrategia para mermar el poder de los gobiernos locales y aniquilar
la oposición.
LOS
LOGROS DE LA CONAGO
Por
todo ello es encomiable la reunión sostenida hace unos días entre los
integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores y el presidente López
Obrador. Lo es por dos cosas. La primera por los buenos resultados obtenidos y,
segunda, por la postura ideológica y política del gobernador de Campeche
Alejandro Moreno, actual presidente de la Conago.
En
dicha reunión, AMLO acordó que los coordinadores estatales o superdelegados no
serán secretarios técnicos de los comités de seguridad en las entidades, sino
que el titular de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, nombrará a personajes
especializados. Ese, desde luego, es un logro importante para los gobernadores ya
que tener a gente del presidente tomando ese tipo de decisiones no sólo invadía
sus facultades, también reducía la eficiencia de las políticas de seguridad al
ser elaboradas por personas sin experiencia.
Ese
tema hizo que algunos mandatarios estatales confrontaran al gobierno federal.
Sin embargo, a partir de decidir que los superdelegados se encargarán
únicamente de los programas de desarrollo social hizo que se limaran asperezas
y los gobernadores y el presidente pasaran al territorio de la cordialidad y el
respeto.
Otro
de los buenos resultados fue la de instalar mesas de trabajo con los
secretarios de Hacienda, Carlos Urzúa, y de Educación Pública, Esteban
Moctezuma, que serán enfocadas en cuestiones presupuestales y buscar una
solución a los problemas del sector educativo, esto después de que López
Obrador se pronunciara también por atraer el control de la educación.
De
esta manera, los gobernadores seguirán teniendo el poder que por ley les
pertenece y tendrán la responsabilidad total de los buenos o malos resultados
en sus estados.
EL
GRAN ANTAGONISTA
Por
otro lado, el priista Alejandro Moreno Cárdenas se levanta como el gran antagonista
del poder, como un fuerte opositor del gobierno federal que apela al marco
jurídico y al buen ejercicio político para defender los derechos constitucionales
y oponerse a las decisiones erróneas de López Obrador. Al contrario del
presidente, él no recurre al insulto ni a los señalamientos falsos para exigir
respeto a la investidura.
“La
relación que tendremos con el gobierno federal será de correspondencia y no de
dependencia. Nosotros respetamos al titular del Poder Ejecutivo federal porque
es una convicción de la Conferencia Nacional de Gobernadores. En un diálogo
abierto, republicano, trabajaremos permanentemente. Y en lo que coincidamos
habremos de respaldar, y en lo que no coincidamos habremos de señalar, siempre
con firmeza y mucha claridad”, dijo Moreno Cárdenas como presidente de la
Conago.
Alejandro
Moreno, quien también estuvo mencionado para asumir la candidatura a la
Presidencia de la República, es un político hábil y de intachable reputación.
Durante lo que va de su mandato es considerado un gobernador tenaz, honesto y
perseverante, de buenos resultados y apoyado por su pueblo. Ya antes había sido
considerado para dirigir al PRI nacional, pero ahora desde la Conago puede ser
quien le lave la cara a ese desprestigiado nuevo PRI.
Hay
que poner mucha atención en las palabras del gobernador de Campeche. No son las
de un político improvisado ni las de un agachado. Son las de alguien que cree
en las instituciones y en el Estado de Derecho. Por eso se pronuncia por el
respeto al presidente, pero en un marco de reciprocidad y correspondencia.
México, que en los dos sexenios pasados se manchó de sangre por la violencia
desatada en la guerra contra el narco, lo que menos necesita son conflictos
entre el presidente y los gobernadores. Eso hay que aplaudirle a Alejandro
Moreno, quien logró establecer el ánimo de trabajar fuerte para generar certeza
y un acompañamiento de respecto y cordialidad con el Ejecutivo federal.
Pero
no hay que notar sólo su entusiasmo, sino principalmente su ideología como
político de oposición que es desde ahora. Alejandro Moreno tiene la suficiente
autoridad moral para dejar entrever que respaldará las acciones que coincida
con AMLO y que señalará en las que no. Eso, definitivamente, no habla de
revanchismos sino de congruencia política, esa que rechaza el servilismo, los
compadrazgos y el clientelismo.
Se
sabe que la Conago es un foro que busca fortalecer el federalismo mediante
mecanismos democráticos, manteniendo el respeto de las instituciones, sin
distinción de partidos e incluyente, pero su función llega hasta la
presentación de propuestas de gobierno o recomendaciones, no así la de ejecutar
políticas públicas.
No
obstante, siendo una entidad que reúne a todos los gobernadores de México, puede
convertirse en ese bastión, en esa resistencia política que se necesita en
estos tiempos en que el poder no tiene contrapesos. Y quizá sea la única
posibilidad de tener una voz que contradiga y combata como oposición, ya que
los partidos están prácticamente borrados del escenario y Morena domina con una
mayoría absoluta.
No
hay poder sin antagonistas. Alejandro Moreno tiene una responsabilidad enorme
en esta nueva etapa política, que según palabras del presidente de México no es
de reformas, pero que insiste en sugerir que está naciendo un nuevo país con
una auténtica democracia, una economía incluyente, una sociedad solidaria y una
nueva moralidad pública.
La
política mexicana tiene nuevas sedes, otro ritmo y un vocabulario diferente. La
clase gobernante y todos nosotros debemos hacer esfuerzos por entender esas
novedades, porque sólo de su entendimiento puede surgir una estrategia contra
ella. Mientras tanto, López Obrador y Alejandro Moreno se perciben como los
nuevos protagonistas del poder.
PARA
MAGDALENA
Fue
un gran acierto del rector Carlos Natarén designar a la Dra. María Eugenia
Culebro Mandujano como titular de la Secretaría General de la Unach. Es una
mujer de gran trayectoria académica, que ha dedicado largos años de su vida
profesional a la investigación y que goza de gran reconocimiento. Es seguro que
dará un aporte importante para el rescate y el prestigio de la máxima casa de
estudios de Chiapas. Le deseo la mejor de las suertes… ¡Chao!
@_MarioCaballero
Comentarios
Publicar un comentario