En
la era de la modernidad tecnológica y el avance de la comunicación, muchos se
convirtieron en expertos en todos los campos del conocimiento. Son genios que
opinan sobre cualquier tema, censuran todo, critican todo y no están de acuerdo
con casi nada. Afianzados en el derecho a la libertad de expresión, utilizan
los teléfonos inteligentes y las redes sociales para emitir sendos juicios de
aprobación o repudio.
Pero
esa legión de hombres y mujeres puede ser hasta cierto punto inofensivo y hasta
simpático, comparado con un grupo o casta de privilegiados que siempre han
vivido de nuestros impuestos, incrustados en el presupuesto pero que rehúyen de
los cargos de responsabilidad. Decidieron ufanamente llamarse “comentócratas”.
Meten su chuchara de lejitos. Para comprometerse están los demás.
Ellos
creen que nacieron para ser obedecidos, sin que nadie los contradiga de sus
veredictos. Durante décadas han cobrado generosos estipendios a través de
contratos de obra pública, de distribución, de honorarios en cuanta dependencia
descentralizada, organismo cultural, instituto educativo público, oficina de
relaciones exteriores, secretaría o despacho de gobierno. Y surgieron para
apoyar a los presidentes, esos que llegaron al poder sin un ápice de
entendimiento y cultura.
Los
comentócratas son personas que adquirieron mucho poder, pero arrastran la fama
de haber desvalijado las empresas académicas y culturales, las revistas y
periódicos. También la radio y televisión. Se presentan como investigadores e
intelectuales, pero en esencia son redactores, locutores, impresores y
periodistas orgánicos del sistema. Muchos de éstos sobreviven desde los tiempos
de Carlos Salinas de Gortari.
Ellos,
quienes desde los medios se opusieron a la cancelación del aeropuerto de
Texcoco, son los mismos que ahora encabezan el rechazo al proyecto del Tren Maya.
Argumentan un supuesto ecocidio a las áreas naturales protegidas, pero ¿dónde
estaban cuando el exgobernador priista Roberto Borge decidió vender reservas
naturales de Quintana Roo a su familia en precios de risa? ¿Por qué no dijeron
nada por los derrames petroleros en Nuevo León y Tabasco o por el derrame de 40
millones de litros de sulfato de cobre que la minera Buenavista del Cobre dejó
caer en dos afluentes importantes en el estado de Sonora, que provocó un
profundo daño al ecosistema y a las más de 20 mil personas que tomaban agua de
esos ríos? Estos son sólo tres casos que sucedieron durante los primeros años del
sexenio de Peña Nieto.
LUCES
Y SOMBRAS
Es
claro que la obra del Tren Maya tiene todavía muchas incógnitas que responder.
Pero ¿de cuándo acá Denise Dresser, Pedro Ferriz y Ricardo Alemán, por
mencionar a las figuras más reconocibles de los muchos detractores de AMLO, han
mostrado preocupación o algún tipo de interés por los recursos naturales de
México?
Dresser,
por ejemplo, es escritora y desde hace muchos años apoya los movimientos
feministas y la defensa de las mujeres, pero siempre ha estado ligada al poder.
No se recuerda una intervención de ella a favor del ecosistema. De Ferriz de
Con se sabe que le sirvió a Salinas, Zedillo, Fox y Calderón. Sólo cuando
Enrique Peña Nieto lo sacó del presupuesto fue que se hizo crítico del PRI. En
el caso de Alemán, es un periodista que muchas veces ha sido acusado de cobrar
decenas de millones de pesos con los gobiernos estatales y el federal,
especialmente priistas.
Debido
a ello y al anuncio de López Obrador de que se acabaron los privilegios para
los viejos palafreneros del poder, se entiende la postura crítica que muestran ante
las propuestas del nuevo gobierno. Aunque sus argumentos no son del todo
fiables.
Sin
duda un proyecto tan grande como el Tren Maya requiere de estudios de
factibilidad y uso de suelo, de impacto ambiental, económicos y otros. Pero
¿alguna vez nos hemos preocupado por pedir explicaciones y detalles de las
obras a los pasados mandatarios? Nunca. Entonces por qué tanto alboroto.
El
hecho de que muchos lo hagan ahora puede obedecer a la falta de entendimiento
de la nueva etapa política y a la influencia que algunos líderes de opinión y
grupos políticos ejercen sobre la sociedad mexicana. Absolutismo fenoménico lo
llaman: es creer bajo el prejuicio que alguien o algo son de determinada manera
sólo porque así lo dicen otros.
Lo
cierto es que desde hace sesenta o setenta años ningún otro presidente de la
República volteaba a ver hacia el sur del país.
El
Tren Maya consiste en la construcción de mil 500 kilómetros de vías que
enlazarán los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Uno
de los objetivos es promocionar los atractivos naturales, arqueológicos y
culturales que guardan esas cinco entidades. De tal modo que buena parte del
turismo internacional que entra por Cancún pueda internarse con mayor facilidad
a esa región olvidada de México, que históricamente es la más rezagada en
términos de proyectos de infraestructura.
Otro
objetivo es potenciar la economía de la región con una inyección de recursos
que estará acompañada de planes sociales destinados a proporcionar mayor
bienestar a las comunidades de la zona y su entorno, con servicios de agua
potable, conectividad e internet, ordenamiento urbano, corredores biológicos y
programas de reforestación.
Lo
interesante es que ese proyecto se realizará en estados como Chiapas, que posee
la tasa de pobreza más alta de todo el país, con un 77.6%, según datos de 2016
del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social
(Coneval). Tabasco y Campeche, también por debajo de la media nacional, tienen una
tasa del 50.9 y el 43.8 por ciento.
El
tren maya será utilizado para la transportación de pasajeros, pero también para
el traslado de mercancías. Aunque el costo previsto es de 150 mil millones de
pesos, la mayor parte de la inversión será del sector privado, en la que
participarán inversionistas internacionales, nacionales, ciudadanos y los
ejidatarios.
El
procedimiento para evitar malos manejos de los recursos y eficientar la
construcción, será el otorgamiento de concesiones para trenes de carga, de
pasajeros y turístico. Quienes las obtengan recibirán aparte estímulos por cada
kilómetro construido de línea férrea, al que un grupo de profesionales comprobará
la resistencia, la calidad de desplazamiento de los trenes, la velocidad, entre
otras especificaciones técnicas.
Por
otra parte, el presidente López Obrador se ha comprometido a realizar el
proyecto con estricto respeto al ecosistema, para la que la vida silvestre de
los bosques y selvas no corran ningún peligro. Pues también se utilizarán
tramos ferroviarios ya existentes.
¿QUÉ
ES CENSURABLE?
Con
esta información, ¿qué es censurable del Tren Maya? ¿Qué es una idea de López
Obrador, qué es un “capricho” que busca ser detonante del desarrollo de la
región más pobre del país, qué los empresarios que lo construirán no son los
amigos de siempre, qué se estén tomando en cuenta a los ejidatarios, qué se
haya pedido permiso a la Madre Tierra a través de un ritual de los pueblos
originarios?
Considero
que tanto la consulta popular como el ritual que dieron paso a la obra fueron
cosas innecesarias. Quizá criticables por su manejo, pero no censurables. ¿Qué
daño puede hacer que se haya dispersado un poco de humo de copal o encendido
doce velas, o puesto a silbar los caracoles, vaciar doce botellas de
aguardiente y dos litros de pozol de cacao? Nada. Es parte de un simbolismo.
Tan simple como eso.
Lo
lamentable aquí es que los detractores de AMLO estén manipulando la información
con tal de hacer ver el tren maya como una obra que afectará las reservas
naturales, las comunidades indígenas y la economía. Llamarnos a engaño.
Se
dice que detrás de los líbelos, de los micrófonos ponzoñosos, de los
periodistas y supuestos intelectuales que dirigen la campaña de desprestigio,
hay un grupo de poderosos empresarios que está gastando fuertes sumas de dinero
para impedir la realización de dicho proyecto. Son quienes de alguna forma vieron
afectados sus intereses con la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Entre
ellos Carlos Slim.
A
todo esto, hizo bien en subirse al tren maya el gobernador Rutilio Escandón Cadenas.
Solo la construcción generará empleos y una importante derrama económica para
Chiapas. Esperemos ahora que los objetivos futuros se alcancen.
Y
no sé usted, amable lector, lectora, pero a mí sí me gustaría viajar en ese
tren hasta Cancún. ¡Chao!
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