Sinceramente
me había prometido no hablar ni conjeturar profecías sobre el futuro gobierno.
No al menos por el momento. Y mucho menos comentar sus errores, fracasos y
ocurrencias, éstas últimas inútilmente anunciadas como políticas públicas. Sin
embargo, las propuestas formales que ha realizado el presidente electo en días
recientes, en parte ya leyes aprobadas, no pueden ni deben pasar inadvertidas.
Andrés
Manuel López Obrador es ineludiblemente el presidente electo más activo de la
historia. A partir de su triunfo el 1º de julio, ha ido mostrando sus cartas y
trazando el marco de su gobierno. Su estrategia para los próximos seis años
parece bastante clara. También sus dudas y debilidades, por supuesto. Y, a
decir verdad, aunque sus críticos han reforzado las razones para desconfiar de
sus apuestas, el tabasqueño sigue parado en una firme popularidad.
Líderes
de opinión, investigadores y politólogos han venido demostrando la falta de
legalidad y certidumbre de sus procedimientos, como la consulta popular sobre
el nuevo aeropuerto, pero los votantes que lo apoyaron en la elección no le han
dado la espalda. Al contrario, se les ve dispuestos a perdonarle sus yerros y
premiarle el cambio, así se trate nada más de los símbolos. A través de esa
consulta podemos darnos cuenta que tras la victoria de cancelar el proyecto de
Texcoco, su base de apoyo se ha ensanchado. Debemos entender y aceptar que
López Obrador despierta una enorme esperanza en los mexicanos.
Empero,
a contrapelo de la confianza que hay en él, los preparativos que ha hecho estos
meses para iniciar su mandato envían señales inquietantes.
Más
allá de que su gabinete esté integrado por muchos ex priistas, por gente
acusada de lavado de dinero, de tener nexos con el crimen organizado, de
dirigir grupos dedicados al secuestro o que haya estado implicada en escándalos
de corrupción, parece que AMLO se perfila a destruir el viejo e imperfecto
modelo de república federal, con sus instituciones, Estado de Derecho y
autonomía en los estados, para atraer todo el poder a un solo lugar: él.
Tener
el control de todo en su solo sitio es lo que los expertos en política llaman
República Centralista. Creo que las bases de este gobierno serán la nueva Ley
Orgánica de la Administración Pública Federal, aprobada hace pocos días por la
mayoría de Morena en el Congreso de la Unión, y la divulgada reforma
constitucional para dar al Ejército total responsabilidad y mando único en el
manejo de la seguridad pública.
El
objetivo de ambas es centralizar las decisiones, como en los tiempos de Díaz
Ordaz y Luis Echeverría. Es cuestión de tiempo, quizá, para que nuestra policía
de todos los días sea militar.
PARA
ENTENDERLO MEJOR
La
nueva ley crea la figura de los delegados federales únicos en los estados, los
“superdelegados”, que son nombrados por el presidente de la república y que le
reportan sólo a él, del mismo modo que los secretarios de Estado.
En
esencia, los superdelegados se encargarán de supervisar el uso y destino de los
recursos federales, que vienen siendo en promedio un 85 por ciento de los
ingresos estatales. Además, cada uno tendrá bajo su mando varios subdelegados
regionales, que en total serán trescientos en todo el país, tantos como el
mismo número de distritos electorales.
Admito
que el fin primigenio es encomiable: evitar a los intermediarios que siempre se
quedan con gran parte de los apoyos, porque a partir de que inicie el régimen
lopezobradorista el superdelegado y el subdelegado se responsabilizarán de que
la inversión llegue en cada lugar y a las manos de quienes la necesitan. Es,
digamos, una estrategia contra la corrupción.
No
obstante, tiene sus bemoles. Porque cada superdelegado tendrá muchas funciones
para bajar programas sociales a los estados, contarán con su propio gabinete a
nivel estatal, pues estarán facultados para nombrar representantes de cualquier
secretaria federal. Además, serán secretarios técnicos de seguridad a pesar de
carecer de conocimientos en la materia y de no haber pasado los controles de
confianza requeridos.
En
resumen: la nueva Ley de la Administración Pública Federal permitirá la
creación de un poder político, administrativo y financiero que competirá con el
poder de los gobernadores, donde los superdelegados los vigilarán, controlarán,
espiarán, formarán sus propias clientelas políticas y, paulatinamente, les
ganarán las elecciones.
Por
otro lado, modificar la Constitución para militarizar la seguridad pública
tiene una razón de peso. Ante la guerra contra los cárteles de la droga quedó
evidente la incapacidad e inoperancia de las policías estatales y de la federal
para combatirlos. Aunada la complicidad con los capos y la infiltración de
operadores del narcotráfico que tanto filtran información para sus jefes como controlan
los cuerpos policiacos a base de sobornos y dádivas.
La
creación de la Guardia Nacional busca, en parte, fortalecer la seguridad pública
con soldados y marinos que harán las funciones del policía común. También agregar
la técnica, el adiestramiento, la disciplina, la honradez y el honor de las
fuerzas armadas en el combate al crimen organizado. Acabar, pues, con la
corrupción.
Esto
implica la existencia de 266 unidades en todo el país. En sus consejos locales
estarán integrados los superdelegados y los subdelegados políticos de la
federación. Es decir: dinero y armas en un mismo lugar.
Pero
¿será bueno establecerla constitucionalmente?
La
idea de crear una Guardia Nacional no es nueva, pues ya había existido en
México. Fue creada en 1846 por el general José Mariano Salas, quien fue
presidente durante cuatro meses. De acuerdo a la Ley de la Guardia Nacional promulgada
en 1848, sus tareas eran defender la independencia de la nación, sostener las
instituciones, conservar la tranquilidad pública y hacer obedecer las leyes y
las autoridades establecidas por ellas. Algo muy parecido a lo que propone
López Obrador.
Benito
Juárez la utilizó para combatir las fuerzas externas y en contra de los
conservadores en la Guerra de Reforma, el resultado final fue la instauración
de la República. Después de eso se quedó en estado de emergencia para preservar
el orden. Quien la eliminó, no por ley sino de facto, fue el presidente
Porfirio Díaz. La decisión la tomó al ver que la Guardia Nacional era utilizada
por los gobernadores para sus propios intereses.
Por
lo tanto, dicha figura existe todavía y está contemplada en la Constitución de
1917, en la Ley del Servicio Militar y, otra vez, en la Ley Orgánica de la
Administración Pública Federal, pero no hay una ley que la sustente. Es por eso
que el presidente electo habla de legislar un marco legal que organice, regule
y establezca las funciones de dicho grupo.
Empero,
utilizar las fuerzas armadas en tareas de seguridad ha traído resultados
desastrosos, como violaciones a los derechos humanos, ejecuciones arbitrarias,
violaciones sexuales, entre otros, además de que no han conseguido reducir la
violencia en México y los homicidios siguen aumentando.
TODO
EN EL CENTRO
Como
se percibe, tanto la nueva ley como la posible creación de la Guardia Nacional,
son dos maneras complementarias de ocupación del territorio desde el centro del
país, desde la Presidencia misma. La primera es política, financiera y
administrativa; la segunda, militar y policiaca.
No
se recuerda un proyecto de centralización desde los tiempos de Díaz Ordaz, y
López Obrador tiene sin lugar a dudas la legitimidad, popularidad y el poder
para concretarlo.
No
creo que concentrar todo el poder en sí mismo sea la solución a la crisis que
enfrenta México, ni para construir un gobierno eficiente. Ojalá los que
pensamos así estemos equivocados. Y ojalá que al futuro presidente le vaya bien
en su mandato, porque a todos nos iría bien.
Las
señales son preocupantes, es cierto, pero llegó el momento de que todos le
demos el beneficio de la duda.
PARA
MAGDALENA
Fue
un éxito la Expo Chiapas Jaguar 2018. Por primera vez en la capital del país se
abrió un espacio para los artesanos, artistas y productores chiapanecos. Sin
duda un logro importante del senador Eduardo Ramírez, un hombre orgulloso de
sus raíces que se coordinó con el gobierno de la Ciudad de México y contó con
el respaldo de figuras importantes de la política nacional para mostrarle a
todo el país el enorme potencial de lo que se produce en Chiapas. Genial… ¡Chao!
@_MarioCaballero
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