Se
acabó el reality show más caro de la historia. Sí, ese que contó con el
patrocinio de OHL, Odebrecht, Televisa, TV Azteca, Grupo Higa y, por supuesto,
los mexicanos. Sí, el mismo que fue protagonizado por Enrique Peña Nieto, la
Gaviota (alias Angélica Rivera), los gobernadores, los secretarios de Estado y,
obviamente, el PRI. Sí, el que en seis años se dio el tiempo para convertir a
nuestra nación en la más corrupta de América Latina.
El
sexenio de Peña Nieto ha llegado a su fin. Y hoy lo invito a recordar los
aspectos más morbosos y marginales de la realidad de esa telenovela que quiso
llamarse gobierno:
1.
El
reality show lo comenzaron las dos televisoras más grandes de México: Televisa
y TV Azteca. Ambas empresas se encargaron de crear la imagen mediática de Peña.
Y en eso hay dos situaciones poderosas. La primera de ellas se refiere a la
contratación de diseñadores profesionales que trabajaron en hacer ver al
candidato del PRI como la cara más bonita de la política. Le enseñaron a cómo
pararse frente el público, cómo gesticular con las manos, sonreír y caminar
como todo un galán de novela.
El
segundo y más importante, habla sobre un presunto contrato millonario con la
actriz Angélica Rivera, consistente en aparecer ante las cámaras como la esposa
de Peña Nieto, acompañarlo en el proceso electoral y, en caso de ganar la
elección, ser la primera dama y estar en algunas giras del presidente. Dicen
que en dicho convenio hay una cláusula que especifica el divorcio de la todavía
pareja presidencial al finalizar el mandato.
2.
El
escándalo que marcó la administración de Peña Nieto fue el conocido como La
Casa Blanca, aquella mansión que Angélica Rivera Hurtado compró en una zona
exclusiva de la capital del país en 7 millones de dólares. La primera dama dijo
que la había adquirido con sus ganancias como actriz de telenovelas.
Sin
embargo, la investigación que dio a conocer el caso en noviembre de 2014, dio a
conocer que la casa había sido comprada al empresario Juan Armando Hinojosa
Cantú, dueño del Grupo Higa, un contratista del gobierno federal muy cercano a
Peña Nieto desde hacía muchos años, quien también le vendió una casa de
descanso a Luis Videgaray.
3.
Peña
Nieto se refirió al exgobernador de Veracruz Javier Duarte como “la nueva cara”
del PRI. Es nueva cara hoy está preso y acusado de uno de los quebrantos más
grandes en la historia de México a través de un sofisticado esquema de empresas
fantasma. De ese nuevo PRI, actualmente hay ocho gobernadores detenidos, dos
prófugos y un quebranto al erario de los mexicanos que hasta el momento no ha
podido cuantificarse.
4.
Otra
investigación descubrió que entre los años 2013 y 2014 al menos once
dependencias federales habían desviado dinero público por medio de 186 empresas
a las que se les otorgaron contratos irregulares, de esas 128 eran compañías
fantasma y el fraude se estima en 192 millones de dólares.
Entre
esos organismos públicos está PEMEX, implicado en el caso Odebrecht, SEDESOL,
la Secretaría de Agricultura, la de Educación, SEDATU, et al. Además, ocho
universidades de gobierno actuaron como intermediarias, lo que les dejó jugosas
comisiones. Los personajes principales en esa corrupción son Rosario Robles
Berlanga y, desde luego, José Antonio Meade Kuribreña, el ex candidato
presidencial del PRI.
5.
La
presidencia de Peña Nieto no sólo quedará marcada por la corrupción de sus
funcionarios, también por la excesiva violencia que fue incluso peor que la del
sexenio pasado.
De
acuerdo con informes del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad
Pública, de enero a junio del presente año se registraron casi 16 mil asesinatos,
es decir, 88.7 todos los días o 4 muertes cada hora. El 2017, hasta el momento,
se conoce como el año más violento en la historia reciente, con más de 29 mil
homicidios. Desde que inició la guerra contra el narcotráfico y hasta abril de
2018, van 250 mil 547 asesinatos, de los cuales un aproximado de 70 mil
ocurrieron durante el gobierno de Calderón.
A
todo esto, Ayotzinapa es el caso más omiso del sexenio de Peña Nieto, del que
las seis muertes y la desaparición de 43 normalistas siguen sin obtener
respuesta. Sin duda alguna, después de ese acontecimiento el gobierno peñista cayó
en una vorágine de descrédito del que nunca pudo levantarse.
6.
Finalmente,
aunado al saqueo está el excesivo gasto de Peña Nieto en publicidad. Al cumplir
el quinto año, el gasto era de más de 38 mil 247 millones de pesos. En 2017 se
aprobó un presupuesto de 3 mil 759 millones, pero Peña y sus funcionarios terminaron
ejerciendo 10 mil 593 millones de pesos. ¿Le parece excesivo? No, es más bien
repugnante.
¿QUÉ
SIGUE?
Un
adiós no basta. La corrupción, la violencia y la impunidad de este sexenio no
deberían quedar sólo como un mal recuerdo. Detrás de esa depravación quedan más
de cincuenta millones de pobres que en gran parte se están muriendo de hambre
en las comunidades apartadas de México, y un estado de putrefacción que permea
en la mayoría de las estructuras públicas. Asimismo, Peña Nieto nos está
heredando no solamente una gran deuda monetaria, también un país fragmentado,
con esperanza, pero cayéndose a pedazos.
Un
final feliz para ese reality show sería llamar a cuentas a todos los personajes
que llegaron por todo y nos dejaron nada.
Andrés
Manuel López Obrador no debería dejarlos huir con las carteras llenas. Para los
corruptos no debe haber amnistía. Intercambiar perdón por un poco de
estabilidad gubernamental, es complicidad. Es decirle a los corruptos “podeos
marchar en paz”.
LA
RESPUESTA DE JUAN SALVADOR
¿Qué
piensas acerca de la amnistía que ofrece López Obrador a criminales y corruptos?,
le pregunté al diputado morenista Juan Salvador Camacho Velasco. Su respuesta
fue precisa:
Hay
que matizar el tema de la amnistía –dice-, porque se trata de regenerar el
tejido social y no es a través de la persecución, ni del revanchismo, pero creo
que tampoco se debe omitir la responsabilidad de quienes han delinquido en
nuestro país y deben ser llamados a cuentas. Habrá casos de personas que han
sido detenidas de manera arbitraria por conflictos políticos con los gobiernos,
y ahí es donde se tiene que aplicar. Pero no con los secuestradores, con los
criminales, ni con los delincuentes de cuello blanco y los políticos corruptos.
En ese sentido, no debemos recetar la amnistía, ahí se tiene que hablar de la
aplicación de la ley.
Juan
Salvador es un político joven, de ideas frescas, que tiene una forma muy
diferente de ver y ejercer la política. Entiende que dar amnistía a
secuestradores, violadores, asesinos, extorsionadores y gente del crimen
organizado, sería omisión. Dice que ésta tiene que poner por delante la
conciliación del pueblo, no así olvidar los crímenes. “Perdonar a los políticos
corruptos a través de la amnistía no estaríamos contribuyendo a la regeneración
del tejido social, sino vulnerando el Estado de Derecho”, comenta.
-
¿No
te parece que con esto se está contradiciendo el discurso de López Obrador de
acabar con la corrupción y la impunidad?
-
Me
parece que la propuesta del presidente electo se está confundiendo. Él no está
hablando de hacer a un lado la aplicación de la ley para omitir las
responsabilidades de quienes fallaron y de quienes cometieron abusos de poder,
delitos, desvíos de recursos públicos, etcétera. Él sabe que la gente está
exigiendo justicia. Dar amnistía en estos casos estaríamos contribuyendo en
debilitar las instituciones públicas del país y eso no debe suceder. Andrés se
refiere a las causas sociales y políticas, no a las causas de los cuellos
blancos y criminales. Ha faltado, desde mi punto de vista, detallar la
propuesta.
La
postura de Camacho Velasco como diputado local es la de no tolerar y no ser
ambiguos en el sentido de perdonar a los que han causado las grandes
atrocidades de nuestro país. Cuando le pregunté sobre si AMLO debería someter a
consulta popular el perseguir los delitos previos a su administración,
contestó: “Me parece que es innecesario consultar algo que por derecho le
corresponde al presidente de la República. Simple y sencillamente es aplicar la
ley”.
Somos
muchos los que confiamos plenamente en Andrés Manuel López Obrador –continúa-.
Tiene toda la legitimidad para aplicar la ley sin ninguna consideración de por
medio, más que la de la justicia. Eso es lo que tenemos que exigir los
mexicanos que se cumpla. ¡Chao!
@MarioCaballero
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