En
las llamadas caravanas migrantes hay muchas cosas extrañas. ¿A poco no le
parece raro que los centroamericanos se estén movilizando en masa cuando
históricamente eso nunca había sucedido así? ¿Por qué esa obsesión casi
irracional de llegar a Estados Unidos a pesar de las amenazas que les ha
declarado el gobierno de ese país? ¿Por qué ese empeño de llegar caminando
hasta allá? Y, por último, ¿por qué ahora?
Caminar
miles de kilómetros a Estados Unidos me parece algo incomprensible, una autoflagelación.
Una cosa es no tener posibilidades económicas y legales de transportación, y
otra muy diferente querer exhibir la migración como algo inhumano, como
queriendo publicitar metro a metro su martirio, su infelicidad y la urgencia de
que los vean como los abandonados de Dios. Llevar el objetivo al extremo, supera
por mucho la necesidad. Provocarse el dolor es exclusivo de masoquistas.
No
niego, por supuesto, la terrible realidad en que viven millones de hondureños y
salvadoreños. En el caso de Honduras, por ejemplo, a la violencia y pobreza hay
que sumarle la crisis política que ha tensado la situación de un país
tradicionalmente pacífico y que se mantuvo relativamente ajeno a las guerras
centroamericanas de los años ochenta y noventa. Con nueve millones de
habitantes, esa nación es también en estos días un país humillado desde que
ocupa las portadas de la prensa mundial porque miles de personas se han unido
para gritarle al mundo que vivir ahí es vivir en el infierno.
VIVIR
EN EL INFIERNO
Honduras
es el segundo país más pobre del continente después de Haití, donde seis de
cada diez personas viven en pobreza y cuatro en pobreza extrema, quienes ni
siquiera pueden comer una sola vez al día. La tasa de empleo informal alcanza
un 70.7%, del cual 3.6 millones de personas conforma la población
económicamente activa. Sufren la presión fiscal más alta de la región y las
compañías de luz, agua y gas cobran como si el servicio que prestaran fuera de
primer mundo. Eso en un lugar con más de cinco millones de pobres.
Hasta
el 2016, tenía sólo dos ciudades, San Pedro Sula y Tegucigalpa, que están
clasificadas entre los cinco lugares más peligrosos del mundo, con 112 y 85
asesinatos por cada 100 mil habitantes respectivamente. Un dato escalofriante
es el que reporta la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, que señala
que en el último año las solicitudes de refugio de centroamericanos en México
aumentaron en un mil por ciento, es decir, que la gente no emigra, huye.
La
Mara Salvatrucha, la pandilla Barrio 18 y otras agrupaciones criminales
convirtieron a Honduras en una importante base de operaciones de traslado de
cocaína, marihuana, heroína, metanfetaminas e ingredientes químicos.
¿Se
acuerda de aquel golpe de Estado de 2009 en Honduras que apartó de la
presidencia a Manuel Zelaya, quien fue expulsado por la noche y en pijama a
Costa Rica? Pues de ese clamor popular de justicia ya no queda nada, pues la
derecha política ha logrado perpetuarse en el poder de la peor manera. En las
últimas elecciones, el presidente Juan Orlando Hernández logró reelegirse en
medio de denuncias de fraude y protestas en las calles que dejaron decenas de
muertos y cientos de heridos.
No
hay que olvidar que las diez familias más ricas de Honduras se han adueñado de
la vida política del país durante los últimos treinta años.
En
resumen, la crisis económica y política, la corrupción, la discriminación, la
segregación, la pobreza, las pandillas, la criminalidad y la inseguridad pudieron
ser motivos suficientes para crear las condiciones para la formación de la
caravana migrante, pero esta formación difícilmente hubiera podido darse como
resultado de una acción espontánea. Juntar 14 mil hombres, mujeres, niños y
ancianos tuvo que requerir de un trabajo preliminar, un plan y mucho dinero.
¿DONALD
TRUMP?
Pongamos
atención en lo siguiente: se estima que cada día unos 300 catrachos abandonan
su país de manera irregular, pero nunca antes se había visto una caravana
migrante tan bien organizada, disciplinada y sincronizada para que unos 14 mil
migrantes (en su mayoría hondureños) se aproximaran a la frontera de Estados
Unidos justamente el día de las elecciones intermedias de ese país, en las que
se elegirán legisladores y gobernadores. Eso indica que en el fondo hay
intereses políticos. ¿Pero quién está detrás?
Algo
más, ¿cómo es que 14 mil personas caminando en terrenos montañosos, en
condiciones climáticas desfavorables, se atrevan a resistir las inclemencias
naturales cuando además tienen ancianos que cuidar y bebés en brazos? Sin duda
todos necesitan comer, satisfacer sus necesidades básicas, bañarse, tener
atención médica. Y, desde luego, debe haber una autoridad para imponer el
orden, reagrupar a los miembros de la caravana, organizar los descansos,
distribuir las obligaciones, etcétera. Obviamente quien se dedica a ese trabajo
pide una recompensa. ¿Quién o quiénes les pagan a esos líderes?
Sumado
a eso no hay que soslayar que cuando la primera caravana llegó a Huixtla,
decenas de chiapanecos les regalaron comida, ropa, calzado y medicamentos, pero
cuando los migrantes se fueron dejaron comida podrida, zapatos en buen estado y
montones de ropa regada en las calles. Una persona en verdad necesitada no
desperdicia nada. Eso indica que no necesitan ninguna ayuda, porque tienen
recursos. ¿Quién los está financiando?
Muchos
dicen que Donald Trump está detrás de esa masa de gente. No lo creo.
Es
cierto que Trump le debe gran parte de su triunfo electoral al discurso racista
y antimigrante, a exacerbar el coraje de los estadunidenses contra los latinos,
y que esta caravana le da la mejor de las coartadas para enardecer los miedos y
los prejuicios de los votantes, justo cuando hoy se celebra un plebiscito que renovará
las legislaturas y las gubernaturas y, además, pone a prueba su presidencia. Pensar
que todo es parte de una estrategia política desde la Casa Blanca no está
descabellado, pero me parece ilógico.
La
caravana migrante no está a favor, sino en contra de Donald Trump. ¿Por qué? Si
el presidente cumple la amenaza de usar la fuerza para impedir que los
centroamericanos crucen la frontera, los demócratas lo convertirán en un
tirano, en un déspota represivo, cruel, y les facilitaría destituirlo del
poder. En caso contrario, al decidir no usar la fuerza, sus partidarios y
votantes blancos lo calificarán como un presidente débil e incapaz de cumplir
su mandato constitucional de proteger la frontera norteamericana. Está contra
la espada y la pared.
¿A
QUIÉN LE SIGUEN EL JUEGO?
Por
otro lado, el uso de los migrantes como una nueva forma de hacer revoluciones
es una técnica diseñada por los globalizadores, como George Soros, el magnate
que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra el 16 de septiembre de 1992,
episodio llamado miércoles negro.
Soros
es un húngaro de origen judío. Una de las personas más ricas del mundo. Es
partidario del neoliberalismo y, a su vez, del intervencionismo estatal, es
decir, controlar el gobierno de los países a través de las crisis económicas. Siempre
le han apetecido las revoluciones. Aboga por la desaparición de las fronteras,
la eliminación de la soberanía nacional, la creación de un gobierno único en el
mundo y la imposición de leyes universales.
Muchos
medios de comunicación han tratado de esconder el nombre de este personaje, y
presentan la caravana como una protesta de pobres, de desamparados hondureños,
de jóvenes homosexuales que están escapando de la violencia de su país. Incluso
hay quienes la han adornado con motivos católicos para compararla con el
viacrucis de Jesús.
“Negar
un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue
siendo un hecho”, escribió Isaac Asimov, y eso es lo que está pasando con la
caravana migrante que según el diario La Tribuna está organizada por un grupo
llamado Pueblo Sin Fronteras, cuyo uno de los líderes, Rodrigo Abeja, dirige la
caravana.
Y
resulta que Pueblo Sin Fronteras es una ONG que está financiada por la
Fundación Sociedad Abierta (OSF), de George Soros, quien en septiembre de 2016
se comprometió a invertir hasta 500 millones de dólares en programas que “beneficien”
a los migrantes. Y no es sólo él.
Así
que no sea llamado a engaño. Los miles de migrantes no son personas humildes en
busca de esperanza, sino carne de cañón, parte de un juego de intereses
políticos que nos rebasan a todos. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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