Un
fracaso no se improvisa, apuntó el escritor Joan Fuster. Ese sentimiento de que
en Tuxtla Gutiérrez vivimos al borde del precipicio es resultado del
irresponsable manejo del poder. La crisis económica, la falta de empleos, la
pésima condición de las calles y el mal funcionamiento de los servicios
públicos no es un asunto de la casualidad, sino de deliberada intención.
Desde
la presidencia municipal de Juan Sabines Guerrero hasta la de Samuel Toledo la
capital de Chiapas se cubrió de una gruesa manta de complicidades, y no hubo
palabras suficientes para describirla y condenarla. La decadencia de la ciudad fue
tan grave en esos años que hasta se pensó que habíamos llegado a un punto donde
nada podía ser peor. Nos equivocamos.
La
“administración” (entiéndase el uso de las comillas) de Fernando Castellanos
Cal y Mayor demostró que la corrupción de los gobiernos anteriores no había
sido suficiente para cimbrar las estructuras del privilegio, ya que en ese
trienio mientras miles de familias vivían en la exclusión, la clase gobernante
municipal se regodeaba en la opulencia, en el despilfarro, en los lujos.
A
eso hay que sumarle el incremento de la deuda, los despidos injustificados, el
aviadurismo y el enriquecimiento repentino de algunos funcionarios del
Ayuntamiento. No hay que soslayar que se desvió dinero de las arcas municipales
para utilizarlos en fines políticos. Sin duda fue una etapa en que también se
dejó de cumplir con el pago de salarios y prestaciones a los trabajadores, y todo
por satisfacer intereses de poderosos empresarios.
ALGO
SOBRE EL CAOS
Octavio
Paz, no el poeta sino el intelectual, dijo: “Ningún pueblo cree en su gobierno.
A lo sumo, los pueblos están resignados”. Ante la evidente ruina, Fernando
Castellanos pedía a gritos a la ciudadanía que le creyera que en Tuxtla había avances
en el sector salud, en la generación de empleos, en el desarrollo económico y,
especialmente, en seguridad.
Castellanos
Cal y Mayor asumió la alcaldía en octubre de 2015, y en el primer año de su
gestión el Instituto Mexicano de la Competitividad dio a conocer que de 74
ciudades evaluadas, Tuxtla Gutiérrez fue la peor calificada en los 10
subíndices que componen el Índice de Competitividad Urbana (ICU), que tiene que
ver con temas como el medio ambiente, políticas públicas, gobierno, economía y otros.
De
acuerdo a ese informe, Tuxtla pasó del lugar 13 al 74 en cuanto a seguridad, es
decir, al último lugar. Se detalló que durante el gobierno verdecologista se
triplicó el robo a negocios, que derivó en la fuga de capitales y en la pérdida
de miles de empleos. Sin embargo, Fernando Castellanos recibió en noviembre de
2016 el Certificado de Comunidad Segura de parte del Instituto Cisalva de Cali,
Colombia, cuya reputación está en tela de juicio por los rumores que dicen que dicho
organismo vende los certificados por la cantidad de cincuenta mil pesos.
Abundemos, entre abril y junio de
2016 se registraron 498 robos con violencia en Tuxtla Gutiérrez, que equivalió
al 36.86% del total denunciado en todo Chiapas. Lo grave es que la tasa
nacional del mismo delito fue en su momento de 34.38%, y el de la “Comunidad
Segura” de 80.17 por ciento, incluso mayor que la de 2015 que fue de 71.59.
Ante
el fracaso de la estrategia de seguridad, la sociedad tuxtleca tomó en sus
manos el tema y comenzó a organizarse por brigadas en muchas colonias de la
ciudad. Por eso vemos todavía algunas lonas colgadas con la leyenda “si te
atrapamos robando, te linchamos. Atentamente los vecinos”. Eso por sí solo habló
del vacío de poder, de la ingobernabilidad y de una regencia en la simulación.
ALGUNOS
CULPABLES
Frente
a la anarquía que significó el gobierno anterior, Fernando Castellanos no fue
el único culpable del caos y tampoco el único beneficiado en la rapiña, pues
entre los funcionarios que promovieron la inestabilidad social y la corrupción
desde sus respectivos puestos estuvo la contadora María Cristina Palomeque
Rincón, ex tesorera municipal y persona de todas las confianzas del alcalde
Castellanos.
La
contadora Palomeque tiene fama de ser hábil en el manejo del dinero. También de
ser una mujer poderosa y millonaria que cuenta con amistades importantes entre
los altos mandos del PRI. Se dice que abusando de su autoridad incluyó en el
padrón de proveedores del Ayuntamiento sus empresas personales y las de su
familia.
En
muchas ocasiones los demás proveedores denunciaron que Palomeque Rincón les exigía
el diezmo a cambio de pagarles sus facturas. Si se negaban simplemente no les
pagaba o les daba largas. El alcalde lo supo y no hizo nada por remediar el
abuso. Por otro lado, se habla de que en la inmensa fortuna de la ex tesorera
se haya ranchos ganaderos, residencias, salones de fiesta y una cuenta millonaria.
Otro
de los grandes beneficiados fue Raúl Castillejos Acuña, quien antes de ser
secretario particular de Castellanos Cal y Mayor era un servidor público mediocre,
pero cuando abandonó el cargo presumía su riqueza y las propiedades que obtuvo
a través de pactos en lo oscurito. ¿Por qué muchas de las demandas sociales
nunca obtuvieron respuesta en los pasados tres años? Simple, porque el mencionado
secretario se encargó de obstaculizarlas y desechar las que para él no eran
redituables económicamente.
Veamos.
Se comenta que Raúl Castillejos estafaba a los constructores pidiéndoles un moche
en efectivo a cambio de contratos de obra pública. De esos negocios proviene su
actual riqueza que nunca ha tratado de esconder. Cierto día –cuentan- embrutecido
por el alcohol, dijo que una de sus camionetas marca Porsche Cayenne (que vale alrededor
de un millón quinientos mil pesos) se la regaló un empresario en agradecimiento
a su apoyo en la gestión de un contrato de obra.
Varios
medios de comunicación revelaron que Castillejos Acuña posee un rancho, tres casas
que superan los nueve millones de pesos, además de varios automóviles de lujo. Aparte,
se le acusó de prepotencia, del desvío de recursos públicos, de pagar para que
golpearan a periodistas críticos al régimen y de acosar sexualmente a las
secretarias.
Créame
que la corrupción encabezada por estos dos personajes tan sólo es la punta del
iceberg. Hace algunos días, en estas mismas páginas traté de mostrar el fraude cometido
en Smapa y con el que supuestamente Castellanos Cal y Mayor pagó parte de su
desbordante campaña política a la gubernatura. Ese fraude está cuantificado en
más de 650 millones de pesos.
¿Qué
tanto dinero fue robado en el gobierno de Fernando Castellanos?
SÓLO
UN TÍTERE
A
mediados de 2017, una fuente de Letras Desnudas confesó que al finalizar una
reunión de Cabildo un jefe de departamento se le acercó al alcalde para solicitarle
recursos para la compra de materiales y equipos de trabajo. Ese dinero no
requería la autorización del Cabildo, así que Castellanos Cal y Mayor le firmó
la solicitud. Pero el entonces regidor Felipe Granda Pastrana le dijo al
presidente que esos recursos no se entregarían. Y, ciertamente, no se
entregaron.
Ese
es tan solo un ejemplo de que Fernando Castellanos obedecía las órdenes de un
grupo de empresarios locales, quienes ordenaban qué obras hacer, cuándo y a
quiénes les tenían que ser asignadas, y si es que en verdad se hicieron. Como
sea terminaron más ricos de lo que antes eran, y con dinero del pueblo. A la
sazón, ¿quién gobernó Tuxtla realmente?
Empero,
al final de cuentas el responsable de todo el caos se llama Fernando
Castellanos; de que muchos funcionarios se enriquecieran con el dinero de los
tuxtlecos, también es Fernando Castellanos quien los solopó; de que la deuda
pública haya incrementado en los últimos años, también; de igual manera de los
problemas con el alumbrado, el agua potable, el alcantarillado y la basura. Y
no nos olvidemos de la crisis de inseguridad, de la proliferación de cantinas
en el primer cuadro de la ciudad y de la prostitución que se ejerció de día y
noche en las calles del centro de Tuxtla Gutiérrez.
Hoy,
la culpa de que no haya dinero para pagar los sueldos y los aguinaldos de los
trabajadores del Ayuntamiento recae ineludiblemente en Castellanos Cal y Mayor,
quien queriendo ser gobernador del estado terminó convirtiéndose en el peor
presidente municipal que hayan tenido los tuxtlecos en la historia reciente.
Un
fracaso no se improvisa, escribió Fuster. Por todo esto el gobierno morenista
tiene un doble compromiso: gobernar bien y procurar que se haga justicia. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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