La
siguiente pregunta va para quien la quiera responder: el cambio de régimen que
los futuros gobernantes morenistas han prometido, ¿se logrará retomando las
viejas prácticas políticas, incluyendo en los gabinetes de gobierno a la misma
gente corrupta y desprestigiada de ayer, apostándole a un mejor porvenir pero
sin dejar fuera del poder a todos aquellos que propiciaron el desastre?
Ese
cuestionamiento surge a partir de que se sabe que algunos exgobernadores de
Chiapas están buscando seducir al gobernador electo Rutilio Escandón Cadenas para
ser tomados en cuenta en la estructura gubernamental. Lamentablemente,
sorprende que estén siendo apoyados por Pío López Obrador, hermano de Andrés Manuel,
quien fue visto en días recientes sentado con ellos en una fiesta en San
Cristóbal de las Casas, donde hubo trescientos invitados muy selectos.
No
importa la arista por la que queramos ver el asunto, seguir consintiendo a esos
personajes para que sus hijos y familiares continúen haciendo jugosos negocios
con el erario de los chiapanecos e influyan en las decisiones, sólo representa
un gran salto al pasado.
Veámoslo
de este modo. Cuando en abril de 2016 el Congreso brasileño votó por la
destitución de la presidenta Dilma Roussef, el entonces diputado Jair Bolsonaro
dedicó su voto al coronel que lo torturó cuando tenía 19 años. Con esa acción,
el militar convertido en político quiso dejar en claro la fuente de su
inspiración. No olvidemos que el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra,
fallecido en 2015, fue responsabilizado de la tortura, desaparición y muerte de
cientos de disidentes en tiempos de la dictadura. Y el legislador, con su voto,
le rindió un homenaje.
Ahora
que Bolsonaro es quien muy probablemente se convierta en presidente de Brasil,
su ideal no puede ser de ninguna manera la democratización de la democracia,
tampoco la inclusión popular y obviamente no es la lucha contra las élites,
sino la militarización de la sociedad. Y eso lo podemos saber desde cuando
demostró devoción por el torturador.
En
ese ejemplo, los brasileños están a punto de cometer otro error que les puede
costar más años de crisis financiera e inestabilidad gubernamental. Peor
todavía, ser gobernados por un fascista que en sus discursos propugna revivir
el edificante espectáculo del fusilamiento: “hay que fusilar a los opositores
del Partido del Trabajo, hay que fusilar a los delincuentes, hay que fusilar a
los inmorales”, ha dicho. Los héroes matan, ha declarado su compañero de
fórmula reafirmando la convicción de que la violencia es el mejor y único medio
para lograr la sana gobernanza.
Aquí
en Chiapas, por el contrario, la sociedad votó por Rutilio Escandón Cadenas quien
además de ser parte de un tsunami político que arrasó en las elecciones del 1º
de julio proponiendo la honestidad y el apego a la ley ante el combate a la
corrupción y la impunidad, es considerado un político de amplia experiencia en la
administración pública, responsable en el manejo del poder, de buen carácter y
humilde. Sin embargo, en sus manos está no traer los viejos ideales al
presente, esos con los que los exgobernadores hicieron de Chiapas un lugar de
castigo y miseria.
ESTO
PUEDE PASAR
Entre
esos ex mandatarios que se niegan a vivir fuera del poder está Jorge de la Vega
Domínguez, viejo priista quien fue electo gobernador de Chiapas para el periodo
1976-1982, pero que abandonó el cargo tan sólo un año después de haber iniciado
su administración. En diciembre de 1977, el ex presidente José López Portillo
lo nombró titular de la Secretaría de Comercio. ¿Qué podría pasar si es
incluido en el mando?
En
el corto tiempo que ejerció el poder en el estado estableció un reinado de
terror que se recuerda por la represión y los crímenes de lesa humanidad. Como
el ocurrido el 10 de junio de 1977, cuando De la Vega Domínguez ordenó el
desalojo de una plantación en el municipio Simojovel que había sido invadida
por campesinos y familias humildes.
Los
agentes que envío el exgobernador quemaron casas, golpearon a hombres, mujeres
y niños. También se reportaron violaciones sexuales. De ese brutal
acontecimiento resultaron varios homicidios, y hasta hay testimonios de los
agredidos que vieron que desde los helicópteros militares lanzaron los cuerpos.
Hoy,
Jorge de la Vega tiene 87 años de edad y es dueño de una fortuna incalculable.
Seguramente el priista ni siquiera se acuerda de lo ocurrido en la plantación
Chanival hace 41 años, y no por senilidad sino por cinismo. A pesar de que
desde hace décadas no desempeña un cargo público, vive del presupuesto a través
de sus familiares a los que mediante pactos políticos logró incrustar en cada uno
de los anteriores gobiernos. Eso le ha permitido ganar cuotas de poder y mucho dinero.
Por eso se jacta de que Chiapas es de su propiedad, su “ranchito” como él tanto
dice.
Su
hija Katina de la Vega Grajales es quizá el ejemplo más representativo del
influyentismo, corrupción, complicidades y de las negociaciones políticas que De
la Vega Domínguez ha realizado con los pasados gobernadores.
Puede
decirse que Katina es hoy en día una de las mujeres más poderosas y acaudaladas
de Chiapas. Durante más de veinte años ha ocupado diferentes cargos en el
gabinete legal y ha sido empresaria al mismo tiempo. Se presume que ha
participado en el saqueo, los malos manejos del poder y que su riqueza proviene
de los negocios directos e indirectos con el gobierno.
Ha
trabajado con el exgobernador Roberto Albores Guillén, Pablo Salazar
Mendiguchía y Juan Sabines Guerrero. Con ellos fue secretaria de Estado, o
directora general de alguna dependencia o consejera, siempre siendo juez y
parte, combinando la administración pública con los negocios personales, acrecentando
su riqueza de la peor manera y con total impunidad.
Sin
embargo, si tiene tantos años como funcionaria en regímenes corruptos, como prestadora
de servicios y empresaria de la construcción, ¿por qué nunca ha sido
investigada y ni se la han fincado delitos? Simple, por la influencia de su
señor padre. ¿Lo duda?
Cuando
Albores Guillén termina su periodo de gobierno casi la mitad de su gabinete fue
encarcelado. En contraste, Katina de la Vega que también fue parte de esa
gestión gozó de reconocimiento público durante la administración de Pablo
Salazar, quien pactó con Dela Vega Domínguez.
Años
más tarde, Mariano Herrán Salvatti, quien fue el brazo ejecutor de Salazar
Mendiguchía y zar antidroga con el presidente Ernesto Zedillo, fue puesto en
prisión acusado de lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, organización
delictuosa, entre otros. Incluso Pablo fue encarcelado por peculado. ¿Y Katina?
Bien gracias, disfrutando de los privilegios que Juan Sabines le otorgó según
porque ella fue pieza importante para el encarcelamiento de Salazar. No
olvidemos que Jorge de la Vega fue fundamental en el triunfo electoral de
Sabines Guerrero en 2006.
Más
claro ni el agua. De la Vega ha convertido a Chiapas en su feudo y quiere que
así permanezca por seis años más. No es el único, pues también Salazar, Sabines
y hasta Ruiz Ferro buscan tener parte en el control del poder.
¿QUÉ
MÁS PUEDE PASAR?
Nadie
puede ser llamado a engaño. Quien piense que esos exgobernadores quieren
ejercer el poder tras bambalinas para recuperar la paz y la estabilidad del
estado, está muy equivocado. ¿En qué pueden influir ex gobernantes corruptos
como Salazar y Sabines, o Jorge de la Vega que ni vive en Chiapas pero que
vuelve cada vez que hay elecciones, o Ruiz Ferro que está acusado de ser el
autor intelectual de la matanza de Acteal?
No
hay aquí la ocasión de construir un gobierno eficiente que utilice la
experiencia de los ex mandatarios para la elaboración de buenas políticas
públicas, porque cuando ellos tuvieron la oportunidad para hacerlo la
desaprovecharon. Lo que hay es una amenaza a continuar manteniendo a unas
cuantas familias que durante años el poder sólo les ha servido para una cosa:
enriquecerse.
Las
crisis de los gobiernos han venido siempre por alimentar deleznables ideales.
Mal haría el futuro gobernador Escandón Cadenas en permitir que se incrusten en
su gobierno. Estaría desacreditándose y defraudando la confianza de quienes
votaron por él pensando en un cambio, en una nueva etapa política para el
estado, en la que el poder se ejerza de manera distinta, para lograr el bien
común y democratizar las oportunidades. Debe tener cuidado de no reciclar el
poder. ¡Chao!
@_MarioCaballero
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