Jorge
Ibargüengoitia afirmaba que a los héroes les conviene crearse a sí mismos un
rasgo que los distinga y facilite convertirlos en estatuas. Por ejemplo,
Morelos es “el del pañuelo en la cabeza”, y el Pípila, cuyo rostro todo mundo
desconoce, adquiere identidad por la inmensa piedra que carga en la espalda.
Uno de nuestros héroes más importantes, Benito Juárez, comparece en parques,
calles y rotondas, en piedra o en bronce, con peinado permanente de raya al
lado y semblante serio. Se levanta como el imperturbable de nuestra difícil
historia.
Pero
no creo ver nunca un monumento en honor a Victoriano Huerta, Porfirio Díaz,
Gustavo Díaz Ordaz o José de León Toral, personajes importantes de México que más
allá de haberse fabricado una imagen, como Huerta vestido con su lujoso traje
militar adornado de condecoraciones en el pecho y espada en el cinto, sus
acciones impiden que sean homenajeados en perpetuas esculturas de cantera.
Para
no ir más lejos, dudo mucho ver algún día en la esquina de un parque aunque sea
un pequeño monolito con la cara de Patrocinio González Blanco Garrido. Para
muchos sólo mencionarlo es motivo de indignación o miedo. Lo que hay escrito
sobre él en la prensa lo muestran como un exgobernador déspota y sanguinario. Y
hace pocos días tuve la ocasión de entrevistarlo y me dio una versión distinta
a la que todos sabemos.
Don
Patrocinio González vive en una hermosa residencia en Tuxtla Gutiérrez, con su
enorme portón verde, altos muros pintados por dentro y por fuera en color
blanco y un patio lleno de plantas y árboles que le dan a uno la sensación de
estar en un bosque tranquilo. Toda la casa en su interior es modesta, nada de
lujos ni excentricidades, pero sí está llena de mucha luz natural. Es grande,
sí. También bonita. Sin embargo, no tiene ese toque excesivo y presuntuoso como
el que acostumbran muchos hombres poderosos.
Él
me recibió en la puerta principal. Bienvenido, dijo. Nos acomodamos en una mesa
de jardín situada en el corredor que da al patio. Llevaba puesto unos cómodos
zapatos negros, camisa de cuadros y pantalón azul marino. Su rostro, apacible y
de buen temple, me dio la apariencia de tener menos años de los 84 que ha
vivido entre buenas y malas experiencias.
Ante
ese talante despreocupado, pregunté: ¿cómo se siente, Don Patrocinio, después
de 25 años de haber dejado el gobierno del estado, qué Chiapas nos dejó?
Se
apoyó en el respaldo de la silla, y dijo: “Me siento bien. Porque creo que
dejamos a un Chiapas que vivía en razonable armonía mediante el “imperio de la
ley”. O sea, la vigencia del orden jurídico hacía que las diferencias y los
conflictos tuvieran un cauce. Dejamos reestablecida la educación a pesar de que
cuando recibí el gobierno el conflicto magisterial llevaba diez años. También
reestructuramos la Universidad Autónoma de Chiapas con un mejor marco legal
para acabar con la serie de corruptelas y desviaciones que ahí existían, además
de que era la universidad que tenía mayor número de computadoras por alumno en
el país. En verdad es muy difícil autocalificarse, pero yo creo que mi gobierno
ha sido de los menos malos”.
-
Ese
imperio de la ley que usted menciona, ¿no fue cacería política, represión
gubernamental?
-
Mira,
yo tuve el índice más bajo de ciudadanos en las cárceles de toda la República.
Hubieron menos presos por habitante en Chiapas que en cualquier otro estado.
¿Quiénes estuvieron presos? Los que se la merecían. Llámale represión, pero,
por ejemplo, el delito de despojo: cien campesinos o indígenas invadían un
rancho y cometían el delito, los agarraban y los metían a la cárcel. ¿Qué hice?
Reformé la ley para establecer el principio de autoría intelectual: “A ver,
hijito, ¿por qué te metiste? Es que fulano me dijo”, y ese era el líder que
nunca se metía. Íbamos por él, lo encarcelábamos y soltábamos a los cien
campesinos.
Continúa:
“Ora, entre más grande es el callo, más duele el pisotón. Definitivamente sí
afectamos intereses que después revivieron y que se han dedicado a cuestionar
nuestra gestión. Y te puedo decir una cosa: no hay un solo caso en el que
puedan señalarnos de que manipulamos la ley para encarcelar a un inocente. Es
más cuando yo salí del gobierno después del rompimiento con el presidente
Carlos Salinas, mandaron a hacer una auditoría judicial con tres magistrados
federales que revisaron todos los expedientes para ver cuál agarraban para
colgarme, y no agarraron ni una. Entonces sí aplicamos la ley, sí acabó la
impunidad y no hubo recomendados”. Eso es lo que realmente ocurrió.
Hay
organismos defensores de derechos humanos que acusan a su gobierno de asesinar
a líderes campesinos como Sebastián Pérez Núñez y Arturo Albores Velasco,
dirigentes de la CIOAC y OCEZ respectivamente. ¿Qué puede, usted, decir al
respecto? -pregunté.
“Vamos
a ubicarnos en la realidad, Mario. Sí hubo asesinatos en ese sexenio, pero ¿por
qué me atribuyen esas muertes? Para hacer una imputación como esas se tendría
que acreditar. Para empezar hay que saber qué conflicto tuvieron esos líderes
campesinos conmigo, cuándo nos confrontamos, qué factor de inseguridad
constituyeron para mi gobierno. Porque tiene que haber una razón. Pero no hubo
tal amenaza de ellos para mí, nunca, porque mi gobierno era muy fuerte. Tuvimos
un gran respaldo de la gente y una estructura política muy sólida. No sentí en
ningún momento riesgo a la estabilidad social, ni que ninguna persona o grupo
fuera un factor de desestabilización”, respondió categórico.
Don
Patrocino González gobernó el estado de Chiapas del 8 de diciembre de 1988 al 4
de enero de 1993. Su salida se debió a la invitación que el expresidente Carlos
Salinas le hizo para hacerse cargo de la Secretaría de Gobernación. Pero antes
de irse a la Ciudad de México su administración se vio manchada por una ola de
homicidios de homosexuales. Se supo de 15, aunque hay quienes aseguran que
fueron muchos más.
Algunos
medios de comunicación y activistas señalaron que el entonces jefe de la
policía, Ignacio Flores Montiel, subordinado del exmandatario, fue quien ejecutó
los asesinatos.
-
Ignacio
Flores Montiel fue acusado de esos homicidios de homosexuales –dice-. Mariano
Herrán lo detuvo en la Ciudad de México al margen de la ley, lo subió a un
avión, lo trajo aquí (Tuxtla Gutiérrez) y lo sujetó a proceso. En el proceso la
justicia federal lo declaró inocente. ¿Por qué? Porque los testigos declararon
en qué oficina y a qué hora Don Ignacio había dado la orden de matar a los
homosexuales. Dos testigos, todo acreditado.
En
el proceso se probó –sigue contando el exgobernador- que esa nunca fue la
oficina de Don Ignacio y en esa fecha y hora él ya no era jefe de la policía. Después
la Comisión de Derechos Humanos emitió una resolución acreditando que se habían
violado todos los derechos de Don Ignacio. El que sí fue a la cárcel fue
Mariano Herrán, entre otras cosas, por una fortuna multimillonaria que nunca
pudo explicar de dónde venía.
Así
que yo no creo que haya sido válido hacerle una acusación como esa a Don
Ignacio, quien por cierto murió en condiciones de muy limitada capacidad
económica, concluye.
OTROS
TEMAS, OTRAS HISTORIAS
La
charla fue acompañada de un rico café. El suave viento refrescaba nuestro
entorno a pesar de que el día estaba bochornoso. Ahí, rodeados de árboles, mientras
Don Patrocinio González estaba inclinado sobre aquella redonda mesa de cristal
y con los pies cruzados debajo de la silla, pregunté: ¿qué puede decirme del
gobernador electo Rutilio Escandón Cadenas?
-
Yo
creo en los abogados. Quien conoce la teoría general del Estado está en mayor
aptitud y capacidad de conducir la acción de gobierno sin andar inventando
figuras e instituciones. Él es un hombre serio, de mucho compromiso contra la
corrupción y la frivolidad, y muy decidido a asumir una actitud republicana en
el gobierno. Quiero creer en él porque Chiapas necesita un respiro, encontrar
un nuevo cauce, un nuevo cambio, paz y progreso.
Ahí,
en esa enorme casa de paredes blancas, Don Patrocinio me aseguró que él no será
parte ni del gobierno de AMLO ni del Doctor Rutilio Escandón, a pesar de la
amistad que tiene con ellos. Terminamos con eso y con una afectuosa despedida.
Así
que amable lector, lectora, lo invito a formarse una opinión a partir de la
versión de quien vivió el gobierno conocido como el imperio de la ley, la de Don
Patrocinio González, quizá el más polémico y enigmático de los gobernadores de
Chiapas. ¡Chao!
@_MarioCaballero

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